El martes 18 de agosto a las 14.00 horas embarcaban en el puerto de Algeciras media docena de camiones de la Agrupación de Apoyo Logístico nº 21 (AALO 21) con sede en Sevilla con destino a Ceuta. Lo hacían en un barco de la compañía Balearia llamado Passio per Formentera. Es la constatación de que el Ejército de Tierra ha comenzado a trasladar recursos materiales a Ceuta. Se desconoce el contenido de esos camiones, aunque según algunos testigos parecían llevar colchones y literas de campaña.
Tampoco está claro si ese material, que llegó en la tarde del martes a Ceuta, está destinado a los militares desplegados en la ciudad, a policías o guardias civiles o está destinado a los nuevos centros de acogida de migrantes que anunció la Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España.
La cuestión es que si el material estuviese destinado a los militares que se encuentran sobre la zona no tendría mucho sentido, porque la ciudad autónoma ya cuenta con unos 2.500 efectivos, dependientes de la Comandancia general de Ceuta, repartidos en siete unidades que están perfectamente acuarteladas. Así que en el caso que ese material estuviese destinado a militares es porque el ministerio de Defensa prevé un despliegue mayor al actual.
Las actuales fuerzas se reparten en el Tercio Duque de Alba 2º de La Legión: Infantería protegida con vehículos mecanizados. El Grupo de Regulares de Ceuta nº 54: Unidad de infantería ligera y táctica tradicional. El Regimiento de Caballería «Montesa» nº 3: Unidad acorazada dotada de carros de combate Leopard. El Regimiento Mixto de Artillería nº 30: Encargado de la defensa antiaérea y de artillería de campaña. El Regimiento de Ingenieros nº 7: Especializado en zapadores, movilidad y apoyo en emergencias. La Unidad Logística nº 23: Proporciona el soporte sanitario, de transporte y abastecimiento y el Batallón del Cuartel General: Encargado de las transmisiones y la inteligencia táctica.
Conflicto en Ceuta
En caso de conflicto armado entre España y Marruecos, algo que en el Gobierno nadie se atreve a pensar, los números dicen que España ganaría. Pero en los conflictos no siempre los números ganan y si no, basta con fijarse en la guerra Rusia-Ucrania. En cualquier caso, nuestros militares entrenan todos los escenarios posibles desde hace décadas.
Según la información publicada por MONCLOA hace unas semanas, en el ranking de Global Firepower 2026, España ocupa el puesto 18 del mundo y Marruecos el 56. Esa distancia de casi cuarenta posiciones mide un abismo tecnológico que se nota donde se deciden las guerras modernas. España tiene 440 aeronaves frente a 271, 136 cazas de combate frente a 84, un portaaviones -el Juan Carlos I- frente a ninguno marroquí, y dos submarinos de la clase S-80 frente a cero.

Donde Marruecos gana a España es claramente en el número de soldados y de carros de combate. Sobre el papel presenta 1.346 carros de combate frente a los 298 españoles y 185 lanzacohetes múltiples frente a cero, además de un efectivo activo que Global Firepower cifra en 400.000 hombres, aunque el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos lo rebaja a unos 195.000. El problema para Rabat es que buena parte de ese arsenal terrestre es chatarra soviética y estadounidense de segunda mano, mientras que el músculo español es de otra liga cualitativa.
Si el choque entre países se limitara a la defensa de la soberanía nacional de Ceuta y Melilla, la aritmética juega en contra de España, porque en ese caso Marruecos jugaría al lado de casa y España está a cien kilómetros de sus reservas peninsulares. Quizás por eso Defensa ha comenzado el traslado de pertrechos a la zona.
En una guerra total, España vence y vence rápido: supremacía aérea, submarinos, fragatas con sistema Aegis y el respaldo del bloque occidental cierran el debate en cuestión de días. El peligro real no es una guerra larga que Marruecos no puede ganar, sino un golpe de mano corto sobre Ceuta o Melilla -un hecho consumado- antes de que lleguen los refuerzos. Por eso los militares llevan años advirtiendo de esta cuestión que quizás ahora haya comenzado a ser resuelta.
Guerra híbrida
La guerra que de verdad ya se está librando no es de tanques ni soldadps, sino de bits, y España la está perdiendo. El servicio de inteligencia marroquí, la DGST, infectó con el programa espía Pegasus el teléfono del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hasta en cinco ocasiones entre octubre de 2020 y diciembre de 2021, sustrayendo más de 2,5 gigabytes de información. Cayeron también los móviles de la ministra de Defensa, Margarita Robles, y del propio ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Los servicios españoles no albergan ya ninguna duda sobre la autoría, y el Parlamento Europeo, en su comisión PEGA, habló de «fuertes indicios» contra Marruecos.
El detalle que retrata la operación es el mejor resumen de toda esta columna. El mayor robo de datos al móvil del presidente se produjo el 19 de mayo de 2021, en plena crisis de Ceuta, aprovechando una visita de Sánchez y Marlaska a la ciudad: mientras Rabat abría la verja con una mano, pinchaba el teléfono del jefe del Gobierno con la otra.
