Los Pueblos Negros de Guadalajara: la escapada otoñal que los madrileños descubren tarde y repiten siempre

9
Cuándo ir: el calendario de colores y la ventana que evita aglomeraciones

Paisaje urbano vibrante con una mujer en un balcón, edificios urbanos coloridos a la luz del día.

El calendario manda. En la Sierra Norte de Guadalajara el otoño no es una fecha fija, sino una ventana que se abre a mediados de octubre y se cierra a mediados de noviembre. El pico de color suele llegar en octubre, cuando las hayas del Hayedo de Tejera Negra, el único de Castilla-La Mancha incluido por la UNESCO en la lista de hayedos primarios europeos desde 2017, pasan del verde a los amarillos, ocres y rojizos. A partir de noviembre el manto de hojas caídas gana terreno y el bosque cambia de registro: troncos blanquecinos, musgo, tierra húmeda y setas. En los propios pueblos negros, robledales y jarales tiñen de marrón y dorado un paisaje de pizarra que, a más de 1.200 metros de altitud, ya exige abrigo. Es también la época en que las cascadas, como las del Aljibe o las Chorreras de Despeñalagua, recuperan caudal con las lluvias.

La otra clave es el día de la semana. Los Pueblos Negros quedan a unos 120 kilómetros de Madrid y el trayecto ronda la hora y media o dos horas, de modo que fines de semana y puentes concentran las visitas. Valverde de los Arroyos, con unos 90 habitantes censados, cierra el casco a los vehículos en fin de semana y habilita aparcamientos a la entrada, reservando el más grande para los días de mayor afluencia. La ventana que evita aglomeraciones es de martes a jueves, entre finales de octubre y la primera semana de noviembre, esquivando el puente de Todos los Santos y el de diciembre. Si se quiere sumar Tejera Negra, los fines de semana y festivos de octubre y noviembre obligan a reservar aparcamiento (4,55 euros el turismo en 2025), que se abre tres meses antes y caduca a las 13:00; pasadas las 15:00 no se permite el acceso al hayedo.