El truco de José Andrés para detectar lata en mal estado: la tapa lo delata

El chef asturiano lo explicó revisando la tapa, la zona más blanda del envase. Un abombado en la parte superior puede delatar una contaminación por botulismo.

Hay un gesto que delata una lata en mal estado antes de abrirla: la tapa abombada. Todos hemos dudado alguna vez frente a una conserva con un golpe o con la superficie ligeramente curvada. La tentación de abrirla y oler es humana, pero puede ser un error.

José Andrés lleva años repitiendo el mismo consejo, y no es cuestión de exquisitez culinaria. Durante su etapa en Vamos a cocinar, en La 1, ya se detenía en la seguridad alimentaria con la naturalidad de quien ha visto demasiadas latas en una despensa. Cogía una lata de anchoas en salazón y explicaba qué mirar antes de llevarla a la mesa.

Convertido en un firme defensor de las conservas, José Andrés recuerda a menudo que se elaboran en el mejor momento del producto. La despensa enlatada no es un plan B: es una forma de comer pescado, verduras o legumbres fuera de temporada sin perder calidad.

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Para detectar una lata en mal estado, el chef insistía en revisar primero que no estuviera abombada en la parte superior y en descartar los envases con golpes evidentes. La tapa es la pista principal. Al ser la parte más blanda del envase, cualquier presión interna la deforma antes que las paredes.

Yo confieso que durante años creí que un pequeño abombado era normal si la lata llevaba tiempo en la despensa. Un día, la tapa de una conserva de berberechos cedió con un chasquido al apretarla. La tiré entera, sin abrir, por si acaso. No hace falta arriesgarse.

El secreto del éxito

  • Tapa: la pista principal. La parte superior es la más blanda del envase y la primera en deformarse si hay gases.
  • Golpes: motivo de descarte. Una abolladura profunda puede romper la estanqueidad y facilitar la contaminación.
  • Duda: cero catas. Si algo no cuadra, se tira. Probar una conserva sospechosa nunca compensa.

El botulismo es la razón de fondo. Esta intoxicación rara pero grave se produce por una toxina que genera gases al multiplicarse en un entorno sin oxígeno, como el interior de una lata mal sellada. Esos gases empujan la tapa hacia afuera y convierten el abombado en una señal visible. Puedes ampliar detalles sobre esta bacteria en su entrada de Wikipedia.

La tapa abombada no avisa de que la conserva está pasada: avisa de que dentro hay gases que nunca deberían existir.

Presiona el centro de la tapa con el pulgar. Si cede o hace clic, no la abras. Revisa también los laterales, sobre todo en latas grandes, donde un golpe puede pasar desapercibido entre el etiquetado. La inspección lleva menos de un minuto.

José Andrés lo resumía con contundencia: una lata abombada se desecha inmediatamente. No hay que olerla, ni pasarla a otro recipiente, ni cocinarla para ‘matar’ nada. La toxina botulínica no se destruye con un simple calentado doméstico.

La inspección en 30 segundos

Antes de comprar, gira la lata y mira la tapa superior con luz natural. Si está hundida o plana, bien. Si está abombada, déjala en el lineal. En casa, aplica el pulgar en el centro: debe ofrecer una resistencia firme y silenciosa.

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Después observa el cordón de cierre, esa unión entre la tapa y el cuerpo. Cualquier fuga, óxido o abolladura profunda en esa zona es motivo para no consumirla. Las latas con tapa flexible, como las de anchoas, requieren el mismo control: el abombado también se nota al presionar.

Variaciones y maridaje

Con las conservas caseras conviene extremar la precaución. Las verduras de baja acidez y los pescados en aceite necesitan un tratamiento a presión, no un simple baño maría. Si no puedes garantizar ese proceso, mejor consume la conserva en pocos días y guarda el tarro en la nevera.

Los tarros de cristal también avisan. En las tapas con botón de vacío, el centro debe estar hundido y no debe saltar al presionar. Si está levantado o se mueve, es la versión en vidrio de la lata abombada: descártalo.

Para cerrar con algo gastronómico, si tienes en casa una lata de anchoas en salazón que ha pasado la inspección, acompáñala con un vino blanco seco y pan tostado. La seguridad se comprueba, pero la conserva, cuando está en buen estado, se disfruta sin miedo.