Vox capitaliza la alerta de la Embajada en Rabat sobre una nueva invasión de Ceuta el 23-S, día de las elecciones marroquíes.
La Consejería de Interior de la Embajada de España en Marruecos trasladó al Gobierno de Pedro Sánchez el pasado jueves un aviso sobre la proliferación de mensajes en redes sociales que llaman a protagonizar una nueva entrada multitudinaria en Ceuta el miércoles 23 de septiembre, coincidiendo con las elecciones legislativas del país vecino. La información, adelantada por La Gaceta, sitúa el foco en el perímetro de la ciudad autónoma, aunque algunos de los mensajes detectados también animan a intentar el acceso a Melilla.
Los servicios de información españoles ya vigilan los movimientos internos de población dentro de Marruecos para detectar cualquier concentración significativa en dirección a la frontera. Las publicaciones localizadas presentan la jornada electoral como una ‘oportunidad excepcional’ para burlar los controles marroquíes y alcanzar territorio español. El aviso remitido al Ejecutivo añade que ‘se prevé que aumenten las publicaciones conforme se acerque la fecha’.
Qué exige Vox y con qué argumentos sostiene su tesis
La alerta encaja en el argumentario que Vox despliega desde hace meses: el control efectivo de la frontera no depende de la buena voluntad de Rabat, sino de una decisión política del Gobierno. El partido sostiene que el aviso conocido este sábado confirma su diagnóstico sobre la improvisación del Ejecutivo y reclama un plan de choque con más efectivos de la Guardia Civil, apoyo de las Fuerzas Armadas en el perímetro y una declaración de emergencia migratoria que active todos los instrumentos del Estado.
Para la dirección de la formación, el precedente de julio desmonta la versión oficial de la sorpresa. Los documentos desclasificados por el Gobierno mostraron que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Policía Nacional y la Guardia Civil habían trasladado avisos sobre el aumento de la presión antes de que la situación se fuera de las manos. El partido subraya que aquello no fue un imprevisto, sino el resultado de una frontera sin mando único y de una cooperación con Marruecos atada a la coyuntura política.
La alerta de la Embajada no anticipa solo una nueva entrada: pone al Ejecutivo ante la evidencia de que la frontera se defiende con medios, no con declaraciones.
Qué margen tiene el Gobierno antes del miércoles
Marruecos ha movilizado alrededor de 200 antidisturbios, agentes de la Gendarmería y miembros de las Fuerzas Auxiliares en un simulacro de contención celebrado este jueves en las inmediaciones de la frontera ceutí. La Embajada española indica por ahora que no ha detectado indicios de que los comicios vayan a reducir la protección del perímetro, una diferencia notable respecto al 30 de julio, cuando buena parte de los efectivos marroquíes había sido destinada a Tetuán por los actos centrales del Día del Trono.
El contexto añade presión al dispositivo. Desde el 15 de agosto el perímetro ceutí permanece sometido a medidas extraordinarias de vigilancia y los servicios de inteligencia siguen las convocatorias que circulan en Marruecos. La ciudad arrastra, además, las consecuencias de la entrada de julio: más de 10.000 inmigrantes ilegales siguen en Ceuta según las cifras del Gobierno, mientras el Ejecutivo local eleva la estimación hasta 13.000, con apenas unos 4.000 alojados en instalaciones habilitadas por el Estado. Todo ello en una ciudad de alrededor de 83.000 habitantes.
La jornada electoral llega con un electorado joven desmovilizado. Apenas un 3% de los marroquíes de entre 18 y 24 años se ha registrado para votar y el desempleo juvenil ronda el 27%, según los datos de Reuters recogidos en la información conocida este sábado. La monarquía conserva amplias competencias sobre áreas fundamentales de la política del país, lo que limita el margen de los partidos y alimenta la desafección. Rabat trata de evitar que los comicios queden marcados por nuevas imágenes de miles de jóvenes dirigiéndose hacia territorio español.
En clave política, el aviso reactiva el eje que Vox ha convertido en condición de cualquier entendimiento con el Partido Popular. La formación sitúa el control migratorio como línea roja de futuras investiduras y recuerda que las comunidades donde gobernó en coalición con el PP rompieron precisamente por discrepancias en esta materia. El PP afronta ahora el dilema de respaldar el marco de Vox o de mantener un perfil propio sin desgastar su discurso de firmeza fronteriza.
La estrategia de Vox: del 30-J al 23-S
La formación llega a este episodio con un precedente que juega a su favor y con un calendario que le exige precisión. La entrada de finales de julio dejó imágenes que el partido ha utilizado para sostener que la frontera sur no admite respuestas improvisadas, y el aviso trasladado al Ejecutivo por su propia Embajada le permite reclamar medidas antes de que el problema se materialice, no después.
El margen institucional del partido es limitado: el control del perímetro depende del Ministerio del Interior y de la cooperación con Rabat, y sus iniciativas parlamentarias en materia migratoria han chocado hasta ahora con la mayoría que sostiene al Gobierno. Ahí está la contradicción que Vox subraya: el Ejecutivo presume de cooperación con Marruecos mientras su Embajada advierte de una nueva convocatoria masiva.
La cita del miércoles funcionará como prueba de esfuerzo. Si la frontera aguanta, el Gobierno reivindicará el dispositivo desplegado; si no, Vox tendrá material para exigir responsabilidades y para reabrir en el Congreso de los Diputados su exigencia de un mando único en el perímetro. La lectura de la dirección del partido es sencilla: la seguridad de la ciudad autónoma de Ceuta no admite esperas.

