EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Reserva Federal ha subido los tipos 0,25 puntos, hasta el rango del 3,75%-4% —la primera subida desde julio de 2023— y sus proyecciones retrasan la vuelta de la inflación al 2% hasta 2029.
- ¿Quién está detrás? El FOMC (el comité que fija los tipos en la Reserva Federal) y su presidente, Kevin Warsh, empeñado en reformar la guía anticipada que la institución publica desde 2008.
- ¿Qué impacto tiene? Dinero caro durante más tiempo: encarece la financiación de la deuda española y de las filiales en EE. UU. de Iberdrola, Santander o Ferrovial, y abarata el viaje de los turistas estadounidenses a España.
La Reserva Federal ya no cree que la inflación vuelva al 2% esta década: sus proyecciones sitúan ese objetivo en 2029.
La decisión se cerró en la reunión de septiembre del FOMC, el comité que fija los tipos en Washington. El dinero caro ha venido para quedarse.
Qué ha decidido la Reserva Federal y por qué el calendario se estira hasta 2029
Los consejeros subieron los tipos 0,25 puntos, hasta el rango del 3,75%-4%. Es la primera subida desde julio de 2023, tras años de recortes y pausas. El indicador preferido del banco central, el índice PCE, corre hoy al 3,7%.
Junto a la decisión se publicó el SEP (Summary of Economic Projections), el documento con las previsiones de precios, paro y tipos de cada consejero, que el banco central difunde en la mitad de sus reuniones del año. La inflación bajaría al 2,3% a finales de 2027, seguiría por encima del 2% en 2028 y no alcanzaría el objetivo hasta 2029. Desde febrero de 2021, el indicador no baja de esa cota.
Las expectativas de los hogares acompañan ese deterioro. La lectura preliminar del índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan sitúa la expectativa de inflación a un año en el 4,6%, el nivel más alto desde junio. El repunte tiene un culpable identificable: la energía, disparada desde el arranque de la guerra con Irán.
‘Una vez que se enquista, es muy, muy difícil bajarla’, resume Jai Kedia, economista del Cato Institute, en declaraciones al Washington Examiner. Kedia sentencia que la política monetaria de 2020 a 2025 ‘va a pasar a los manuales como el ejemplo de cómo no se debe lidiar con la inflación’.
Washington ya no discute si la inflación volverá al 2%, sino cuándo. Y la respuesta oficial de la Reserva Federal es 2029.
Diez años son muchos.
El precio para España: deuda más cara y filiales americanas bajo presión

Tipos americanos altos durante más tiempo significan algo muy concreto en Madrid: el Tesoro emite deuda con la mirada puesta en el bono americano a diez años, y cada trimestre sin bajadas encarece la próxima subasta. El coste de de financiar el Estado no lo fija la Reserva Federal, pero su suelo sí. Con una deuda pública en torno a 1,6 billones de euros, el precio medio de financiación es una de las variables más sensibles de las cuentas públicas.
Las empresas españolas con filiales americanas lo notan antes. Iberdrola financia desde Nueva York buena parte del plan de inversión de Avangrid, su filial de redes y renovables, y Santander opera en el negocio de consumo estadounidense, donde los tipos altos engordan el margen tanto como la morosidad.
Ferrovial construye y explota infraestructuras en Texas y Nueva York, e Inditex ya sitúa Estados Unidos como su segundo mercado. Todas comparten un mismo vector: el coste del dinero que mueven en América se decide al otro lado del Atlántico.
Hay una cara amable: un dólar fuerte abarata el viaje de los turistas estadounidenses a España. La otra cara es la factura energética: el petróleo se paga en dólares, y un euro débil encarece cada barril que entra por los puertos españoles.
Nadie dijo que fuera gratis.
La Lógica de Washington
Visto desde dentro, la decisión responde a un problema muy concreto. La Reserva Federal tiene un mandato doble —precios estables y máximo empleo— y la pata de los precios lleva cinco años coja. Con la inflación instalada en el 3,7% y las expectativas de los hogares al alza, el banco central prefiere pagar el coste de un ajuste tardío antes que repetir el error de 2021, cuando Jerome Powell, entonces presidente de la Reserva Federal, calificó el repunte de ‘transitorio’.
El precedente que explica la lógica es el de Paul Volcker. Entre 1979 y 1982, la Reserva Federal llevó los tipos a máximos históricos, aceptó dos recesiones y solo entonces doblegó una inflación que llevaba una década enquistada. Nadie en Washington quiere repetir aquel sufrimiento.
La política que sostiene ese rumbo es incómoda. Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2024 con la inflación heredada como principal argumento de campaña, y a seis semanas de las elecciones de mitad de mandato el Partido Demócrata confía en que el bolsillo le devuelva el favor.
El Partido Republicano, mientras tanto, convive con un banco central presidido por Kevin Warsh, crítico declarado de la guía anticipada. El nuevo presidente de la Reserva Federal ha aprovechado la subida para reivindicar la independencia de la institución frente a la presión política.
Lo que observamos es que Washington está aplicando el manual de Volcker y no el de la indulgencia, con una diferencia clave: ahora el experimento se hace con la mirada puesta en las urnas. Y hay una incógnita seria: las proyecciones del banco central han fallado antes.
El propio Kedia recuerda que la Reserva Federal da a los ciudadanos ‘absolutamente ninguna claridad’ sobre cómo construye sus estimaciones. La próxima cita será la reunión de diciembre, cuando se publique un nuevo SEP; antes, en noviembre, las elecciones de mitad de mandato medirán el humor de un electorado que lleva cinco años pagando precios altos. Si los hogares acaban creyendo que la inflación es permanente, el riesgo es la profecía autocumplida: gastos, salarios y precios alineados al alza.
Ficha del Caso
- El caso: La Reserva Federal sube los tipos por primera vez desde julio de 2023 y admite que la inflación no volverá al 2% hasta 2029.
- Datos clave: Tipos en el 3,75%-4%; inflación en el 3,7%; previsión del 2,3% a finales de 2027; expectativas de los hogares a un año en el 4,6%.
- Para España: La deuda pública y las filiales americanas de Iberdrola, Santander, Ferrovial o Inditex seguirán financiándose caras, con dólar fuerte y energía importada más costosa.
