Lula acusa a Trump de interferir en las elecciones de Brasil: la inversión española, en el aire

El spot de la campaña de Lula se emitió en televisión a nueve días de la primera vuelta. Las filiales de Telefónica, Iberdrola o Santander en el país quedan expuestas a la volatilidad del real.

Lula acusa a Trump de interferir en las elecciones de Brasil y la inversión española queda en el aire.

La campaña del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, sostiene que Donald Trump quiere ‘colonizar’ Brasil para quedarse con sus recursos naturales. No lo dijo en un mitin: lo puso por escrito en un spot publicitario difundido el jueves por la noche en las redes sociales del candidato y emitido en televisión el viernes, a nueve días de la primera vuelta del 4 de octubre.

Traducido: el entorno de Lula acusa formalmente a la Casa Blanca de jugar dentro del proceso electoral brasileño a favor de sus rivales de la derecha radical. Y lo hace con la palabra ‘colonizar’, que en Brasil no funciona como hipérbole de campaña: es memoria histórica y, ahora, también una advertencia comercial.

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Qué dice el anuncio de la campaña de Lula

El spot, según el diario británico The Guardian, sostiene que el objetivo de Washington es capturar los recursos naturales brasileños y que ese intento pasa por influir en la votación de octubre. La campaña lo difundió en medio de un temor creciente a que esa injerencia condicione el resultado de unos comicios que se presentan ajustados.

Conviene recordar el calendario electoral, que en Brasil fija el Tribunal Superior Electoral, porque marca los plazos de todo lo demás. La primera vuelta se celebra el 4 de octubre y, si ningún candidato alcanza la mayoría absoluta, habrá una segunda vuelta a finales de mes. En juego no está solo quién gobierna Brasil los próximos cuatro años: está el modelo de relación con Estados Unidos, uno de los dos grandes socios comerciales del país junto a China.

La acusación tiene, además, un destinatario doble. Hacia fuera, coloca a Washington como parte interesada en el resultado. Hacia dentro, convierte cualquier gesto estadounidense en munición electoral para el oficialismo brasileño: un arancel, una sanción o un mensaje en redes sirven igual como argumento de campaña.

Brasil concentra una parte decisiva del negocio exterior español y cualquier sacudida en el real acaba traduciéndose en euros.

Por qué el 4 de octubre importa a las empresas españolas

La nómina de grupos españoles con presencia estable en Brasil es larga: Telefónica, a través de Vivo; Iberdrola, con Neoenergia; Santander; Repsol; y Mapfre. Todas dependen de la demanda interna brasileña, de sus concesiones energéticas y de un tipo de cambio que, cuando se mueve, se nota en las cuentas consolidadas en euros.

Lula Trump

Y aquí está la clave. Quien invierte en Brasil no cobra en euros: cobra en reales. Cualquier sacudida electoral se traduce primero en volatilidad de la divisa y después, si el episodio se agrava, en una factura contable al cierre del ejercicio. El riesgo no es solo político; es de cambio.

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Hay un segundo frente. Si el pulso entre Brasilia y Washington deriva en un choque arancelario, lo que se resiente es el tejido exportador brasileño: la industria, el agronegocio, la minería. Y con él, el consumo, el crédito y la demanda de energía que sostienen los ingresos de las filiales españolas. Una disputa comercial termina llegando a la cuenta de resultados.

¿Puede hacer algo una empresa española frente a ese escenario? Poco, más allá de cubrirse en los mercados de divisas y de repartir el riesgo entre países. Es la misma lección que el sector aprendió a base de golpes en América Latina durante las últimas tres décadas.

El precedente que explica por qué España mira con lupa estas elecciones

Esto ya ocurrió una vez. En 2002, cuando el real se desplomó en la antesala de la primera victoria electoral de Lula, los grandes grupos españoles con negocio en Brasil vieron cómo la crisis cambiaria les pasaba factura en los resultados de aquel ejercicio. La política brasileña nunca ha sido un asunto lejano para Madrid.

El segundo precedente es más reciente. En 2025, la administración estadounidense anunció aranceles del 50% sobre buena parte de las importaciones brasileñas, que después quedaron parcialmente recortados con excepciones para sectores como la aviación civil o los zumos. Aquel episodio obligó a las empresas instaladas en el país a rehacer previsiones en pleno año.

La diferencia es que ahora el choque no se libra en el terreno comercial, sino en el electoral, y eso lo vuelve más difícil de cubrir. Un resultado ajustado el 4 de octubre abre un periodo de incertidumbre en el que la prima de riesgo brasileña —el sobrecoste que exige el mercado para prestar dinero al país— y el tipo de cambio son los dos termómetros que conviene seguir. Si el real aguanta, las filiales españolas aguantan. Si no, la factura aparece en el próximo cierre trimestral.

España no tiene capacidad de influir en quién gana en Brasil, pero sí un interés legítimo en que el proceso se desarrolle sin injerencias externas y en que el marco regulatorio que sostiene tres décadas de inversión no se rompa. Es la misma posición que defiende Bruselas cuando alguien cuestiona sus procesos electorales. Habrá que ver si el 4 de octubre despeja la incógnita o la multiplica.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: La campaña de Lula acusa a Trump de querer ‘colonizar’ Brasil e influir en la primera vuelta del 4 de octubre mediante un spot difundido en redes y televisión.
  • Datos importantes: Primera vuelta el 4 de octubre de 2026, con segunda vuelta a finales de mes si nadie logra mayoría absoluta. Telefónica, Iberdrola, Santander, Repsol y Mapfre operan en el país.
  • Resumen: El pulso entre Brasilia y Washington expone la inversión española en Brasil al riesgo cambiario y regulatorio en pleno ciclo electoral.