El Pentágono retira la habilitación a Frank Kendall por la filtración de datos del Air Force One

El Pentágono retira la habilitación al exjefe de la Fuerza Aérea por divulgar a la prensa las carencias del Boeing 747-8 donado por Qatar. Kendall había advertido que el nuevo avión necesitaría al menos tres años de modificaciones para igualar al Air Force One original.

El Pentágono ha revocado la habilitación de seguridad del exsecretario de la Fuerza Aérea Frank Kendall por revelar a un medio de comunicación datos clasificados sobre las capacidades del avión presidencial Air Force One. La medida, confirmada por el portavoz Sean Parnell, reactiva la guerra de la administración Trump contra las filtraciones en un momento de tensión por la seguridad del transporte aéreo del presidente.

La información clasificada que Kendall reveló a la prensa

Kendall, que dirigió la Fuerza Aérea entre 2021 y 2025 bajo la administración Biden, concedió una entrevista a la CNN que encendió las alarmas. En ella aseguró que el Boeing 747-8 modificado y donado el año pasado por el Gobierno de Qatar a Donald Trump carecía de las capacidades de soporte vital, comunicaciones seguras y defensa del antiguo Air Force One, y que necesitaría entre tres y cuatro años de modificaciones para alcanzar esos estándares.

La información se produjo después de que varios medios –incluido The New York Times– revelaran que el propio Trump había intercambiado el avión qatarí por el Air Force One original durante un vuelo desde la cumbre de la OTAN en Turquía al Reino Unido, el mes pasado, ante un supuesto complot iraní contra su vida.

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El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, detalló que la retirada de la habilitación responde a «la divulgación no autorizada de información clasificada sobre las capacidades del Air Force One». En un comunicado, subrayó que «salvaguardar la información clasificada es un deber innegociable» y que quienes violan esa confianza pierden el privilegio de acceso.

Trump y su ofensiva contra las fuentes anónimas

Esta destitución de Kendall se enmarca en una campaña sistemática del presidente Trump contra las filtraciones. El mes pasado, el Departamento de Justicia emitió citaciones contra periodistas del Times tras la publicación del reportaje sobre las deficiencias del avión, aunque un juez las levantó al considerar que la investigación vulneraba las protecciones a la prensa.

Trump ha calificado reiteradamente de «falsas» las informaciones críticas y ha prometido perseguir y encarcelar a los «filtradores». Lo hizo de nuevo tras los reportajes que afirmaban que Estados Unidos había agotado gran parte de su arsenal de misiles durante la guerra con Irán, una afirmación que negó describiendo las reservas como «ilimitadas».

La seguridad del avión presidencial se ha convertido en un campo de batalla sobre la transparencia y el control de la información en plena era Trump.

El Pentágono no ha detallado qué medio recibió la información clasificada de Kendall, pero el episodio ilustra la fragilidad de los protocolos de acceso a secretos en un clima de creciente polarización política.

Equilibrio de Poder

La retirada de la habilitación a Frank Kendall trasciende el ámbito doméstico y toca una fibra sensible del equilibrio de poder global. La imagen de un ex alto mando revelando debilidades del transporte presidencial estadounidense erosiona la percepción de invulnerabilidad que Washington proyecta hacia sus aliados y adversarios.

Para la OTAN y la UE, la noticia subraya la dependencia de las capacidades de mando y control estadounidenses. Si un antiguo secretario de la Fuerza Aérea pudo filtrar datos sobre el Air Force One, ¿qué garantías existen sobre secretos compartidos en programas como el FCAS o el escudo antimisiles europeo? La sombra de la desconfianza se cierne sobre los mecanismos de inteligencia conjunta.

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El impacto para España es directo, aunque menos visible. Nuestro país participa en misiones de la OTAN donde el intercambio de información clasificada es rutinario, y la Base Aérea de Torrejón alberga aeronaves de transporte de altos cargos estadounidenses. Cualquier fisura en la cadena de seguridad que protege a estas aeronaves –incluido el Falcon español que utiliza el presidente del Gobierno– obliga a revisar los protocolos de verificación de personal y la resistencia a injerencias externas, como la aceptación de regalos de Estado en forma de aeronaves de lujo.

A largo plazo, el endurecimiento de las normas de seguridad de la información bajo la administración Trump puede acelerar la fragmentación del ecosistema de inteligencia entre aliados. Si la confianza se resquebraja, los europeos –y España entre ellos– se verán empujados a duplicar esfuerzos de ciberseguridad y contrainteligencia, con el consiguiente coste para unos presupuestos de defensa ya tensionados por la exigencia de alcanzar el 5% del PIB.

El caso también tiene una lectura en clave Qatar. El regalo del 747-8 a Trump fue una maniobra de influencia que ahora se revela como un lastre de seguridad. La diplomacia del regalo aeronáutico, habitual en las monarquías del Golfo, abre una brecha que los servicios de inteligencia hostiles pueden explotar. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para dentro de unos meses, pondrá a prueba si la confianza en los sistemas de transporte de los líderes aliados sigue intacta.

Observamos, en definitiva, un movimiento que conjuga la lucha de poder interna en Washington con la necesidad de los aliados de blindar sus cadenas de mando. El precio de una filtración, medido en credibilidad, lo pagan todos.