Sánchez respalda a Hernández de Cos y Países Bajos a Knot en la sucesión de Lagarde en el BCE

Alemania y los países frugales empujan a Knot, mientras Sánchez reserva fuerzas para las candidaturas de Planas y Díaz. La salida anticipada de Lagarde busca blindar Fráncfort antes de que la ultraderecha gane peso en París y Berlín.

La sucesión de Lagarde en el BCE ya es una puja abierta entre Madrid y La Haya. El respaldo de Pedro Sánchez a Pablo Hernández de Cos y el de Rob Jetten a Klaas Knot han convertido un rumor de pasillo en una carrera oficial.

Christine Lagarde no ha confirmado aún su salida anticipada —su mandato no expira hasta octubre de 2027—, pero lleva meses alimentando la hipótesis. Primero en una entrevista con el diario francés Les Échos el pasado 2 de julio, donde admitió que una salida temprana era ‘posible’ siempre que ‘las aguas se calmaran’. Después, ya en septiembre, cuando trascendió que en una reunión del Foro de Davos respondió con un ‘estoy lista para servir’ a quien le sugirió dirigir la propia institución. La hoguera estaba encendida.

El trasfondo es político, no técnico. Emmanuel Macron y Friedrich Merz quieren cerrar el relevo antes de que sus calendarios electorales metan a la ultraderecha en la ecuación. En Francia, las encuestas colocan a Marine Le Pen ganadora en abril; en Alemania, Alternativa para Alemania sigue liderando los sondeos. Con un Macron que no puede presentarse a un tercer mandato, París y Berlín comparten la misma obsesión: blindar el sillón de Fráncfort antes de que cambie la aritmética parlamentaria. La propia Lagarde lo verbalizó a su manera: ‘el debate presidencial francés necesita escuchar una voz europea’.

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Knot parte con ventaja y con padrino alemán

Klaas Knot es, sobre el papel, el mejor colocado. Presidió el Banco de Países Bajos hasta julio de 2025 y arrastra una reputación de halcón, es decir, banquero central partidario de tipos altos, que encaja con los países frugales del norte. Según fuentes financieras consultadas, cuenta con el respaldo de Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, y Lituania. Sobre todo, de Alemania, y ese aval no es un detalle menor.

El respaldo alemán tiene su lógica. El BCE acaba de elevar los tipos al 2,5% y la inflación española ya supera el 4%, así que los gobiernos del norte prefieren un perfil de continencia monetaria. Un halcón en Fráncfort les garantiza que la institución no volverá a inundar de liquidez los mercados al primer susto. Eso sí, el aval de Berlín nunca es incondicional: el Bundesbank tiene sus propios nombres en la recámara.

El nombre propio es Joachim Nagel, gobernador del banco central alemán. Su perfil se lee como socialista, y Merz lidera la CDU, de modo que no cabe esperar un apoyo sin reservas. A eso se suma el llamado equilibrio de poder. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ya es alemana, y un segundo compatriota en la cúpula del BCE podría leerse en las capitales como una acumulación excesiva de influencia. La alemana Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo y halcón reconocida, tenía cartel para el puesto, pero en enero pone rumbo al Fondo Monetario Internacional y sale de la carrera por la puerta de atrás.

La sucesión de Lagarde no se juega en los mercados, sino en los despachos de Berlín y París, donde el calendario electoral pesa más que el currículum técnico.

De Cos y el respaldo tardío de Moncloa

Pablo Hernández de Cos tiene un currículum que pocos discuten en Fráncfort. Gobernó el Banco de España hasta 2024 y hoy preside el Banco de Pagos Internacionales (BIS), con sede en Basilea. Su respaldo llegó en una entrevista con ‘Bloomberg TV’, cuando Pedro Sánchez lo puso por las nubes: ‘tiene las capacidades, el conocimiento y el liderazgo necesario’. Añadió que sería ‘muy positivo no solo para España, sino para el conjunto de Europa.

No fue el único movimiento. Un día después, el primer ministro neerlandés, Rob Jetten, copió el guion en la misma cadena para defender a Knot: ‘presidió con gran éxito el banco central de Países Bajos en uno de los momentos más difíciles’ y ‘comprende el equilibrio entre el norte y el sur de la Eurozona’. Dos Gobiernos, dos candidatos, idéntico escaparate televisivo. La puja ya es oficial.

El problema para De Cos es que su candidatura compite con otras dos que dependen del mismo padrino. Sánchez tiene pendientes las carreras de Luis Planas a la dirección de la FAO y de Yolanda Díaz a la de la OIT. Fuentes financieras señalan que el presidente no ve con malos ojos la llegada del exgobernador al BCE, pero que podría priorizar el éxito de esas dos plazas. Quien sí ha empujado sin ambigüedades es el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que ha reclamado ‘un rol importante’ para España en la próxima formación del Comité Ejecutivo.

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A ello se suma una herida reciente. España tenía hasta hace poco una de las sillas de mayor peso del BCE: la vicepresidencia de Luis de Guindos. Su mandato terminó en junio de 2025 y en Fráncfort entró el croata Boris Vujcic. Hasta qué punto De Guindos conserva influencia interna para empujar a De Cos es, hoy, una incógnita.

Hernández de Cos BCE

El Eje del Poder Europeo

La puja por la sucesión de Lagarde es un retrato del equilibrio de poder en la Eurozona. El norte frugal, con Alemania y Países Bajos a la cabeza, empuja a uno de los suyos con un argumento técnico: la ortodoxia monetaria. El sur, con España al frente, reivindica que la segunda silla en juego no puede quedar siempre en manos del bloque acreedor. Es la vieja división que ya marcó la crisis del euro de 2010-2012, cuando las capitales del norte impusieron la austeridad y Fráncfort prestó respaldo con la condición de recortes. Aquella fractura nunca se cerró del todo; solo se aparcó con el paraguas de Next Generation.

La historia ofrece además una advertencia para quien se crea vencedor. En 2019, el nombramiento de Lagarde fue una sorpresa mayúscula: ni sonaba. El favorito era el finlandés Erkki Liikanen, y ya ven quién acabó en la silla. Con la carrera sin cerrar, nadie debería dar por escrito el guion. La única certeza es que cuanto antes se mueva la pelota, menos margen tendrá la ultraderecha europea para meter baza en la elección. Y en eso, París y Berlín van de la mano.

Lo que observamos es un patrón conocido: cada vez que el calendario electoral aprieta en las grandes capitales, Bruselas y Fráncfort aceleran los nombramientos antes de que el electorado pueda alterar el tablero. La decisión no se tomará en un despacho contable de Basilea ni en un informe técnico, sino en las cumbres que vienen. La próxima ventana real es la cumbre del Consejo Europeo de octubre y los contactos de los gobernadores en Fráncfort ese mismo mes. El procedimiento y los criterios de gobernanza que rigen el nombramiento están publicados en la web del Banco Central Europeo. Quien quiera el sillón de Lagarde tiene, como máximo, hasta bien entrado 2027 para convencer a los Veintisiete. Aunque, a este ritmo, la decisión llegará mucho antes y en una habitación cerrada a la que no entra el Parlamento Europeo.