2Brujas: un cuento entre canales
Brujas justifica por sí sola una escapada de dos días. Su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, se salvó de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y conserva un trazado medieval casi intacto: adoquines, fachadas escalonadas y una red de canales que le vale el apodo de Venecia del Norte. Es una ciudad pensada para 48 horas: el casco es tan compacto que se recorre entero a pie, sin coche ni transporte público, y en dos días da tiempo a ver lo esencial sin agobios. Septiembre es, además, el mes ideal: se acaba la marea de excursionistas de julio y agosto, los paseos en barco siguen operativos y el clima se mantiene templado, con la luz dorada del otoño ya asomando entre los tejados.
Los imprescindibles caben holgadamente en ese margen: subir los 366 escalones del Belfort, la torre de 83 metros que vigila la Grote Markt, asomarse al muelle del Rosario, el recodo más fotografiado de la ciudad, y navegar media hora por los canales, con salidas cada 30 minutos y precios en torno a los 12-15 euros. El plan se redondea con el Museo Groeninge, referencia del arte flamenco con obras de Van Eyck y Memling, el beguinaje del siglo XIII y una parada en la cervecera De Halve Maan para probar la Brugse Zot. La clave está en pernoctar: cuando los que llegan en tren desde Bruselas se marchan al caer la tarde, las calles se vacían y Brujas recupera esa atmósfera de cuento que las fotos prometen.
