Von der Leyen ha propuesto este miércoles un Consejo de Seguridad Europeo y un protocolo de emergencia que reabre el pulso con la OTAN. La presidenta de la Comisión Europea ha lanzado la idea en su discurso sobre el estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, y ha puesto a Canadá como primer candidato a socio asociado.
El discurso sobre el estado de la Unión ha girado este año sobre una tesis central: la arquitectura de seguridad europea ha quedado rezagada. Von der Leyen ha reconocido que la colaboración con la OTAN se refuerza, pero que doctrina, instituciones y mecanismos de decisión no han evolucionado al ritmo de la nueva realidad. Lo ha verbalizado sin rodeos: ‘El destino de Europa debe estar en las manos de los europeos.
La propuesta más llamativa es la creación de un Consejo de Seguridad Europeo, una suerte de alianza de seguridad mutua que sumaría a los países miembros de la UE con Ucrania, Reino Unido, Noruega, Canadá y otros socios. La presidenta ha defendido la urgencia de esta nueva estrategia en un momento de ciberataques, drones no identificados y presiones migratorias. El debate entra de lleno en las competencias de seguridad y defensa, un terreno históricamente reservado a los Estados.
El plot twist es mayúsculo.
Canadá entra por la puerta de asociación
Von der Leyen ha abierto la puerta a que Canadá se convierta en ‘el primer miembro asociado’ de la Unión Europea. La fórmula no está desarrollada jurídicamente, pero Bruselas la presenta como un salto desde el CETA, el acuerdo comercial vigente, hacia una alianza por el futuro. La cooperación iría más allá de la defensa y el comercio, y tocaría ámbitos como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la ciberseguridad.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ya había planteado en Davos que el viejo orden mundial ha muerto y que Canadá es ‘el más europeo de los no europeos’. Este jueves se dirigirá a la Eurocámara, siguiendo los pasos de Justin Trudeau. La relación se consolidará con una cumbre bilateral a finales de octubre en Montreal.
La idea de un Consejo de Seguridad Europeo no sustituye a la OTAN por ahora, pero es la señal más clara de que Bruselas quiere una columna vertebral propia.
Un artículo 4 europeo que reabre el pulso con la OTAN
La segunda pieza es un protocolo de seguridad de emergencia inspirado en el Artículo 4 de la OTAN. Von der Leyen propone que cualquier Estado miembro atacado pueda activar una convocatoria inmediata de los Veintisiete para coordinar una respuesta europea, evitar una escalada mayor y mitigar consecuencias. La Comisión Europea quiere un mecanismo más ágil que los actuales, orientado a ataques híbridos: drones, ciberataques,, o presiones sobre fronteras vulnerables.
La presidenta ha vinculado directamente estas amenazas con la crisis de Ceuta. ‘La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará a vuestro lado’, ha afirmado. La mención expresa a la ciudad autónoma coloca a España en el centro del nuevo protocolo y sirve de argumento para que los Estados del sur respalden la propuesta.
En el plano de Ucrania, Von der Leyen ha garantizado que la UE apoyará a Kyiv ‘con más firmeza que nunca durante el invierno más duro de la guerra’ y que se reforzará la defensa aérea. Hace unas semanas, los Estados dieron luz verde a comprar sistemas Patriot a Estados Unidos con recursos europeos. No ha habido anuncio de nuevas sanciones contra Rusia: la prioridad ahora es evitar que las ya impuestas se eludan.
China también ha aparecido en el discurso. La Comisión Europea anunciará una empresa europea para tierras raras, con el objetivo de diversificar socios y reducir la dependencia de Pekín en coches eléctricos, chips, baterías, tecnologías limpias y defensa. Es una pieza más de la autonomía estratégica que defiende Bruselas. Los matices importan.

Esa autonomía es la palabra clave. Porque entre la OTAN y la UE hay cada vez más zonas grises.
El Eje del Poder Europeo
La propuesta de Von der Leyen no es solo técnica. Repolitiza el debate sobre la defensa europea. El eje franco-alemán, impulsor tradicional de la autonomía estratégica, puede encontrar un terreno cómodo, aunque Berlín sigue siendo reacio a duplicar estructuras de la OTAN. Los países frugales del norte, con Países Bajos a la cabeza, vigilarán el coste presupuestario. Los Estados del sur, España e Italia entre ellos, acogen bien el giro hacia las amenazas híbridas y la presión migratoria, porque les afecta directamente. Los países de Visegrado y los bálticos, en cambio, mantienen la prioridad en la disuasión convencional y no quieren que el nuevo Consejo de Seguridad Europeo reste músculo a la Alianza Atlántica.
Para España, el discurso tiene tres lecturas. Primera: Ceuta se convierte en símbolo de la nueva doctrina europea, lo que refuerza a Moncloa ante la oposición. Segunda: el protocolo de emergencia podría implicar compromisos de respuesta rápida que obligan a revisar capacidades militares y de inteligencia. Y tercera: la posición dual de España, miembro de la OTAN y de la UE, obliga a un equilibrio delicado. Madrid no querrá aparecer como puente que debilite la Alianza, pero tampoco como freno al proyecto europeo.
A cinco o diez años vista, la creación de un Consejo de Seguridad Europeo, aunque nazca como foro de coordinación, puede alterar el reparto de poder dentro de la UE y con Washington. El precedente más claro es la crisis del euro, cuando la urgencia forzó mecanismos que antes parecían imposibles. La próxima ventana será la cumbre de Montreal a finales de octubre, donde se formalizará el primer paso con Canadá. Ahí se verá si la propuesta tiene socios reales o si es otra declaración que se diluye en la próxima cumbre del Consejo Europeo.
