Mermeladas con solo 30% de fruta: cómo identificar en la etiqueta los aditivos y azúcares añadidos

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Si el azúcar aparece antes que la fruta en la lista de ingredientes, ese tarro es azúcar con fruta y no al revés

a spoon filled with sugar on top of a table

La lista de ingredientes no es un adorno: se ordena de mayor a menor peso según se incorporan al producto, una obligación que fija el Reglamento europeo 1169/2011 y que recoge la normativa española de etiquetado. Por eso, cuando en un tarro de mermelada leemos «azúcar, fresa» y no «fresa, azúcar», la etiqueta está diciendo algo muy concreto: ese envase lleva más azúcar que fruta. La norma de calidad de confituras y mermeladas exige que la mermelada común contenga al menos 300 gramos de fruta por cada 1.000 gramos de producto acabado, es decir, un 30%, mientras que la «mermelada extra» debe llegar al 50%. Un tarro que roza ese mínimo y se queda en el 30% de fruta es, en la práctica, azúcar con fruta y no al revés. La prueba está a la vista: basta girar el envase y leer las dos primeras palabras del listado.

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El dato gana peso si se cruza con otras menciones obligatorias que deben figurar junto a la denominación del producto. La etiqueta tiene que indicar «preparado con X gramos de fruta por 100 gramos» y el «contenido total en azúcares: X gramos por 100 gramos». Si el primer ingrediente es el azúcar y ese contenido total se acerca a 60 gramos por 100, no hay duda de la proporción real. Conviene vigilar además un truco habitual: repartir los azúcares en varios ingredientes (azúcar, jarabe de glucosa, fructosa, sirope, concentrado de fruta o de uva) para que ninguno figure por delante de la fruta. Son azúcares añadidos todos, aunque la etiqueta los presente por separado. Cuando el azúcar encabeza la lista, el consumidor paga sobre todo azúcar, y por eso esta señal merece estar entre las claves para reconocer una mermelada con poca fruta.