El PP andaluz aspira a conquistar por primera vez las diputaciones de Sevilla y Jaén en las elecciones municipales de mayo de 2027. La formación se ha marcado un objetivo medible: sumar algo más de 60.000 votos para arrebatar al PSOE las dos únicas instituciones provinciales que todavía se le resisten en Andalucía.
Desde las primeras elecciones municipales de 1979, hace casi medio siglo, los socialistas han gobernado ambos organismos sin excepción. Ni en sus peores noches electorales han perdido el voto provincial en Sevilla ni en Jaén. Casi cincuenta años de dominio socialista en los gobiernos provinciales son el muro que el PP quiere derribar ahora.
El órdago lo lanzó Antonio Sanz, vicepresidente segundo de la Junta de Andalucía y dirigente del PP andaluz, el pasado viernes en un encuentro celebrado en Cajasol. “Tenemos el partido más fuerte que nunca y las estructuras más desarrolladas”, defendió. A su juicio, hacer pleno en las diputaciones “se puede lograr”.
Los números que separan a Sevilla y Jaén del cambio
En Jaén el margen es mínimo y los socialistas lo miran con aprensión. En 2023, el PSOE sumó 139.551 votos frente a los 130.440 del PP: menos de 10.000 sufragios, en torno a dos puntos porcentuales. En Sevilla, la distancia es mayor, unos 53.000 votos —352.229 socialistas frente a 298.468 populares—, aunque no llega al 4% del electorado de la provincia más poblada de Andalucía.
La Diputación de Jaén está hoy en manos del PSOE con mayoría absoluta: 15 diputados frente a 12 del PP. La de Sevilla la gobiernan los socialistas en minoría, con 15 diputados frente a 11 populares. Una caída leve del PSOE, unida al reparto de escaños y al crecimiento de la izquierda del PSOE, podría poner ambas instituciones al alcance del PP, posiblemente en minoría y con apoyos puntuales de Vox, que actualmente tiene un escaño.
Sevilla y Jaén son las dos últimas provincias donde el PSOE conserva el poder provincial, y también las dos donde el PP mide su techo electoral en Andalucía.
Cabe recordar que el voto a las diputaciones no es directo: los ciudadanos no eligen a los diputados provinciales en una urna propia. Son los concejales electos en cada municipio quienes reparten después los escaños de la institución, en proporción al peso de cada partido en el conjunto de la provincia. Por eso el resultado en un pueblo de 2.000 habitantes vale tanto como el de la capital. Para los partidos, la diputación es una tarta de poder territorial y presupuestario, además de una cabeza de puente para afianzar el control local.
De Almería a Málaga: seis diputaciones ya son del PP

El mapa provincial ya está teñido de azul en seis de las ocho provincias. El PP gobierna con mayoría absoluta las diputaciones de Almería, Granada, Córdoba, Huelva y Málaga, y lo hace en minoría en Cádiz. Solo Sevilla y Jaén continúan bajo control socialista, y ahí es donde apunta ahora toda la estrategia popular.
Al otro lado, el PSOE andaluz que dirige María Jesús Montero sale a defender un patrimonio muy inferior al de sus mejores tiempos. En Jaén se celebran estos días las primarias para elegir candidato al Ayuntamiento, la única capital de provincia donde gobiernan los socialistas. A la inercia del resultado autonómico de mayo de 2026 se suma el declive en las encuestas de Pedro Sánchez, que puede arrastrar el voto local. El presidente insiste en que no habrá un ‘superdomingo’ con generales y municipales el mismo día, pero varias agrupaciones socialistas marcan ya distancias con la dirección federal.
La Lectura Andaluza
Andalucía lleva una década cambiando de color en el mapa institucional y las diputaciones son la última casilla por cubrir. El PP gobierna la Junta de Andalucía desde 2019 y revalidó su mayoría absoluta en las autonómicas de 2022. En comicios autonómicos, el PP ya fue la fuerza más votada en Jaén en 2012, y Sevilla cayó de su lado en 2022, cuando Juanma Moreno forjó su mayoría. Las municipales, sin embargo, siguen resistiéndose en esas dos provincias.
Para el ciudadano, la diputación es la administración más desconocida y, a la vez, una de las que más roza su vida diaria. De ella dependen carreteras de titularidad provincial, el abastecimiento de agua en muchas pedanías, los servicios sociales comunitarios, el apoyo a los ayuntamientos con menos recursos y buena parte de la financiación de los parques de bomberos. En Sevilla y Jaén, dos provincias con cientos de municipios pequeños, ese papel es determinante: lo que decida la diputación se nota en la frecuencia del transporte, en el arreglo de un camino rural o en la ayuda a domicilio de una persona mayor.
La lectura es clara. Si el PP cumple su objetivo, cerrará un ciclo de dominio territorial sin precedentes en la historia autonómica, y el PSOE tendrá que reconstruirse desde los ayuntamientos, que es exactamente donde se cuece el voto provincial. Los próximos meses traerán la designación de candidaturas —el PSOE de Jaén está ya en primarias—, la elaboración de las listas y el pulso por los presupuestos de las diputaciones. Quien mire solo las capitales se perderá la mitad de la película: en Sevilla y Jaén se juega el último reducto socialista de Andalucía.

