El exvicepresidente Mike Pence avisa: la guerra comercial con Canadá es lo último que necesita EE. UU.

El exvicepresidente lanza una advertencia en CNN y abre una brecha en el Partido Republicano sobre los aranceles del 50% a Canadá. Para España, el riesgo está en unas cadenas de suministro norteamericanas más caras.

Mike Pence ha lanzado este domingo una advertencia inusual desde el conservadurismo americano. La guerra comercial con Canadá, ha dicho, es ‘lo último que necesita la economía’ de Estados Unidos.

Un exvicepresidente incómodo para la Casa Blanca

La frase la pronunció en el programa State of the Union de la CNN. No fue un ataque frontal a Donald Trump, pero sí una señal de que la disciplina comercial del Partido Republicano empieza a agrietarse en un asunto sensible: los aranceles del 50% entre Washington y Ottawa. Pence habló en clave de consumo, no de ideología.

La presentadora Dana Bash puso el contexto: el pulso comercial se libra dólar a dólar y las negociaciones se rompieron el viernes por la noche. Según el primer ministro canadiense, Washington introdujo exigencias de última hora, ofreció poco y dejó a Canadá ‘efectivamente en guerra’ con Estados Unidos en materia comercial.

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Pence conectó esa presión con la inflación que sienten los hogares. Recordó que mantiene la misma posición desde los aranceles del Día de la Liberación (el paquete con que Donald Trump sacudió la política comercial), ‘que afortunadamente el Tribunal Supremo terminó anulando’: las empresas y los consumidores americanos son quienes pagan los aranceles. Su esperanza, dijo, es que se imponga la negociación y no la confrontación.

Qué hay detrás de los aranceles del 50% y qué se juega España

La advertencia de Pence no cambia por sí sola la política comercial de la Casa Blanca, pero desplaza el eje del debate. Dentro del partido que controla el Congreso, el libre comercio vuelve a tener portavoces con peso. Para España, la lectura es directa: las cadenas de suministro norteamericanas se encarecen y eso se filtra a los proveedores europeos.

La advertencia de Pence no es una crítica frontal a Trump: es la constatación de que el Partido Republicano vuelve a partirse por el libre comercio.

Las empresas españolas con intereses en Norteamérica, desde la automoción hasta la energía o la obra pública, siguen este pulso con cautela. Un choque prolongado entre Washington y Ottawa complicaría los flujos industriales y elevaría el coste de de los materiales. España no es frontera directa, pero sí parte del mismo pastel comercial norteamericano.

La Lógica de Washington

Para entender la tensión, conviene mirar lo que hay detrás. La administración de Donald Trump sostiene que los aranceles no son un fin, sino una palanca de negociación: forzar a Canadá a reabrir las conversaciones y a conceder condiciones más favorables para los productores americanos. Es una táctica que el propio Trump ya ensayó en su primer mandato con China y que ahora aplica al vecino del norte con una diferencia: la integración económica entre ambos países es mucho más profunda.

Esa visión choca con la tradición republicana previa. Ronald Reagan hizo del libre comercio con Canadá una bandera en 1988, cuando se firmó el acuerdo que precedió al T-MEC (el tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá). Pence representa ese hilo histórico: aranceles bajos, costes contenidos y consumidores satisfechos. El ala proteccionista, en cambio, cree que ese modelo vació fábricas en el Medio Oeste. Es una grieta anterior a Trump y que probablemente le sobreviva.

Para España, la proyección es matizada. Una guerra comercial larga entre Estados Unidos y Canadá no golpeará de forma directa a las exportaciones españolas, pero puede encarecer los componentes, ralentizar pedidos y empujar a Washington a endurecer también su relación con la Unión Europea. La próxima ventana clave no está en el calendario oficial: está en si las negociaciones se retoman antes de que los aranceles del 50% se consoliden en las cadenas de suministro.

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Ficha del Caso

  • El caso: El exvicepresidente Mike Pence advierte en CNN de que la economía estadounidense no necesita una guerra comercial con Canadá, en pleno pulso arancelario del 50%.
  • Datos clave: Negociaciones rotas el viernes por la noche; aranceles recíprocos del 50%; Pence recuerda que empresas y consumidores americanos pagan los aranceles y defiende la negociación.
  • Para España: El riesgo no es el arancel en sí, sino un encarecimiento de los flujos norteamericanos que afecta a proveedores industriales y a la posición europea en el tablero comercial.