La ZBE de Vigo ha arrancado con tráfico normal y sin multas durante el primer año, mientras los vecinos piden más transporte público.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La ZBE de Vigo entró en vigor con cuatro perímetros restringidos y tráfico sin alteraciones en las primeras horas.
- ¿Quién está detrás? El Concello de Vigo, con señalización específica y sin sanciones durante el primer año.
- ¿Qué impacto tiene? Vecinos y BNG reclaman más transporte público y menos desigualdad entre conductores.
Primeras 24 horas: tráfico normal y señalización clara
Las primeras 24 horas de las zonas de bajas emisiones (ZBE) en Vigo transcurrieron sin grandes alteraciones en las calles más transitadas de los cuatro perímetros restringidos. O Progreso, una de las vías con más tráfico afectadas, concentra la restricción a lo largo de sus cerca de 400 metros de recorrido. La restricción también alcanza a unos 350 metros de Tomás Alonso en Bouzas, entre el cruce con Camilo Veiga y la Alameda de la villa, donde afecta a los vehículos que pretendan estacionar a ambos lados de la calzada dentro del tramo incluido.
La entrada en vigor del nuevo modelo de movilidad se dejó notar más en la señalización que en la circulación, con vehículos entrando y saliendo con normalidad y con una norma conocida por la mayoría de los ciudadanos pese a implantarse el jueves sin aviso previo. Las marcas pintadas sobre el asfalto, con la inscripción ‘ZBE Vigo’, se acompañan de señales verticales que especifican qué vehículos pueden acceder actualmente: los que disponen de etiquetas C, B, Eco y 0.
Durante el primer año no habrá sanciones. Los incumplimientos recibirán una notificación, no una multa, antes de que comiencen las penalizaciones y se endurezca el control sobre los accesos previstos. El modelo de implantación es gradual y busca la adaptación de los ciudadanos.
La puesta en marcha no convence a todos los vecinos. Hay quienes comparten el objetivo de reducir el tráfico y hacer el centro más amable, pero reclaman que las ZBE vayan acompañadas de alternativas reales al coche. Es el caso de Jesús, que considera positivo que los centros de las ciudades sean cada vez más peatonales, aunque reclama una mejora del transporte público. El centro se hace más amable, pero el transporte público sigue sin absorber la demanda.
Samuel, que reside en el entorno del Progreso coincide en que ‘como medida está bien’, pero reclama un plan específico para quienes viven dentro de las zonas afectadas. Pide facilidades para los residentes que ya tenían vehículo antes de la entrada en vigor de las restricciones y que necesitan acceder a sus viviendas sin tramitar permisos constantemente. Mayor accesibilidad para la gente que vive por la zona, resume, al recordar que muchas familias llevan allí toda la vida y ahora deben adaptarse a una norma nueva.
La ZBE de Vigo muestra un desajuste entre la ambición climática y una alternativa de transporte público que todavía no llega.
Vecinos y BNG piden alternativas al coche privado
Entre quienes consideran que las ZBE introducen una diferencia económica, las críticas son más tajantes. Serafín señala que ‘no todo el mundo puede permitirse comprar un coche eléctrico de más de 30.000 euros’. Otros van más allá, como Francisco, que califica la norma de ‘despropósito’ porque, a su juicio, ‘diferencia a las clases sociales’.
En el plano político, el BNG también cuestionó la puesta en marcha del sistema. El portavoz municipal nacionalista, Xabier P. Igrexas, calificó de ‘chapuza’ la entrada en funcionamiento y criticó la forma en que se instaló la señalización. El Bloque reclama alternativas al vehículo privado, con mejoras en el transporte público y la movilidad peatonal y ciclista.
El Laboratorio Gallego
La irrupción de la ZBE en Vigo no es un episodio aislado. Las zonas de bajas emisiones son obligatorias para los municipios españoles de más de 50.000 habitantes por la Ley de Cambio Climático, y Vigo, con más de 290.000 habitantes, es la mayor ciudad de Galicia. Vigo es el primer municipio gallego en superficie comercial y el más poblado, lo que convierte su ZBE en un referente autonómico. El debate local reproduce una tensión que se extiende por todo el país: la descarbonización de la movilidad avanza más rápido que la mejora del transporte público. En una comunidad con alta dispersión territorial, donde el coche es el principal instrumento de movilidad para muchos trabajadores, las restricciones al tráfico se viven de forma distinta que en grandes áreas metropolitanas con metro o cercanías.
El Concello de Vigo, gobernado por el PSdeG, defiende la medida como un paso hacia una ciudad más amable. El BNG, primera oposición municipal, exige más recursos para alternativas al coche. La estrategia de no multar durante el primer año es una fórmula de adaptación habitual en otras ciudades, pero la prueba real llegará cuando empiecen las sanciones y se endurezca el control. La cuestión de fondo es si para entonces habrá una red de autobuses, carriles bici y espacios peatonales a la altura de las restricciones. No se trata de un debate técnico: afecta a cómo miles de personas acceden a su puesto de trabajo, a la compra o a los servicios básicos. Lo que se decida en Vigo resonará en otras capitales de provincia.
Ficha del Caso
- El caso: La ZBE de Vigo arranca con cuatro perímetros restringidos y sin sanciones durante un año, pero vecinos y partidos cuestionan la falta de alternativas.
- Datos importantes: Etiquetas C, B, Eco y 0 permitidas; notificaciones sin multa el primer año; calles O Progreso y Tomás Alonso afectadas.
- Resumen: La movilidad baja en emisiones en Vigo muestra la tensión entre política climática, transporte público y equidad social, un debate con eco nacional.

