La crisis de Ceuta deja al descubierto la incomodidad de Sumar en el Gobierno: gestiona poco y opina con cuidado.
El Ministerio del Interior ha reforzado las fronteras de Ceuta y Melilla ante la alerta de un nuevo intento de salto para este miércoles, 23 de septiembre, el mismo día en que Marruecos celebra elecciones legislativas. Fernando Grande-Marlaska confirmó el despliegue en la ciudad autónoma: tres pelotones de la Guardia Civil en cada una de las dos fronteras, un dispositivo de rastreo de fuentes abiertas y cerradas y cooperación con los servicios de inteligencia marroquíes.
La otra cara de la jornada es la de las entre 3.000 y 3.500 personas que siguen en la calle, muchas instaladas en precario en las playas del Trampolín y Benítez, menores incluidos. La cifra la puso el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, calculada a partir de las comidas que se reparten cada día.
El refuerzo de la frontera y la cuenta pendiente de los campamentos
El Gobierno busca ya nuevas ubicaciones para levantar un campamento temporal que acoja a quienes todavía no tienen destino. La localización se mantiene bajo discreción absoluta y, una vez elegida, tendrá que pasar por el Consejo de Seguridad Nacional. No es un trámite menor: el Ejecutivo insiste en que la decisión se adoptará «en consenso» con Ceuta, que dirige Juan Jesús Vivas.
Los números de la operación, por ahora, son estos: unos 8.000 inmigrantes reubicados en espacios acotados para proceder a su filiación, 6.000 adultos en instalaciones del Ejecutivo y más de 2.000 menores tutelados por la ciudad autónoma en quince centros. El pasado viernes, 18 de septiembre, se trasladó a 1.700 personas al campamento habilitado en dos parcelas del puerto. Torres confió en que «en muy poco tiempo, en unas pocas semanas» todos puedan estar fuera del Trampolín y de la playa Benítez.
Marlaska puso el acento en Rabat. «Marruecos está colaborando de una forma extraordinaria», dijo, tanto para facilitar el retorno de sus nacionales como para «abortar cualquier tipo de entrada irregular». Esa frase marca el tono con el que el Ejecutivo quiere encuadrar la crisis: contención, devoluciones y normalización.
La emergencia la gestiona Interior. La incomodidad la gestiona Sumar, que no tiene cartera en la respuesta y sí mucho que decir sobre el marco.
Por qué la crisis de Ceuta incomoda al espacio de Sumar

Sumar no tiene cartera en la respuesta operativa. Interior, Política Territorial y Migraciones son competencias socialistas, y eso deja al socio minoritario de la coalición en una posición incómoda: paga el coste político de estar en el Gobierno sin controlar ni el dispositivo ni el relato. Es un patrón conocido en esta legislatura, pero en materia migratoria se nota más que en ninguna otra. En la información disponible a cierre de edición no aparece una valoración pública del grupo sobre el refuerzo fronterizo.
Dentro del espacio conviven al menos dos lecturas. Una pone el acento en los derechos, en la tutela de los menores y en la regularización extraordinaria que el grupo ha defendido en sede parlamentaria. Otra mira el calendario electoral y advierte de que cada imagen de caos en la frontera alimenta el marco del PP y de Vox. Ninguna de las dos es ingenua: las confluentes no pesan lo mismo ni hablan para el mismo electorado.
Compromís responde ante la Comunitat Valenciana, Más Madrid lo hace en Madrid y Catalunya en Comú en Barcelona; Izquierda Unida, la Chunta Aragonesista y Galicia en Común aportan estructura y cuadros. En un asunto como la crisis de Ceuta, esa geometría territorial importa tanto como la ideología. No es lo mismo defender un discurso de acogida en un distrito urbano que sostenerlo en una ciudad fronteriza.
A eso se añade el factor externo. Podemos, con cinco diputadas propias tras concurrir por separado en julio de 2023, compite por el mismo espacio y tiene incentivos para marcar perfil por la izquierda del grupo. Cada silencio de Sumar es, para esa competencia, una oportunidad. Cada matiz, también.
La Dinámica de Coalición
El equilibrio interno de Sumar en este asunto se mide con dos cifras. La primera es 31: los escaños del Grupo Parlamentario Sumar en el Congreso de los Diputados, un grupo heterogéneo donde ninguna confluente tiene mayoría por sí sola. La segunda es 3.500: las personas que, según el propio Ejecutivo, siguen sin reubicar. La distancia entre ambas cifras explica la prudencia del espacio.
Con el PSOE, la crisis funciona como un punto de fricción de bajo voltaje. Sumar no discute el refuerzo policial, pero tampoco lo ha convertido en bandera. El precedente pesa: la reforma de la Ley de Extranjería decayó en el Congreso en julio de 2024 por falta de mayoría, y con ella la obligatoriedad de distribuir a los menores no acompañados entre las comunidades. Aquella aritmética sigue intacta.
La proyección pasa por dos fechas. La primera es el miércoles 23 de septiembre, con el dispositivo reforzado y las elecciones marroquíes como telón de fondo. La segunda es la aprobación del nuevo campamento por el Consejo de Seguridad Nacional, que el Ejecutivo sitúa «en los próximos días». Sin datos oficiales sobre el número final de plazas a cierre de edición. Entre ambas, Sumar tendrá que decidir si acompaña la gestión del Gobierno o si marca distancia, y esa decisión se cocina antes en la opinión pública que en las ejecutivas.
Ficha del Caso
- El caso: El Gobierno refuerza la frontera de Ceuta y Melilla ante la alerta de un nuevo salto coincidiendo con las elecciones legislativas de Marruecos, con miles de personas aún sin reubicar y la coalición observando desde posiciones distintas.
- Datos importantes: Entre 3.000 y 3.500 personas siguen en la calle; 8.000 ya reubicadas (6.000 adultos y más de 2.000 menores en quince centros); 1.700 trasladadas el 18 de septiembre al campamento del puerto; tres pelotones de la Guardia Civil en cada ciudad autónoma; alerta para el miércoles 23 de septiembre; el nuevo campamento requiere el aval del Consejo de Seguridad Nacional; Grupo Parlamentario Sumar: 31 escaños.
- Resumen: La crisis no rompe la coalición, pero tensiona su reparto de responsabilidades: Sumar asume el desgaste de gobernar sin controlar la respuesta operativa en la frontera.

