Crisis PP de Verín, feudo de los Baltar: pugna por la renovación del PPdeG a 9 meses de las municipales

La renuncia en cascada de los cuatro ediles deja al partido sin representación en un municipio simbólico para la provincia de Ourense. Luis Menor admite resistencias mientras la dirección de Rueda define candidaturas para mayo de 2027.

La crisis del PP en Verín deja al partido sin ediles y abre la pugna por renovar el PPdeG a nueve meses de las municipales.

La fuga de ediles y el aviso de la dirección provincial

El pleno del ayuntamiento ourensano ratificó la renuncia de los cuatro concejales populares durante la pasada semana. La dirección provincial, en manos de Luis Menor —hombre de confianza de Alfonso Rueda—, admitió este lunes que la fuga masiva no obedece solo a ‘cuestiones personales’. Verín, con cerca de 14.000 habitantes no es un municipio menor: su presupuesto de 2025 fue tres millones superior al de O Carballiño y su peso simbólico en la provincia es enorme.

La caída no se entiende sin Ourense, la provincia que el PPdeG (el Partido Popular de Galicia) ha considerado siempre su particular granero de votos. Los populares aún gobiernan 54 de los 92 concellos ourensanos (municipios), pero el número no deja de descender: en 2023 fueron la fuerza más votada en 60, frente a los 69 de 2015, primer ciclo municipal sin José Luis Baltar al frente.

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A ese retroceso se suma el pacto con Democracia Ourensana, la formación de Gonzalo Pérez Jácome, que sostiene la Deputación de Ourense (el gobierno provincial) a cambio del bastón de mando en la ciudad. El acuerdo incomodó al candidato del PP, Manuel Cabezas, que dimitió tras la derrota electoral, y la designación de Ana Méndez como próxima cabeza de lista no ha calmado a un sector relevante del partido.

El duelo de fondo es generacional. Verín fue durante décadas territorio simbólico de los Baltar, la dinastía que convirtió Ourense en sinónimo de caciquismo. José Luis Baltar, el padre, presumía de ser ‘cacique bueno’; su hijo Manuel completó la sucesión y gobernó la Deputación hasta que el radar a 215 kilómetros por hora lo dejó fuera del foco. La resistencia actual no es nueva: nace de aquella cultura orgánica que fijó sus lealtades en la provincia antes que en Santiago.

Verín no es una dimisión local: es el primer aviso serio de que la renovación del PPdeG puede reabrir la vieja fractura ourensana.

Ese temor a la escisión ya apareció en los últimos tiempos de Manuel Fraga. José Luis Baltar, descontento con el trato a Ourense, encerró a sus cinco diputados, dejó a don Manuel en minoría en el Parlamento de Galicia (la cámara autonómica gallega, con 75 diputados) y amenazó con la ruptura hasta que el viejo león se plegó. La lección no se olvidó: el congreso de Ourense de 2010 fue la primera y más importante derrota orgánica de Alberto Núñez Feijóo.

Rueda cruzó el Deza en 2023 para pactar con Manuel Baltar el relevo en la Deputación, tras el episodio del radar. El elegido fue Luis Menor, un perfil técnico y fiel a San Caetano, la sede de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego). Ahora el partido habla de ‘fin de ciclo’, pero las resistencias se están cobrando piezas: en Barbadás, dos ediles dejaron el PP en junio y permanecen como no adscritos.

Del ‘cacique bueno’ a la incógnita municipal

El regidor socialista de Verín, Gerardo Seoane, cree que los sustitutos serán ‘más obedientes’ y seguirán la ‘misma estrategia nacional’ del PP de ‘decir que no a todo’ y montar el máximo escándalo posible. Su lectura es partidaria, pero apunta a un cambio de lealtades: si antes la obediencia ourensana terminaba en la Deputación, hoy puede llegar a San Caetano, a Génova y, en algunos casos, al Senado.

La herida simbólica de Verín no es nueva. En 2019, la Xunta de Galicia intentó cerrar el paritorio del hospital comarcal y la movilización social tumbó la decisión en poco más de sesenta días. Aquel episodio dejó una lección: Verín no es solo un municipio más, es un termómetro de la paciencia social y orgánica frente a las decisiones de Santiago.

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El Laboratorio Gallego

El contexto político gallego tiene una constante: la mayoría absoluta de Alfonso Rueda en la Xunta convive con un PPdeG que no termina de cerrar heridas provinciales. La crisis de Verín y Barbadás demuestra que el ‘granero’ de Ourense no se renueva por decreto desde Santiago. Con el BNG como principal oposición y el PSdeG midiendo el desgaste, el equilibrio ourensano puede convertirse en el termómetro de la campaña municipal de mayo de 2027.

En clave nacional, el PP de Alberto Núñez Feijóo necesita un mapa municipal sólido en Galicia para presentar el modelo autonómico como activo ante el Gobierno central. El aviso de Verín recuerda que la obediencia ourensana, históricamente local, puede hoy condicionar estrategias que llegan hasta Génova y el Senado. Y en un partido que sufrió en Ourense su única derrota orgánica relevante durante la etapa de Feijóo, cualquier fuga de ediles se lee como un recordatorio de que los barones provinciales no han desaparecido del todo.

Ficha del Caso

  • El caso: La crisis interna del PP de Verín deja al partido sin representación municipal y reabre la pugna por la renovación del PPdeG en Ourense a nueve meses de las municipales de 2027.
  • Datos importantes: Cuatro ediles han renunciado en cascada; el PP aún gobierna 54 de los 92 concellos de Ourense; en 2023 fue la fuerza más votada en 60, frente a los 69 de 2015; Luis Menor admite ‘resistencias al cambio’.
  • Resumen: La vieja fractura entre el PP ourensano y la dirección gallega resurge en un momento en que Feijóo necesita cohesionar Galicia como modelo nacional y el calendario ya apunta a mayo de 2027.