Los centros de datos impulsan la economía de EE.UU. y suman un punto al PIB en 2025, según Goldman y la Oficina del Censo

La construcción de centros de datos ya supone el 52 % del gasto privado en oficinas y ha añadido al menos un punto al crecimiento del PIB en 2025. Las grandes tecnológicas financian con su caja libre una carrera que puede acelerar las oportunidades de las constructoras y energéti

Los centros de datos se han convertido en una de las industrias más silenciosas y, al mismo tiempo, más determinantes del crecimiento económico de Estados Unidos. En 2025 aportaron al menos un punto al PIB y ya representan el 2,3% de toda la inversión en construcción del país, según Goldman Sachs y la Oficina del Censo.

Una inyección de un punto en el PIB y un dominio absoluto en la construcción

La Apollo Academy publicó en mayo de 2025 un análisis que señalaba que la construcción de centros de datos había añadido un punto porcentual completo al crecimiento del PIB estadounidense solo en el primer trimestre de aquel año. Un empujón que Goldman Sachs cuantificó para el conjunto del ejercicio en una contribución cercana al 0,2 % del PIB total, lo que en una economía de 32 billones de dólares equivale a unos 64.000 millones de dólares.

La Oficina del Censo de Estados Unidos ha proporcionado la radiografía más detallada de esta fiebre constructiva. La inversión en centros de datos alcanzó una tasa anual ajustada estacionalmente (SAAR) de 50.700 millones de dólares en abril de 2026, una cifra que supera por sí misma al gasto en construcción de oficinas tradicionales, que se quedó en 43.800 millones en el mismo período.

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Si se observa el total del gasto privado en construcción de oficinas —que asciende a 97.400 millones SAAR—, los centros de datos acaparan ya más del 52 %. En otras palabras, si la construcción de estos edificios se frenase de golpe, la mitad del sector de oficinas desaparecería.

Empleo local, ‘hyperscalers’ y la ventaja de no depender del crédito

Un informe de Brookings correspondiente a mayo de 2026 arrojó luz sobre el impacto local: los condados estadounidenses que recibieron su primer gran centro de datos vieron aumentar el empleo privado entre un 4 % y un 5 % en los cinco a seis años posteriores. El empleo en construcción creció un 11 % y los puestos de tecnología de la información, un 22 %. Los salarios, aunque moderados, registraron subidas de entre el 3 % y el 4 %, sin que se detectase un repunte significativo en el precio de la vivienda. No obstante, el mismo estudio matizó que la creación neta de empleo es unas tres veces inferior a la que promociona la industria, una señal de que los beneficios, aunque reales, tienen un límite.

La clave de que este sector sea casi inmune a los elevados costes de materiales o de financiación la ofreció Anirban Basu, economista jefe de Associated Builders and Contractors: «La mayor parte de la inversión se financia con el flujo de caja libre de los hyperscalers —proveedores de nube como Google, Microsoft o Amazon—, que persiguen desesperadamente el dominio global en inteligencia artificial». Esta autonomía financiera otorga a la construcción de centros de datos una resiliencia de la que carecen otros segmentos del ladrillo.

La construcción de centros de datos no solo está redefiniendo el skyline de las afueras de Virginia o de Texas: está reescribiendo el manual del crecimiento económico estadounidense del siglo XXI.

La Lógica de Washington

Lo que está pasando en el sector de los centros de datos va mucho más allá de una burbuja constructiva. Washington —y, en particular, la actual administración— interpreta la ventaja en inteligencia artificial como un imperativo de seguridad nacional. No se trata solo de entrenar los modelos más potentes, sino de albergar la infraestructura que los hace funcionar, y de mantenerla dentro de las fronteras estadounidenses.

La apuesta por los centros de datos bebe de la misma tradición que llevó al gobierno a impulsar los ferrocarriles transcontinentales en el siglo XIX o la red de autopistas interestatales en los años cincuenta: inversiones masivas en infraestructura con un retorno económico y geopolítico a largo plazo. En la era de la IA, la nube es el nuevo ferrocarril, y quien controle sus estaciones, controlará los flujos de información y poder.

Para España, esta fiebre inversora abre una ventana de oportunidad notable. Las constructoras Ferrovial, ACS y Acciona, ya con implantación en Estados Unidos, están bien posicionadas para hacerse con contratos de edificación e ingeniería. Al mismo tiempo, la sed energética de estos centros —cada uno puede consumir tanta electricidad como una ciudad pequeña— dispara la demanda de energías renovables, donde Iberdrola, a través de su filial Avangrid, es ya uno de los principales desarrolladores eólicos y solares del noreste del país. No obstante, el riesgo es real: si el boom se desinfla por un exceso de capacidad o por un cambio tecnológico, las consecuencias serían severas, tanto en Estados Unidos como para los proveedores que dependan de él.

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Ficha del Caso

  • El caso: La construcción de centros de datos se ha convertido en un motor macroeconómico que suma puntos al PIB de Estados Unidos y reconfigura la inversión privada en oficinas. Detrás está el flujo de caja de los grandes proveedores de nube.
  • Datos clave: +1 p.p. en el crecimiento del PIB en Q1 2025 (Apollo), 0,2 % del PIB total en 2025 (Goldman), 50.700 M$ SAAR en inversión (Oficina del Censo), 52 % del gasto privado en oficinas.
  • Para España: Oportunidad para constructoras como Ferrovial, ACS o Acciona y para energéticas como Iberdrola, que pueden aprovechar contratos y demanda renovable, aunque el exceso de capacidad supone un riesgo a vigilar.