El eje franco-alemán propone subordinar a Kallas a Von der Leyen en la política exterior UE

Francia y Alemania lanzan un globo sonda para reordenar la diplomacia comunitaria y evitar la cacofonía institucional. La fórmula reforzaría a la alta representante, pero dejaría la última palabra en manos de la presidenta de la Comisión y reaviva la pugna entre ambas en plena ne

El eje franco-alemán ha lanzado un globo sonda para reordenar la política exterior de la UE y atenuar la cacofonía institucional que debilita la voz comunitaria en el mundo. La iniciativa, que los ministros de Asuntos Exteriores de los Veintisiete analizarán esta semana en la reunión informal de Wicklow (Irlanda), busca reforzar a la alta representante Kaja Kallas, pero bajo la autoridad final de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

Por qué París y Berlín lanzan ahora este globo sonda

No hay decisión cerrada ni documento oficial. De acuerdo con información adelantada por Euronews y fuentes europeas, se trata de una idea que Francia y Alemania han puesto sobre la mesa para sondear el terreno antes de la negociación. El objetivo declarado es evitar que múltiples voces institucionales hablen en direcciones distintas: la llamada cacofonía institucional. El texto podría reforzar el papel del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE, la red diplomática comunitaria creada en 2011), pero sin romper la cadena de mando que hoy sitúa a la jefa de la diplomacia europea como vicepresidenta de la Comisión y, en la práctica, bajo la sombra de la presidenta.

La propuesta no nace de la nada. El año pasado ya circuló un documento interno vinculado al Gobierno francés que pedía una reforma a conciencia del sistema diplomático del bloque, con opciones que iban desde reforzar al alto representante hasta redistribuir las competencias del SEAE. Aquel borrador alimentó el debate que ahora París y Berlín recuperan con una orientación más clara: dar más protagonismo exterior a Kallas y, al mismo tiempo, blindar la primacía de Von der Leyen. Esa doble dirección es precisamente la que inquieta a medio Bruselas.

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El contexto es delicado. Kallas, antigua primera ministra de Estonia y línea dura frente a Moscú, ha recibido críticas de varias capitales por algunos deslices y por su gestión de las relaciones con Irán y Ucrania. Von der Leyen, por su parte, arrastra acusaciones de presidencialismo y de centralizar en la Comisión asuntos que corresponden a la acción exterior coordinada. La rivalidad entre ambas no es un secreto: ambas compiten por el control institucional de la diplomacia europea, y esta propuesta la sitúa en el centro del debate.

La rivalidad entre Kallas y Von der Leyen y el precedente francés

La conversación llega además en plena guerra por el futuro presupuesto comunitario. A partir de 2028 habrá que cerrar un nuevo marco financiero plurianual, y Alemania, con el canciller Friedrich Merz al frente, está empujando con fuerza para recortar el gasto. Lo ha demostrado con una reciente comida en Berlín con los líderes de los países frugales —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia— . La reforma de la acción exterior no es ajena a ese pulso: definir quién manda en la política exterior condiciona cuántos recursos y personal recibe el SEAE y cómo se reparten las comisarías relacionadas con la defensa, el Mediterráneo o la vecindad.

Para España, el debate tiene una lectura práctica. Moncloa ha defendido históricamente una acción exterior europea coordinada por la alta representante y no absorbida por la Comisión, sobre todo en el Mediterráneo, el Magreb y América Latina, donde la diplomacia española, aporta red y experiencia. Si Von der Leyen consolida la última palabra, Madrid podría perder margen para que la UE priorice la vecindad sur frente al este. Los países bálticos y Polonia, aliados naturales de Kallas, temen a su vez que la subordinación a la Comisión descafeíne la línea dura frente a Rusia.

Kaja Kallas

La propuesta franco-alemana no aclara si refuerza a Kallas o la somete a Von der Leyen: consigue las dos cosas a la vez y deja la rivalidad institucional intacta.

El Eje del Poder Europeo

En la geometría variable de la Unión, Francia y Alemania hablan poco y cuando lo hacen suelen marcar agenda. El eje franco-alemán impulsa esta reforma porque necesita un interlocutor exterior creíble ante la acumulación de crisis —Rusia, Oriente Medio, la relación con Washington— y, al mismo tiempo, quiere asegurarse de que ese interlocutor no se convierta en un contrapoder dentro de Bruselas. La solución que han esbozado es ambivalente: refuerza la figura de Kallas, pero la encadena formalmente a Von der Leyen. Para Berlín, condicionar el debate al recorte presupuestario es también una forma de presionar a la Comisión antes de la negociación del marco financiero.

El sur de Europa observa con cautela. Italia y España comparten el deseo de una voz única en el Mediterráneo, pero no quieren que París y Berlín monopolicen la agenda exterior. Los países del este, empezando por los bálticos y Polonia, ven en Kallas a un activo estratégico para sostener la presión sobre Rusia, y sospechan que subordinarla a la presidencia de la Comisión equivale a suavizar la línea dura en favor de un enfoque más intergubernamental. Los frugales, centrados en el recorte de gasto, apoyarán la reforma si sirve para reducir estructuras y duplicidades, pero exigirán concreción contable.

La lectura a cinco o diez años es significativa. Formalizar la subordinación del alto representante a la presidenta de la Comisión choca con el reparto actual del artículo 18 del Tratado de la Unión Europea, que otorga la coordinación de la acción exterior al alto representante y no a la presidencia de la Comisión. Para convertir el globo sonda en arquitectura jurídica harían falta cambios en los tratados o, al menos, un acuerdo interinstitucional de gran calado. Ese camino es lento, pero el precedente francés y la presión franco-alemana apuntan a que la idea no morirá en Wicklow: aterrizará después en la negociación del próximo marco financiero y en el próximo Consejo Europeo, previsiblemente en otoño.

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Mientras tanto, la diplomacia europea sigue afilando sus cuchillos. El pulso no es solo entre dos mujeres poderosas, sino entre dos modelos de Europa: la de los Estados que coordinan y la de Bruselas que centraliza.