Alberto Núñez Feijóo ha convertido la crítica a Televisión Española en uno de sus argumentos favoritos. Tilda al ente público de «televisión del Gobierno» y asegura que es «milagroso» que los espectadores de TVE voten a la derecha. Pero el historial del líder popular en la Xunta de Galicia desmiente ese supuesto compromiso con la independencia informativa.
Según un análisis de elDiario.es, los trabajadores de la Televisión de Galicia (TVG) —la cadena pública autonómica— llevan 427 semanas consecutivas —casi diez años— de protestas contra la manipulación política. El Comité de Empresa denuncia injerencia editorial desde 2014, y los tribunales han condenado a la dirección por represalias contra periodistas críticos. La TVG se ha convertido en un símbolo de control mediático en manos del PPdeG.
Un control férreo que la plantilla no ha dejado de denunciar
La mayoría absoluta del PPdeG en el Parlamento de Galicia —ininterrumpida desde 2009— le permitió modificar en 2011 la ley del ente público para elegir a sus responsables sin necesidad de pactar con la oposición. La reforma rebajó la mayoría requerida para renovar la cúpula de la Corporación Radio e Televisión de Galicia, eliminando el consenso que hasta entonces obligaba a negociar con el BNG y el PSdeG. Ambos partidos recurrieron la medida, pero la aritmética parlamentaria aseguró su vigencia.
Los intentos de la oposición por poner fin a lo que califican de «televisión de partido» han sido constantes. El BNG ha presentado varias proposiciones no de ley para exigir una radiotelevisión despolitizada, mientras que el PSdeG ha impulsado comisiones de investigación que nunca prosperaron. Mientras, las concentraciones semanales de la plantilla se han convertido en una postal fija a las puertas del Parlamento de Galicia.
De la defensa del narco Dorado al trono de Juego de Tronos
Feijóo hizo de ese control un altavoz personal. Cuando en 2013 el diario El País desveló sus fotos con el narcotraficante Marcial Dorado, la Radio Galega no preguntó por la relación con el delincuente, sino que inquirió: «¿Por qué se publican ahora estas fotos?», «¿Quién está detrás de la filtración?» y «¿Va a demandar?». Una defensa que, para el Comité de Empresa, evidenciaba una línea editorial al servicio del presidente.
El espectáculo alcanzó cotas aún más altas en 2019. Feijóo acudió al programa de variedades Land Rober, el más visto de la TVG, donde le esperaba un trono de madera coronado con espadas, réplica del de la serie Juego de Tronos. El presentador le pidió que se sentara y telefoneó a Julio Iglesias, quien desde Punta Cana proclamó que Feijóo «tiene madera para ser campeón de España». La emisión fue calificada de «bochornosa» incluso por antiguos dirigentes populares.
Ni siquiera Manuel Fraga, fundador del PP gallego y presidente de la Xunta durante tres lustros, se permitió ese desprecio por la independencia de los medios públicos. En la noche electoral de 1989, el periodista Xosé Manuel Maseda le preguntó: «¿Qué, Don Manuel, cómo va nuestra campaña?». Fraga respondió con una dureza hoy impensable: «Oiga, Maseda, que yo sepa la TVG no se presenta a estas elecciones». Un aviso contra la confusión entre poder y medios que Feijóo y Alfonso Rueda decidieron no escuchar.
El líder del PP aplica contra TVE el mismo tacticismo que le funcionó en Galicia: acusar de manipulación allí donde el control no es suyo.
El Laboratorio Gallego
Lo que ocurrió en la TVG no es una anécdota regional. El PPdeG consolidó un modelo de gestión mediática basado en la ocupación institucional, la reforma legal unilateral y la deslegitimación de las voces críticas, y ese esquema está siendo replicado por el PP nacional bajo el liderazgo de Feijóo. Cuando el presidente popular afirma que «es milagroso que un ciudadano que se informa a través de TVE vote a la derecha», está trasladando a Madrid el mismo argumentario que sus trabajadores públicos llevan casi diez años denunciando en Santiago.
La situación en Galicia ofrece un espejo incómodo: mientras los populares acusan a TVE de sectarismo progresista —un sesgo que sus propios profesionales reconocen en parte—, en la TVG no existe equilibrio alguno en las tertulias ni presencia de formaciones como el BNG o el PSdeG en condiciones de igualdad. De hecho, la oposición denuncia que sus intervenciones son sistemáticamente recortadas o ignoradas, y los datos de audiencia reflejan una caída del 40 % en la última década, un síntoma de la pérdida de credibilidad.
La estrategia tiene riesgos. La renovación del Consejo de RTVE amenaza con enquistarse, y la memoria gallega demuestra que el control absoluto no garantiza credibilidad. Además, si el PP perdiera la mayoría absoluta en las próximas elecciones gallegas de 2028, la oposición tendría fuerza para revertir las reformas normativas y, quizá, para juzgar la gestión informativa de estos años. Lo que empezó como un laboratorio local puede acabar siendo una lección sobre los límites del tacticismo mediático.
Ficha del Caso
- El caso: Alberto Núñez Feijóo critica con dureza a Televisión Española mientras su pasado al frente de la Xunta está plagado de denuncias por manipulación de la TVG, con 427 semanas de protestas y condenas judiciales por represalias.
- Datos importantes: 427 semanas de protestas; reforma legal de 2011 que eliminó la necesidad de consenso para renovar la cúpula directiva; caída de audiencia del 40 % en diez años; el PP nacional replica la deslegitimación de medios críticos.
- Resumen: El líder del PP aplica contra los medios nacionales la misma táctica de deslegitimación que el PPdeG usó en Galicia, pero el precedente gallego revela que el control político extremo erosiona la credibilidad y acaba volviéndose contra quien lo ejerce.
