Los Pueblos Negros de Guadalajara: la escapada otoñal que los madrileños descubren tarde y repiten siempre

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Campillo de Ranas y sus aldeas: el municipio de las pedanías dispersas

Vista escénica de una aldea rural con una torre de iglesia prominente en medio de una vegetación exuberante y flores.

Campillo de Ranas no es un pueblo, sino un municipio de casi 92 kilómetros cuadrados repartido en aldeas. A su núcleo principal se suman las pedanías de Campillejo, El Espinar, Roblelacasa y Robleluengo, además de los despoblados de El Vado, Matallana y La Vereda, con una densidad que apenas roza los 1,6 habitantes por kilómetro cuadrado. El conjunto, a unos 1.100 metros de altitud en la sierra de Ayllón y dentro del parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara, es el corazón geográfico de la Arquitectura Negra: muros, tejados, corrales e iglesias levantados con lajas de pizarra sacadas del propio terreno. En el núcleo principal destacan la iglesia de Santa María Magdalena, con cimientos del siglo XIII y una torre que mezcla pizarra y piedra caliza, y el Museo de Maquetas. A poca distancia, la cascada del Aljibe, un doble salto de agua de unos diez metros sobre el río Jarama, es el gran reclamo senderista de la zona.

Su otra singularidad es haber convertido las bodas en motor económico. El alcalde socialista Francisco Maroto anunció en 2005 que casaría a parejas del mismo sexo cuando otros regidores amenazaban con objetar, y desde entonces ha oficiado alrededor de un millar de enlaces, con más de 70 al año. La fórmula ha reactivado una comarca que vivía de la ganadería: hoy el municipio suma 19 casas rurales, cinco restaurantes y un albergue, y sus 150 habitantes censados se multiplican los fines de semana. Casar allí cuesta una tasa de 200 euros y se oficia martes, jueves y sábados. A 63 kilómetros de Guadalajara y unos 120 de Madrid, Campillo ha pasado de ser una nota al pie de la España vaciada a un destino que, quien lo descubre, repite.