Alemania cuadruplica la venta de armas a Israel: 930 millones en seis meses frente a todo 2025

El Gobierno de Friedrich Merz autoriza casi 800 millones de euros en seis meses, cuatro veces más que en 2025. El submarino INS Drakon, construido por TKMS, navega ya rumbo a Israel tras salir de Kiel.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alemania ha aprobado ventas de armas a Israel por casi 800 millones de euros entre enero y junio de 2026, cuatro veces más que en todo 2025.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno de Friedrich Merz, con el submarino INS Drakon como gran partida y la cooperación industrial con Israel.
  • ¿Qué impacto tiene? La polémica sobre exportaciones a zonas en conflicto se reaviva mientras Berlín amplía la cooperación militar con Israel y asume críticas internas.

Alemania ha autorizado ventas de armas a Israel por valor de 930 millones de dólares entre enero y junio de 2026, según Der Spiegel. La cifra equivale a casi 800 millones de euros y multiplica por cuatro el total que Berlín aprobó en todo 2025.

El dato procede de una respuesta del Ejecutivo alemán a una pregunta parlamentaria que recoge el medio germano. La cifra, sin embargo, no es homogénea: mezcla material letal, acuerdos de cooperación y equipos que Berlín no clasifica como armas de guerra.

Un submarino furtivo y el material que no cuenta como armamento de guerra

Cerca de una quinta parte de las exportaciones aprobadas está vinculada a programas conjuntos de la industria de defensa germano-israelí que benefician a las Fuerzas Armadas alemanas. Algo más de dos tercios del valor autorizado corresponde al INS Drakon, un submarino de la clase Dolphin II que se construye para Israel.

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El buque, de casi 70 metros de eslora y capacidad para permanecer semanas sumergido, salió el martes del puerto de Kiel con rumbo a Israel. Su constructor, TKMS, es el mismo grupo naval que compite con los astilleros españoles en el mercado internacional de submarinos convencionales.

El resto del montante autorizado corresponde a equipos que no se consideran ‘armas de guerra’: armas cortas, munición, explosivos, y drones.

La cifra pulveriza el margen con el que Alemania suele justificar este tipo de ventas. Y llega en plena sacudida política por las declaraciones del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.

Alemania ha pasado de pausar las exportaciones a cuadruplicarlas en un semestre, sin que haya desaparecido la fractura jurídica que motivó aquella pausa.

Entre la Ley de Control de Armas de Guerra y las denuncias de doble rasero

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Desde el partido Die Linke (La Izquierda) se habla de un ‘doble rasero sin límites’. La diputada Lea Reisner ha acusado al Ejecutivo de Friedrich Merz de mantener la cooperación con un Gobierno y un Ejército que se enfrentan a cargos de genocidio ante la Corte Penal Internacional (CPI), pese a que el canciller se mostró supuestamente indignado por las palabras de Ben-Gvir.

El pasado mes, el ministro israelí afirmó que considera el enclave palestino ‘nuestro’ y pidió decenas de ‘asesinatos selectivos’ nocturnos, alegando que algunos de sus habitantes ‘no son personas’. La ley alemana de control de armas de guerra exige denegar licencias siempre que exista riesgo de que el material se utilice en actos que perturben la paz o en violación de las obligaciones internacionales del país.

Berlín ya suspendió temporalmente las exportaciones en agosto de 2025 por los planes de ocupar Ciudad de Gaza. Levantó la medida en noviembre, tras el alto el fuego respaldado por Estados Unidos entre Israel y Hamás. Las Fuerzas de Defensa de Israel han seguido operando desde entonces en Gaza y contra Hezbolá en Líbano, donde mantienen posiciones en el sur.

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La cooperación militar germano-israelí va más allá del submarino. El miércoles, la Marina alemana anunció que había probado con éxito un misil balístico israelí en el Atlántico Norte con un alcance de hasta 500 kilómetros. Alemania no dispone de misiles balísticos propios: el Taurus, su sistema de largo alcance, es un misil de crucero.

Ese apoyo inquebrantable a Israel tiene coste diplomático. En junio, Berlín no logró asegurar un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, en un contexto marcado por el caso abierto ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por la denuncia de Sudáfrica.

Equilibrio de Poder

La decisión alemana reordena las prioridades dentro del eje atlántico. Washington ve con buenos ojos que los aliados europeos asuman parte del esfuerzo industrial y de disuasión en el Mediterráneo oriental; la administración Trump mantiene una relación transaccional con la OTAN y considera a Israel una pieza clave de su arquitectura regional.

Bruselas, en cambio, acumula una contradicción incómoda. La Comisión Europea impulsa estándares comunes para la exportación de defensa, mientras Berlín aplica una excepción de facto que La Izquierda y otros socios leen como subordinación a los intereses de seguridad israelíes.

Para España, la lectura tiene una doble capa. TKMS es el principal competidor europeo de Navantia en submarinos convencionales, y este contrato refuerza su posición de cara a terceros mercados. Al mismo tiempo, la noticia toca de refilón la coherencia de la frontera sur: la normalización de exportar a zonas en conflicto debilita el argumento con el que los socios europeos exigen contención a otros vendedores.

El precedente de 2018-2019, cuando Berlín restringió exportaciones a Arabia Saudí tras el asesinato de Jamal Khashoggi, muestra que Alemania sí ha sabido ser severa con otros socios. La excepción israelí no es, por tanto, incapacidad técnica. Es prioridad estratégica.

El riesgo a cinco años es que la regla alemana se convierta en coartada. Si el principal exportador europeo justifica sus ventas a Israel por razones de cooperación industrial y seguridad regional, otros países pueden reclamar el mismo margen con argumentos parecidos. La coherencia del proyecto europeo de defensa depende menos de las declaraciones que de los estándares que se aceptan en la práctica.

La siguiente prueba de coherencia no se librará en Bruselas. Será la publicación del próximo informe anual de exportaciones y, sobre todo, la evolución del despliegue del INS Drakon en el Mediterráneo oriental.