El Ayuntamiento de Barcelona abre expediente al líder de Vox en el consistorio por exhibir banderas de Ceuta desde el balcón municipal. La decisión, adoptada este martes, reaviva el pulso entre el gobierno de Jaume Collboni y la ultraderecha en la capital catalana.
Un balcón convertido en altavoz político
El hecho investigado se produjo el pasado 2 de septiembre durante la concentración convocada en la plaza de Sant Jaume por PP y Vox en apoyo a Ceuta, en plena crisis migratoria en la ciudad autónoma. Gonzalo de Oro, presidente del grupo municipal de Vox, salió al balcón del consistorio acompañado por el portavoz de Vox en el Parlament, Joan Garriga.
Ambos exhibieron banderas de Ceuta y de España ante los centenares de asistentes que se concentraban frente a las sedes del Ayuntamiento y de la Generalitat, situadas en la misma plaza. El gobierno municipal considera que la utilización del espacio pudo constituir un uso indebido de las dependencias municipales, razón por la que ha iniciado el procedimiento.
La Junta de Portavoces y el desmarque del PP
El expediente se acordó después de que la cuestión se abordara en la Junta de Portavoces del Ayuntamiento. PSC, Junts, ERC, Barcelona en Comú y PP se pronunciaron sobre la actuación, aunque los populares matizaron que no hubo una votación formal y pusieron en duda que exhibir banderas en el balcón pueda ser objeto de sanción.
De Oro ha denunciado una persecución política y ha asegurado que volvería a realizar la misma acción en apoyo a Ceuta. La posición de Vox choca con la de la mayoría de los grupos municipales, que considera que el balcón no puede utilizarse como altavoz de partido.
El procedimiento tiene, por ahora, carácter informativo y deberá determinar si existen motivos para imponer alguna sanción al dirigente municipal de Vox. No hay plazos cerrados para la resolución, según el Ayuntamiento.
Utilizar un balcón institucional para una protesta partidista abre un precedente que el gobierno de Collboni no quiere dejar pasar sin respuesta.
El precedente y la lectura política
La apertura del expediente no es un simple trámite administrativo. En el Ayuntamiento de Barcelona, la frontera entre el uso institucional y el mensaje político de los grupos municipales ha sido motivo de controversia durante los últimos mandatos, especialmente cuando el foco se ha desviado hacia asuntos de política estatal como la crisis de Ceuta.
Para Collboni, que gobierna en minoría y necesita acuerdos puntuales con otras formaciones, la gestión del choque con Vox supone un equilibrio delicado. Si el ejecutivo ignora la exhibición de símbolos desde el balcón, asume el coste de parecer tolerante con la ultraderecha. Si sanciona con dureza, alimenta el relato de persecución que ya ha activado De Oro.
La lectura que hacemos en esta redacción es que el expediente cumple una función de advertencia: marca el perímetro de uso de los espacios comunes del consistorio y, a la vez, devuelve la presión sobre Vox, que pasa a explicar por qué considera compatible su condición de grupo municipal con la utilización partidista del edificio.
La resolución final dirá si el balcón del Ayuntamiento puede volver a convertirse en atril de una causa ajena al debate municipal. De momento, el expediente sigue su curso sin que la oposición municipal haya logrado frenarlo.

