Oriol Junqueras regresa el viernes a la manifestación de la Diada tras cuatro años sin aparecer. El presidente de ERC intentará convertir el 11-S en un punto de apoyo para su candidatura, no en un plebiscito sobre su giro pactista.
Según la información publicada este lunes por Crónica Global, en la dirección republicana insisten en que Junqueras atraviesa su ‘mejor momento’. La amnistía puede llegar en cuestión de semanas y, con ella, la vía para volver a pelear por la presidencia de la Generalitat. Esa es su principal obsesión y algo que, en su entorno, consideran que ‘Catalunya le debe’.
La lectura interna es que el nuevo Junqueras ha construido un perfil de líder pragmático, defensor de grandes acuerdos transversales y más cercano a los socialistas que a la derecha independentista. Ha trabajado de la mano del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, mientras sostiene a Pedro Sánchez en Moncloa.
El pactismo como estrategia de consolidación
Junqueras no solo ha pactado fuera de ERC. También ha pilotado las negociaciones de los presupuestos catalanes, aprobados en junio en el Parlament con el Govern y los Comuns, y el nuevo modelo de financiación que espera el visto bueno del Consejo de Ministros.
En paralelo, ha logrado reconducir el caso de Gabriel Rufián. El portavoz de ERC en el Congreso ha abandonado su aspiración de liderar un frente de izquierdas nacional y, según el relato del partido, volverá a encabezar las listas republicanas en las generales, como muy tarde a finales de 2027.
La disidencia interna también queda amortiguada. Los sectores que estuvieron cerca de arrebatarle el poder en el último congreso mantienen algunos puestos, pero el resto ha quedado reducido a un papel irrelevante. Asuntos internos, que diría cualquier estructura política.
La amnistía y el control interno le dan oxígeno, pero el regreso a la Diada es un intento de reconstruir una relación rota desde los abucheos de 2021.
Esa política de acuerdos le ha dado resultados en el corto plazo y le permite llegar a la Diada con la maquinaria del partido relativamente alineada. Las encuestas no castigan el giro; al contrario, lo consolidan. Pero la calle independentista no lee solo sondeos.
De vuelta a la manifestación, Junqueras buscará el cariño de las bases. Esa es la pieza que, según la dirección de ERC, le falta para acabar de consolidarse como presidenciable.
Su última participación en la Diada data de 2021. Después llegaron las ausencias: un contagio de Covid en 2022, la voluntad de no eclipsar a Pere Aragonès y la lluvia en 2025. También pesaron las fricciones con los dos últimos presidentes de la Assemblea Nacional Catalana.
En aquella cita de 2021, pocos meses después de salir de prisión, una parte de las bases le abucheó. El reproche era su acercamiento a los socialistas. Algunos compañeros suyos han descrito aquel episodio como ‘muy traumático’.
De los abucheos al efecto Puigdemont
El reto no es solo emocional. Junqueras sigue encasillado, según los convocantes, en la vieja política. Para una parte del independentismo movilizado, el exvicepresidente del Govern sigue ligado al desenlace fallido del procés.
Ese es el ‘efecto Puigdemont’: mientras el expresident proyecta una apuesta más desacomplejada, Junqueras aparece como el artífice de un pactismo que no convence a los sectores más ortodoxos. La diferencia es sutil, pero la manifestación del viernes servirá para medirla.
Una Diada con menos músculo y foco en Orriols
Las expectativas de afluencia son bajas este 11 de septiembre. Es viernes y el puente invita a salir de Barcelona, no a llenar las calles. Ni los hechos de Elche, que motivaron un despliegue de esteladas en el Camp Nou durante la primera jornada de Liga, parecen impulsar una marcha comparable a las de principios de la pasada década.
Todo apunta a que el foco se lo llevará Sílvia Orriols en la víspera, el jueves, en el Fossar. La derecha independentista marca la agenda previa a la Diada y reduce el margen de Junqueras para un relato de unidad.
La lectura política de este regreso es bidireccional. Junqueras necesita demostrar que el pactismo no le ha alejado de la calle independentista, pero también que sigue siendo el único capaz de arbitrar entre la gobernabilidad del Govern y el voto más identitario.
El independentismo ya no llena el Fossar como antes. La Diada 2026 no se resolverá en una sola pancarta. Lo que se mide a partir del viernes es si el liderazgo de ERC puede sobrevivir a la desconfianza sin romper la mesa con Illa y Sánchez. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
