EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El comisario europeo de Deportes, Glenn Micallef, ha advertido que Bruselas abrirá una investigación antimonopolio sobre la nueva empresa de la FIFA, FIFA Forward Enterprise, que planea vender el 20% por 20.000 millones de dólares a inversores liderados por Thrive Eternal, de Joshua Kushner.
- ¿Quién está detrás? La Comisión Europea, a través de su Dirección General de Competencia, tras las quejas de la UEFA, la CONCATAF y el Congreso estadounidense, investiga si la FIFA viola las normas de competencia al mezclar funciones reguladoras e intereses comerciales.
- ¿Qué impacto tiene? La amenaza de Bruselas podría bloquear el acuerdo antes de que se vote en septiembre, afectando al reparto de fondos a las federaciones —especialmente a las de la UE— y al modelo de financiación de la Copa Mundial de 2030, en la que España es coanfitriona.
La Comisión Europea ha lanzado este miércoles una advertencia contundente a la FIFA: abrirá una investigación antimonopolio por el plan de Gianni Infantino de vender una participación de su nueva filial comercial, FIFA Forward Enterprise, a inversores privados. El movimiento de Bruselas, verbalizado por el comisario de Deportes Glenn Micallef, se suma a una creciente oposición internacional que incluye a la UEFA, la CONCATAF, el Gobierno británico y el Congreso de Estados Unidos.
El organismo con sede en Zúrich, sin ánimo de lucro, quiere ceder alrededor del 20% de esa entidad a un vehículo de inversión llamado Thrive Eternal, dirigido por Joshua Kushner —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump—, en una operación valorada en 20.000 millones de dólares (unos 17.500 millones de euros). Las negociaciones, adelantó Financial Times, están ya avanzadas.
La FIFA busca 20.000 millones de dólares a cambio del 20% de sus derechos comerciales
La idea de Infantino, esbozada en una carta enviada a las 211 federaciones miembro el martes, es crear una sociedad —FIFA Forward Enterprise— que gestione todos los derechos comerciales y audiovisuales del organismo, incluidos los de la Copa Mundial masculina. La inyección de capital privado serviría, según el presidente, para «democratizar el fútbol a nivel mundial» y elevar el presupuesto de desarrollo de los 4.000 millones actuales a 10.000 millones en el próximo ciclo.
Los números que maneja la FIFA son ambiciosos. Cada federación recibiría un pago único de 20 millones de dólares y sus asignaciones anuales pasarían de 2 a 5 millones. La propuesta, no obstante, está condicionada a una votación por mayoría simple de las asociaciones nacionales antes del 19 de septiembre y, posteriormente, a la aprobación del Consejo de la FIFA. Si el plan es rechazado, no habrá aumento de fondos.
El acuerdo con Thrive Eternal, firma ligada al entorno de la Administración Trump, ha encendido las alarmas políticas. Los demócratas del Comité Judicial de la Cámara de Representantes de EE. UU. hablan de un «hat trick de sobornos» y recuerdan que Infantino ya concedió a Donald Trump un «Premio de la Paz de la FIFA» en diciembre y alquiló oficinas en la Torre Trump de Nueva York.
La UE acusa a la FIFA de ‘corrosiva comercialización’ y abre la puerta a una investigación antimonopolio
La reacción de Bruselas ha sido inmediata y particularmente dura. «. «La implacable comercialización del fútbol se ha vuelto corrosiva. Está amenazando los pilares que hicieron del fútbol el deporte más popular del mundo».
El comisario maltés fue más allá al señalar que el plan «plantea profundas dudas sobre la gobernanza, la independencia y los conflictos de intereses» y que «el momento en que las competencias reguladoras de la FIFA se alineen con los intereses económicos de entidades privadas» justifica un escrutinio en virtud de las normas de competencia de la UE. La Comisión Europea tiene potestad para investigar y sancionar acuerdos que puedan restringir la competencia en el mercado interior, con base en el artículo 101 del TFUE.
La UEFA, con 55 federaciones europeas, y la CONCATAF, que representa a 41 países de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, ya han expresado su «profunda preocupación». Ambas critican la falta de consulta previa y la opacidad del proceso. «Ninguno de nosotros somos dueños del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo», subrayó el organismo europeo en un comunicado, mientras que la CONCATAF denunció «la falta del debido proceso». Juntas, estas dos confederaciones agrupan casi la mitad de los votos en la FIFA.
La amenaza de Bruselas no es una mera declaración: la Comisión Europea podría bloquear el acuerdo si demuestra que la FIFA abusa de su posición dominante al mezclar regulación y negocio privado.
Las críticas también han llegado desde el Reino Unido. El nuevo primer ministro, Andy Burnham, fue tajante: «La Copa Mundial no es un producto… pueden disfrazar el acuerdo como quieran. Una vez que vendes una parte, te has vendido». La Federación Inglesa de Fútbol mostró igualmente su «profunda preocupación» por la falta de transparencia.
La Confederación Asiática de Fútbol, aunque lamentó no haber sido consultada, evitó pronunciarse sobre el fondo del proyecto. En el otro extremo, Football Supporters Europe exigió la dimisión de Infantino y recordó los elevados precios de las entradas en el último Mundial, celebrado en Estados Unidos, Canadá y México.
El Eje del Poder Europeo
El pulso entre Bruselas y la FIFA es mucho más que un rifirrafe regulatorio: refleja la pugna entre dos modelos de gobernanza del deporte global. Por un lado, la Comisión Europea defiende un fútbol gestionado por las federaciones continentales y nacionales, con estándares de transparencia y competencia; por otro, Infantino busca acelerar la transformación de la FIFA en una máquina de generar ingresos, ahora con capital privado al mando.
Para España, coanfitriona del Mundial de 2030 junto a Portugal y Marruecos, la decisión tiene aristas delicadas. Cualquier investigación formal de Bruselas podría retrasar o incluso invalidar el vehículo financiero que la FIFA quiere tener listo antes del torneo. Además, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) deberá posicionarse en la votación de septiembre: apoyar el plan sin reservas supone alinearse con un esquema que Bruselas puede declarar ilegal, mientras que votar en contra pone en riesgo la promesa de millones adicionales para el fútbol base.
Históricamente, la Unión Europea no ha dudado en intervenir cuando el deporte profesional choca con las reglas del mercado único —casos Bosman, Meca-Medina, o más recientemente la Superliga—, pero nunca se había enfrentado a un intento de monetizar de manera tan agresiva la totalidad de los derechos de un organismo rector. El precedente de la Superliga, en 2021, muestra que Bruselas está dispuesta a respaldar a la UEFA cuando considera que los intereses financieros amenazan el modelo deportivo europeo basado en la solidaridad y la afiliación.
El riesgo de fragmentación es real: si las federaciones europeas y americanas bloquean el plan en septiembre, la FIFA podría verse sumida en una crisis de gobernanza justo cuando debe preparar un Mundial que, por primera vez en la historia, se repartirá entre tres continentes. Bruselas, con su amenaza de investigación, ha puesto el balón en el tejado de Infantino. La próxima cita clave será la votación del 19 de septiembre, pero antes la Comisión podría mover ficha si detecta que el mero anuncio del acuerdo ya distorsiona la competencia.
La lectura estratégica es clara: la UE no quiere que el fútbol se convierta en un producto financiero más, y está dispuesta a usar todo su arsenal jurídico para impedirlo. La pregunta es si Infantino, que ha sorteado escándalos de corrupción y crisis de imagen, está preparado para un choque frontal con el regulador más poderoso del mundo.

