Los BRICS han adoptado este sábado en Nueva Delhi una Declaración de Nueva Delhi de 45 páginas que condena las sanciones unilaterales, rechaza las amenazas nucleares y reclama una reforma de la ONU para acabar con el monopolio occidental en el Consejo de Seguridad. La cumbre, la decimoctava del grupo, ha reunido a once miembros y ha servido a la India para exhibir capacidad de mediación entre actores enfrentados.
Una cumbre pensada para la foto y el documento
La presencia de Xi Jinping en Nueva Delhi, después de siete años sin pisar suelo indio, y la de Vladímir Putin, Cyril Ramaphosa y Masoud Pezeshkian dan al encuentro un peso simbólico que supera a la agenda formal. La diplomacia india ha logrado, además, que Irán y Emiratos Árabes Unidos, con intereses enfrentados en Oriente Próximo, avalen el mismo texto. No es un detalle menor: convierte a los BRICS en un foro donde la diversidad no se disuelve, pero se gestiona.
El documento, adoptado en la cumbre de Nueva Delhi, considera que las sanciones unilaterales y las sanciones secundarias son contrarias al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas. Los líderes del grupo sostienen que tienen un impacto negativo en los derechos humanos, la seguridad alimentaria y golpean de forma desproporcionada a los pobres y vulnerables. La crítica no nombra a Estados Unidos ni a la UE, pero el mensaje se dirige a ambos.
Durante la sesión, el primer ministro indio, Narendra Modi, ha defendido que ‘un mundo que cambia rápidamente no puede seguir gobernado por instituciones obsoletas’. En la declaración se repite la exigencia de reformar la ONU para reflejar las nuevas realidades globales. El texto es explícito: ningún país o grupo de países debería tener el monopolio de los puestos directivos de Naciones Unidas.
La declaración condena el terrorismo como acto criminal e injustificable, con mención expresa al atentado de Jammu y Cachemira de abril del año pasado, que dejó 26 civiles muertos y llevó a la India a un choque con Pakistán con drones y misiles. También apunta contra el bloqueo a Cuba y muestra preocupación por los ataques deliberados contra infraestructuras civiles y centrales nucleares pacíficas.
Los BRICS no debaten si el orden de 1945 está agotado: compiten por diseñar el tablero siguiente, con el Sur Global como electorado.
El pulso por el Consejo de Seguridad y la baza nuclear
China y Rusia, los dos miembros de los BRICS con asiento permanente en el Consejo de Seguridad, han reiterado su respaldo a que Brasil y la India tengan más peso en Naciones Unidas, incluido el propio Consejo. Es una apuesta retórica con escaso coste para Pekín y Moscú, pero que amplía la brecha frente a los países que defienden el actual reparto de poder. La referencia a las viejas instituciones de 1945 es, en realidad, una interpelación directa a Washington, París y Londres.
La declaración no menciona por su nombre la guerra de Ucrania. Sin embargo, introduce una advertencia relevante: ‘las salvaguardias, la seguridad y la protección nucleares deben mantenerse siempre, incluso en los conflictos armados’. RT, el medio estatal ruso, lo interpreta como una alusión a la central de Zaporiyia y a las ofensivas ucranianas contra la planta. Nosotros observamos que la ambigüedad del lenguaje permite a cada parte leer lo que necesita: Moscú gana condena sin citar a Kiev; Nueva Delhi gana un documento que no la obliga a romper con Occidente.

Equilibrio de Poder
La lectura estratégica es otra. La declaración de Nueva Delhi evoca el imaginario de la Conferencia de Bandung y del Nuevo Orden Económico Internacional: una coalición de países emergentes que pide voz en las instituciones creadas antes de su despegue. La diferencia es que hoy no es solo un grito poscolonial. Los BRICS ampliados acumulan una parte sustancial de la población mundial, de las reservas energéticas y del comercio de mercancías, un dato al que ningún actor serio puede restar importancia, ni siquiera Washington.
Para Estados Unidos, el movimiento tiene dos lecturas. La administración Trump mantiene su preferencia por los acuerdos bilaterales y el uso de la sanción como herramienta de presión. En ese contexto, la condena de las medidas coercitivas unilaterales no modifica su hoja de ruta, pero sí alimenta la narrativa de que el orden internacional ya no se escribe solo desde Occidente. La Unión Europea, por su parte, es el mayor emisor de sanciones autónomas en la práctica reciente: Bruselas no puede ignorar que el documento se dirige también a su modelo de poder normativo.
Para España, el impacto no es inmediato, pero conviene vigilarlo. El pulso por la reforma de la ONU toca directamente a un país que aspira a un protagonismo diplomático estable en el Mediterráneo y en Iberoamérica. La centralidad de Emiratos, Egipto o Etiopía en las nuevas geometrías del grupo obliga a Moncloa a afinar su política hacia el Magreb, el Sahel y el Cuerno de África, que es tanto como decir su frontera sur ampliada. Además, la crítica a las sanciones puede erosionar, a medio plazo, la eficacia de las medidas restrictivas que la UE impone a Moscú o a Teherán si sus socios del Sur Global dejan de aplicarlas.
La contradicción interna de los BRICS es evidente: India y China mantienen tensiones fronterizas sin resolver, Irán y Emiratos compiten por influencia regional, y Rusia necesita al grupo para evitar el aislamiento, pero no comparte su agenda de desarrollo con Pekín. Aun así, la diplomacia india ha logrado un documento de consenso. El reto que viene será ver si esa declaración se traduce en instituciones financieras, pagos en divisas alternativas o una postura común en Naciones Unidas. La próxima cumbre, en China, será el primer test.
La cita final queda anclada en el calendario: la presidencia india termina con la cumbre de Nueva Delhi, y el testigo pasa a China. No hay fecha precisa en el comunicado, pero el plazo ya corre.
