La puerta giratoria entre la alta administración y el Ibex 35 vuelve a estar en el centro de la actualidad. Al menos diez exministros o ex altos cargos del Gobierno suenan ahora mismo para ocupar sillones en grandes cotizadas españolas. El patrón se repite: quien diseñó el marco regulatorio en energía, telecomunicaciones o fiscalidad acaba sentándose al otro lado, en el consejo de la empresa regulada. La lista abarca desde el exministro de Industria y Energía José Manuel Soria, vinculado a Repsol, hasta el exministro de Ciencia Pedro Duque, candidato a un puesto en el Consejo de Indra, con nombres del PP y del PSOE por igual.
El criterio para incluir a cada nombre no es el nombramiento confirmado, sino el rumor corporativo o la negociación que ha trascendido. Hay perfiles como Alberto Nadal, exsecretario de Estado de Energía, que podría aterrizar en Endesa, o Elena Salgado, exministra de Hacienda, que suena como consejera de IAG, la matriz de Iberia. La mayor parte no son ejecutivos, sino consejeros, a veces presentados como independientes, lo que acentúa la contradicción con su pasado regulador. Todos coinciden en un punto: han gestionado áreas estratégicas —energía, banca, aeropuertos, defensa o digitalización— en las que el sector privado necesita contactos y conocimiento de los pasillos del poder.
6Íñigo de la Serna suena para presidir Aena: el aeropuerto que él mismo gestionó desde Fomento
El nombre de Íñigo de la Serna suena en el sector como uno de los recambios que se barajarían en Aena si se abre la carrera por su presidencia, y basta repasar su currículo para entender el conflicto de interés. Ingeniero de Caminos, exalcalde de Santander y ministro de Fomento con Mariano Rajoy entre 2016 y 2018, ejerció como máxima autoridad política sobre el gestor, dueño de 46 aeropuertos y controlado por el Estado en un 51% a través de Enaire. Desde su ministerio se impulsó el Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA) con la rebaja de tasas del 1,9% anual hasta 2021, y en plena crisis de El Prat, en agosto de 2017, blindó ante el Congreso a la cúpula de Aena y a su entonces presidente, José Manuel Vargas, frente a los ceses que reclamaba toda la oposición. Pasar de fijar las reglas del aeropuerto a cobrarlas sentado en su consejo es el manual de la puerta giratoria.
Nada está cerrado: la actualidad del gestor apunta hoy en dirección contraria, porque el consejo tiene sobre la mesa la reelección de Maurici Lucena, presidente y consejero delegado desde 2018, que la junta de accionistas del 16 de abril debería ratificar por cuatro años más. El contexto, sin embargo, alimenta las quinielas: el DORA III, que prepara la compañía para el periodo 2027-2031, contempla 9.991 millones de inversión y una subida anual de tasas del 3,8%, un plan que ha enfrentado a Aena con las aerolíneas y con el fondo TCI, su primer accionista privado, con más de un 6% del capital. Si ese escenario acabara torciéndose, el exministro que ya gobernó la red desde Fomento aparece como el plan B con más avales por conocimiento del sector: también el más incómodo, porque su eventual fichaje haría explícito el tránsito de regulador a regulado que en España suele consumarse con más discreción.

