ERC cierra la investigación de los carteles contra los Maragall: pide perdón y señala a Sabrià y Colomer

La responsable de cumplimiento del partido, Mireia Ingla, presentó las conclusiones ante el consell nacional reunido este sábado. El informe exime de culpa al exdirector de comunicación Tolo Moya y al militante de l'Anoia que encargó los carteles porque actuaban siguiendo órdenes

La investigación interna de ERC sobre los carteles contra los Maragall señala a Sabrià y Colomer y pide perdón. El partido cierra el caso con dos nombres propios sobre la mesa, una disculpa en voz alta y una pregunta que nadie responde: quién sabía qué y desde cuándo.

Qué dice el informe que el consell nacional escuchó este sábado

La responsable de cumplimiento de la formación, Mireia Ingla, presentó las conclusiones ante el consell nacional reunido este sábado por la mañana. El documento, avanzado por el diario Ara, coloca a los exvicesecretarios de comunicación Sergi Sabrià y Marc Colomer como máximos responsables de una operación que sacudió al partido desde dentro. La comisión de garantías, que tutelaba el expediente, da por cerrada la vía orgánica.

El informe traza una frontera nítida entre quienes pensaron la operación y quienes la ejecutaron. Ingla rebaja la responsabilidad del exdirector de comunicación, Tolo Moya, y la del militante de l’Anoia que encargó la impresión de los carteles. Ambos, concluye el texto, obedecieron órdenes. El relato ya tiene culpables.

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La elección del foro también dice algo. Presentar las conclusiones ante el consell nacional, y no en una comparecencia ante los medios, permite al partido controlar el relato y diluir el golpe en un sábado de septiembre. La figura de la responsable de cumplimiento existe, en teoría, para blindar los procedimientos internos frente a las urgencias de la política diaria.

Ni Sabrià ni Colomer ocupan ya puestos en la estructura orgánica del partido, lo que facilita un cierre sin terremoto en el organigrama. La duda es si la comisión de garantías se queda en la constatación de responsabilidades o abre expedientes formales. De momento, nadie dimite.

El texto incorpora además una petición de perdón explícita, una fórmula poco habitual en la política catalana, donde los episodios internos se resuelven con un cambio de organigrama y un comunicado de tres líneas. El perdón no responde, en cambio, a la pregunta incómoda: si la cúpula conocía la operación antes de que estallara.

El informe pone nombres y pide perdón, pero no explica cómo una operación así pudo diseñarse dentro del aparato de comunicación del propio partido.

De la revelación al cierre: dos años de guerra interna sorda

Sergi Sabrià

El expediente arranca con la revelación de que los carteles sobre el Alzheimer salieron de las propias filas de ERC. Desde entonces han pasado dos años de silencios calculados y de filtraciones cruzadas entre sectores del partido. Los nombres que aparecen ahora no son nuevos. El aval interno que los señala, sí.

Los carteles aludían a la enfermedad del expresidente de la Generalitat Pasqual Maragall y salpicaban, de paso, a toda la familia. Ese es el terreno donde el daño no se arregla con un informe. Tampoco con un perdón.

Dentro de la formación, el asunto se ha leído siempre en clave de estructura: quién controlaba la comunicación, qué margen tenía el aparato para operar, sin que la dirección lo supiera, y hasta dónde llegaba la lealtad de quienes redactaban los mensajes. Ese debate sigue abierto, y el informe no lo cierra del todo.

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La oposición catalana tiene material de sobra. Nadie espera que el caso se quede dentro de las sedes, y menos en un curso con elecciones municipales en el calendario. La factura se pasará también fuera.

Lo que este cierre significa para el Govern y para Moncloa

ERC no es un actor secundario en el tablero catalán. Esquerra Republicana sostiene al Govern de Salvador Illa desde fuera y acompaña al bloque de la investidura en Madrid, con la financiación singular como principal moneda de cambio. Cualquier temblor interno tiene traducción inmediata en las negociaciones abiertas con la Moncloa.

El precedente más cercano está en su propia historia reciente. El partido denunció con dureza el espionaje con Pegasus, reclamó responsabilidades y convirtió la transparencia en argumento electoral. Ahora firma un informe que reconoce una operación interna de desgaste. No es lo mismo. El contraste desgasta más que cualquier error.

Lo que observamos es un cierre calculado: el partido pone nombres, evita expedientes y pide perdón en el mismo movimiento. La paradoja incomoda, porque la formación que más ha insistido en la limpieza democrática de las instituciones catalanas resuelve ahora un capítulo propio con nombres propios y sin expedientes a la vista.

El calendario tampoco invita a pasar página. El curso político arranca estos días en Madrid y en el Parlament, y la carpeta presupuestaria vuelve a colocar a ERC en el centro de la ecuación. Un partido con heridas orgánicas abiertas negocia peor, o negocia más caro, que uno con las cuentas internas en orden.

El punto débil del cierre es de fondo. El informe señala a dos exresponsables de comunicación, pero deja fuera de foco a la dirección que los nombró y no aclara si alguien por encima de ellos conocía los detalles antes del estallido. La comisión de garantías debe decidir ahora si abre expedientes disciplinarios y si llama a declarar a los implicados. Con las municipales de 2027 en el horizonte, ERC tiene motivos para enterrar el asunto cuanto antes. Hasta entonces, el perdón queda escrito y la herida, abierta.