«Perdí la vista a los 8 años por ver un eclipse»: el impactante aviso de una exdiputada

Mercedes López Romero tenía 8 años cuando decidió aguantar la mirada al sol más que nadie durante un eclipse. Hoy, exdiputada y con el 90% de ceguera, cuenta por qué ese "quién aguanta más" nunca debería repetirse.

Un eclipse puede dejar una marca para toda la vida, y no siempre es la que uno imagina. Mercedes López Romero lo sabe mejor que nadie: a los ocho años, en el patio de su colegio en Dalías (Almería), miró fijamente al sol durante un eclipse solar como parte de un juego infantil. Ganó ese pulso con sus compañeros. Perdió, para siempre, el 90% de su visión.

Hoy, con 45 años, esta exdiputada de Ciudadanos en el Parlamento andaluz y fisioterapeuta de profesión ha decidido contar su historia justo cuando España se prepara para vivir uno de los fenómenos astronómicos más esperados del siglo. Su testimonio llega en el momento exacto en que millones de personas planean salir a mirar al cielo, y su mensaje es tan simple como incómodo: «no son conscientes del peligro que supone».

El juego que cambió la vida de una niña en Almería

Corría la década de los 80 cuando aquella tarde de eclipse se convirtió en un reto entre niños. «Empezamos a decir a ver quién era la que aguantaba más», ha explicado López Romero a EFE. Ella «ganó» aquel juego improvisado en el patio del colegio, mientras los adultos observaban el fenómeno a cierta distancia y con las medidas de protección adecuadas.

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Su hermana, dos años menor, y el resto de compañeros no sostuvieron la mirada tanto tiempo y se libraron de las lesiones. Las quemaduras en la mácula no se manifestaron de inmediato: tardaron años en aparecer, y cuando lo hicieron, ya era demasiado tarde para revertirlas.

Por qué el daño no se nota hasta que es irreversible

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El eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 será el primero visible como total desde la Península en más de un siglo, y ese carácter excepcional multiplica el riesgo: mucha gente que jamás ha visto uno querrá observarlo sin las precauciones necesarias. La radiación ultravioleta sigue dañando la retina aunque la luz parezca tenue o soportable a simple vista, porque el ojo humano no tiene receptores de dolor en esa zona.

Fue precisamente a los 14 años, en el instituto, cuando López Romero empezó a notar que no distinguía los números de la pizarra. El oftalmólogo identificó de inmediato las quemaduras en la mácula, un tejido nervioso que, una vez dañado, no admite reparación quirúrgica posible.

El testimonio que llega justo antes del gran eclipse español

La pérdida de visión de la exdiputada ha sido progresiva desde entonces y continúa acentuándose con los años. Actualmente no distingue caras ni colores, solo bultos y siluetas que reconoce por la forma de caminar o de mover la cabeza de las personas que la rodean.

Además, sufre una hipersensibilidad a la luz que ella misma describe con crudeza: «los días nublados son mortales para mí, y los muy soleados también». Su percepción visual, dice, es como vivir permanentemente entre niebla, sin brillo ni contraste posible en pantallas de televisión o móvil.

Lo que su historia cambió para siempre

Con 17 años le comunicaron que nunca podría sacarse el carné de conducir. Al cumplir 18, se afilió a la ONCE, donde estudió Fisioterapia después de que su ceguera le obligara a renunciar a sus sueños de estudiar Medicina o Enfermería.

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Ese giro forzado en sus planes de vida es, precisamente, lo que hoy convierte su relato en algo más que una anécdota triste: es un aviso con nombre y apellidos sobre un riesgo que muchas familias siguen subestimando en pleno 2026.

  • Las gafas de eclipse homologadas son imprescindibles, nunca gafas de sol normales.
  • Ni siquiera con protección adecuada se debe mirar de forma prolongada y continuada.
  • Los niños necesitan supervisión constante, no basta con darles las gafas y confiar.
  • Los métodos de proyección indirecta son la alternativa más segura para observar en grupo.

Lo que viene: más eclipses, más responsabilidad compartida

España vivirá una serie de tres eclipses solares visibles entre 2026 y 2028, así que este no será un fenómeno aislado ni la última oportunidad de hacerlo bien. La buena noticia es que el riesgo es evitable al cien por cien con la protección adecuada y algo de sentido común, algo que hace tres décadas no estaba tan extendido entre la población infantil.

El mensaje de Mercedes López Romero no busca asustar por asustar, sino recordar que la curiosidad y la prudencia pueden convivir. Disfrutar del cielo no exige renunciar a la vista, solo un poco de información y la voluntad de tomársela en serio, sobre todo cuando hay menores cerca del espectáculo.