El Tesoro de EE.UU. estudia usar su fondo de reserva de 950.000 millones para recomprar deuda a largo plazo, según CNBC. La información, recogida por The Daily Caller, cita a dos altos funcionarios del Tesoro.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha convertido la Cuenta General del Tesoro (TGA, la cuenta corriente que el Gobierno federal mantiene en la Reserva Federal) en un depósito de casi un billón de dólares. El saldo ronda los 950.000 millones, muy por encima de los 550.000 a 600.000 millones que la administración de Joe Biden utilizaba como referencia.
La cuenta de 950.000 millones que Bessent quiere movilizar
La lógica es directa. Si el Tesoro usa parte de ese colchón para financiar sus recompras de bonos, no tiene que depender solo de emitir más deuda a corto plazo. Es una fuente adicional de financiación para sostener el mercado de deuda a largo plazo.
El departamento ya anunció que duplicará el tamaño de sus operaciones de recompra desde los 2.000 millones de dólares actuales hasta un mínimo de 4.000 millones por operación a partir de del 9 de septiembre. Scott Bessent añadió que las compras podrían superar esa cifra.
El primer efecto se notó en los rendimientos de los bonos: bajaron tras el anuncio. Pero la mejora duró poco. Los inversores dudan de que el Tesoro tenga potencia suficiente para mover un mercado que respalda más de 40 billones de dólares de deuda federal.
Y los números no ayudan. El rendimiento del bono a 10 años volvió a subir hacia el 4,7% el viernes, mientras el bono a 30 años se mantiene por encima del 5%. Esa es la tensión de fondo: bajar los costes de financiación a largo plazo sin erosionar la confianza en la deuda pública estadounidense.
Washington no está recomprando bonos por capricho: está enviando una señal de que no aceptará unos costes de financiación que considera artificialmente altos.
El mercado ya ha empezado a moverse: dólar débil, oro y bitcoin al alza

La reacción del mercado tiene implicaciones globales. El índice del dólar ha caído un 2,43% en agosto hasta el viernes, mientras el oro y el bitcoin subieron tras el anuncio de recompras. Algunos inversores ya lo llaman el ‘debasement trade’ (la operación del envilecimiento de la moneda).
Usar la TGA daría más munición al Tesoro, pero también reduciría el colchón de efectivo disponible para hacer frente a obligaciones o a un futuro bloqueo del techo de deuda. Los funcionarios del Tesoro no han precisado cuánto del saldo de 950.000 millones podría utilizarse ni cuándo se tomaría la decisión.
Un estudio de la National Bureau of Economic Research estima que perder el estatus de moneda de reserva podría provocar una depreciación real del dólar del 8,8% y subir los tipos de interés reales en unos 90 puntos básicos. El economista Kenneth Rogoff advierte de que los estadounidenses pagan entre 0,5 y 1 punto porcentual menos en hipotecas y créditos al coche gracias al estatus especial del dólar.
La Lógica de Washington
Desde Washington, la jugada tiene lógica interna. El Tesoro lleva meses preocupado por el coste de financiación a largo plazo y por la señal que una curva de tipos elevada envía a los mercados. Si el Tesoro recompra bonos a largo plazo con su propio colchón de liquidez, presiona los precios de esos bonos al alza y sus rendimientos a la baja. Es un movimiento de política de deuda que no requiere votación en el Congreso ni subidas de tipos por parte de la Reserva Federal.
El precedente no es exacto, pero ayuda a entenderlo. La Reserva Federal utilizó la expansión cuantitativa en 2008 y en 2020 para comprar bonos del Tesoro y relajar las condiciones financieras. Ahora es el propio Tesoro el que estudia usar su cuenta corriente como munición. No es lo mismo: la Fed crea reservas, mientras que el Tesoro gasta un colchón fiscal ya acumulado. Pero la dirección es parecida: usar el balance público para influir en el extremo largo de la curva.
Para España, el impacto llega por tres vías. Un dólar más débil encarece las exportaciones españolas a Estados Unidos, pero abarata las materias primas cotizadas en dólares, como el petróleo. Unos tipos a largo plazo más contenidos en Estados Unidos pueden frenar la presión alcista sobre las primas de riesgo europeas, algo positivo para el Tesoro español. Y si la confianza en la deuda estadounidense se resiente, el mercado de bonos global entra en terreno desconocido: la deuda española, considerada periférica, podría sufrir episodios de volatilidad.
La próxima ventana clara es el 9 de septiembre, cuando el Tesoro tiene previsto elevar el tamaño mínimo de sus recompras. También habrá que seguir las comparecencias de Scott Bessent y cualquier confirmación oficial sobre el uso del fondo de reserva. Por ahora, son fuentes citadas por CNBC las que dibujan el escenario: a Washington no le basta con anunciar; necesita demostrar que puede mover el mercado sin romper la confianza en el dólar.
Ficha del Caso
- El caso: El Tesoro de EE.UU. estudia movilizar su cuenta general de 950.000 millones de dólares en la Reserva Federal para financiar recompras de deuda pública a largo plazo, según fuentes citadas por CNBC.
- Datos clave: Saldo de la TGA: unos 950.000 millones. Recompras: de 2.000 a al menos 4.000 millones por operación desde el 9 de septiembre. Deuda federal: más de 40 billones. Dólar: -2,43% en agosto. Bono a 10 años: 4,7%; bono a 30 años: por encima del 5%.
- Para España: Un dólar más débil encarece las exportaciones españolas a EE.UU. y abarata las importaciones de materias primas; unos tipos largos más bajos en EE.UU. pueden aliviar la financiación de la deuda española.

