París respalda al neerlandés Klaas Knot para presidir el Banco Central Europeo y reclama a cambio una pieza estratégica: la plaza de economista jefe. La propuesta informal, adelantada por Reuters y recogida por Europa Press, cuenta con el respaldo del presidente Emmanuel Macron y anticipa un choque con Alemania por el control de la política monetaria de la eurozona.
El movimiento francés llega en un momento de aceleración de la sucesión en el BCE. Fuentes cercanas a las negociaciones advierten de que tanto Christine Lagarde como la alemana Isabel Schnabel podrían dimitir antes de que expiren sus mandatos a finales de 2027, lo que empujaría a tomar decisiones durante el próximo año. La salida anticipada de ambas dejaría hueco en la presidencia y en el Comité Ejecutivo del BCE.
Knot dirigió el banco central neerlandés entre 2011 y 2025. Los inversores leen su perfil como el de un pragmático con inclinación natural hacia una política monetaria restrictiva, pero flexible cuando los datos lo exigen. ‘Es un halcón, pero de forma inteligente’, resume un representante francés en declaraciones recogidas por la agencia.
El precio que exige Francia por el sí a Knot es el control del servicio de estudios del BCE, la dirección general que prepara los análisis sobre los que la presidenta asienta después sus decisiones de tipos. El mandato del actual economista jefe, el irlandés Philip Lane, expira en mayo y París quiere esa silla para un candidato francés.
La aritmética no es menor: la presidencia y otros cinco puestos del Comité Ejecutivo se nombran por consenso entre los líderes de los 20 países de la eurozona, aunque Alemania, Francia e Italia disponen de una representación permanente de facto. Cualquier movimiento de Francia obliga a Berlín y a Roma a posicionarse.
La sucesión en el BCE no es un debate de currículums: es la primera batalla visible por el reparto de influencia post-Lagarde en la eurozona.
Por qué París cambia un halcón por la plaza de economista jefe
La lectura estratégica de la propuesta francesa es más fina de lo que parece. Con Knot, París acepta un perfil duro a corto plazo a cambio de colocar a un compatriota en el corazón analítico del BCE. El economista jefe no vota más que otros miembros del Comité, pero su servicio marca la agenda, selecciona los escenarios inflacionistas y condiciona el debate técnico. En una institución como el BCE, esa es una palanca casi invisible.
Alemania ya ha dado señales de resistencia. Berlín no quiere ceder la presidencia sin compensación y considera que la marcha anticipada de Schnabel ya debilita su posición. Por eso, cualquier acuerdo sobre la cima del BCE tenderá a resolverse en un paquete amplio que incluya también la silla de economista jefe y los puestos que vayan quedando vacantes hasta 2027.
El obstáculo alemán y la baza española de Hernández de Cos

Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España, se perfila como el principal rival de Knot para la presidencia. Considerado un voto oscilante durante su etapa en el Consejo de Gobierno, su perfil técnico y su procedencia del sur de Europa le convierten en en una alternativa natural si Berlín rechaza al neerlandés. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com creen que la banca alemana vería con buenos ojos un presidente más cercano a los postulados de Fráncfort que a los de París.
El tablero empieza a moverse, pero ninguna propuesta es formal. Francia ha lanzado un globo sonda con nombre y apellido; Alemania todavía no ha presentado candidato. El pulso, de alto riesgo político, se jugará en las cumbres europeas del próximo año y en las reuniones del Eurogrupo, donde los ministros de Finanzas de la eurozona tendrán que construir un consenso a veinte.
El Eje del Poder Europeo
El pulso por la sucesión en el BCE condensa los ejes tradicionales de la política europea. Por un lado, Francia y los países del sur quieren un BCE que no repita el ajuste brutal de 2011-2012, cuando Jean-Claude Trichet subió los tipos en plena crisis de deuda; por otro, Alemania y los frugales del norte temen que una política excesivamente laxa reactive la inflación estructural. Knot representa un equilibrio incómodo: es neerlandés, duro, pero con fama de pragmático.
Para España la partida tiene dos lecturas. La más obvia es la candidatura de Hernández de Cos: aunque el exgobernador no es visto como un radical, su presencia en la carrera devuelve al sur de Europa una voz que se perdió tras la salida de Mario Draghi. La segunda lectura es monetaria: si Lagarde se va antes de 2027 y llega un presidente más restrictivo, las futuras bajadas de tipos se condicionarán a la evolución de los salarios y a la inflación de los servicios un dato que en España se mantiene por encima de la media de la eurozona.
Observamos, en todo caso, un patrón conocido: cada vez que Francia y Alemania cierran un acuerdo bilateral sobre los grandes puestos europeos, el resto de los socios se limita a convalidar el reparto. Si esta vez el plan francés prospera, España, Italia y los del Este deberán decidir si lo aceptan sin discusión o si abren la negociación a un reparto más amplio.
El próximo hito concreto es el Consejo de Gobierno del BCE de octubre, aunque los nombramientos no entran formalmente en su orden del día. La discusión real arranca en el Ecofin de otoño y en la cumbre del Consejo Europeo de diciembre, cuando los jefes de Estado y de Gobierno tendrán sobre la mesa la primera versión del puzzle. Hasta entonces, la sucesión en el BCE seguirá siendo un debate de pasillos.

