La confianza del consumidor de EE. UU. cae a 48,1 mientras los pedidos de bienes de capital suben un 1,6 %

La Reserva Federal subió los tipos este mes por la guerra con Irán y el diésel en máximos históricos. El ánimo de los hogares empeora en los tres bloques políticos a la vez.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El índice final de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan cayó a 48,1 en septiembre, su peor lectura en cuatro meses, y la inflación esperada a doce meses sube al 4,6 %. Los pedidos de bienes de capital crecieron un 1,6 %.
  • ¿Quién está detrás? El Surveys of Consumers de la Universidad de Michigan; la Reserva Federal, que volvió a subir los tipos este mes; y un calendario electoral que apunta a las legislativas de noviembre.
  • ¿Qué impacto tiene? Un crudo caro y unos tipos altos en EE. UU. encarecen la factura energética española y tensan el euro frente al dólar.

La confianza del consumidor de EE. UU. cae a 48,1 en septiembre, la peor lectura en cuatro meses, con la inflación esperada al 4,6 %.

El dato definitivo del Surveys of Consumers de la Universidad de Michigan, la encuesta que se realiza desde 1946 y que la Reserva Federal mira antes de mover los tipos, confirma lo que el avance de mediados de mes anticipaba: 47,8, corregido al alza hasta 48,1. La caída mensual es del 7 %. Y no distingue colores políticos: republicanos, demócratas e independientes han empeorado a la vez.

Qué hay detrás del 48,1: gasóleo récord, guerra con Irán y una Reserva Federal que sube tipos

El detonante es la energía. El diésel marcó un máximo histórico en septiembre, la gasolina subió con fuerza, y la guerra con Irán ha dejado claro que el crudo no va a volver rápido a los niveles previos. La Reserva Federal subió los tipos de interés este mes, una decisión que se cuece en el FOMC (el Comité Federal de Mercado Abierto, el órgano que fija el precio del dinero en EE. UU.), ante la evidencia de que la presión sobre los precios no era pasajera.

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Los números del informe son elocuentes. La valoración de las condiciones actuales cedió un 1,9 %, pero el golpe llegó por el componente de expectativas, que se desplomó un 7 %. Entre los votantes demócratas, ese indicador retrocedió un 16,2 %. Entre los republicanos, un 11,4 %, y acumula una caída del 25,2 % desde enero. Los independientes cedieron un 0,6 % en el índice general y su medida de expectativas ya cae un 10,6 % en el año. La previsión sobre la economía a doce meses toca su nivel más bajo desde 2022.

Joanne Hsu, directora del estudio, lo resume sin rodeos: ‘A pesar de las diferencias políticas, los consumidores creen por unanimidad que las perspectivas de la economía han empeorado’. Y añade que las entrevistas revelan ‘un amplio acuerdo en todo el espectro político’ sobre ese deterioro.

La Reserva Federal no puede bajar tipos con la inflación esperada al 4,6 %, y la Casa Blanca no puede permitirse una economía que se enfríe antes de noviembre.

Las expectativas de precios son igual de claras. Los hogares esperan un 4,6 % de inflación a doce meses, cuatro décimas más que el mes anterior, y un 3,4 % a cinco años. El consumidor no cree que el episodio sea corto: lo ve instalado. Ese es, precisamente, el escenario que la Reserva Federal intenta evitar desde que tiene un objetivo explícito del 2 %.

Hay una paradoja en el informe. Las condiciones de compra de bienes duraderos mejoraron, pero sobre todo porque los consumidores quieren adelantarse a las subidas de precios. Comprar antes de que suba no es confianza: es miedo con tarjeta de crédito. Y aun así el gasto aguanta, porque el desempleo sigue en mínimos y las solicitudes semanales de subsidio se mantienen en su nivel más bajo para un año completo desde 1969.

Por qué los pedidos de bienes de capital suben un 1,6 % mientras el consumidor se hunde

inflación Estados Unidos

El otro lado de la foto llega desde la Oficina del Censo. Los pedidos de bienes de capital, los encargos de maquinaria y equipo que las empresas hacen a los fabricantes y que funcionan como indicador adelantado de la inversión, subieron un 1,6 % en el último dato. La lectura es sencilla: las empresas no han dejado de invertir aunque el ánimo del consumidor se desplome. Es la brecha clásica entre lo que se siente y lo que se factura.

Para España, la combinación importa más de lo que parece. El país importa prácticamente todo el crudo que consume, así que un diésel en máximos se traslada primero al transporte de mercancías y después a la cesta de la compra. A eso se suma el efecto divisa: unos tipos altos en EE. UU. sostienen el dólar, encarecen las importaciones energéticas facturadas en esa moneda y abaratan relativamente las exportaciones españolas.

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Las empresas españolas con intereses en Estados Unidos juegan en esa doble dirección. Iberdrola, Repsol, Santander y BBVA tienen negocio allí; Inditex y cadenas hoteleras como Meliá dependen del consumo estadounidense, y el turista americano que veranea en España decide con el mismo ánimo que refleja el índice de Michigan. En el plano financiero, la prudencia del Banco Central Europeo frente a una Reserva Federal que aprieta mantiene el euríbor lejos de los mínimos, y eso se nota en cada revisión de hipoteca.

La Lógica de Washington

¿Por qué la Reserva Federal sube tipos en pleno año electoral? Porque su mandato es doble, máximo empleo y estabilidad de precios, y porque la historia americana le ha enseñado qué ocurre cuando llega tarde. Paul Volcker llevó los tipos por encima del 20 % a comienzos de los ochenta para desactivar una inflación de dos dígitos que convirtió a Jimmy Carter en expresidente. Desde entonces, Washington asume que la inflación es el impuesto más impopular y el que antes se cobra en las urnas.

La coalición que sostiene esa lógica es amplia: el ala dura fiscal del Partido Republicano lleva décadas exigiendo un banco central ortodoxo, y el ala moderada acepta el coste en crecimiento antes que una subida de precios descontrolada. Lo llamativo del informe es que la política no ha dividido el ánimo: los tres bloques han empeorado. El nivel de los republicanos (77,2) sigue siendo más del doble que el de los demócratas (35,6), pero la tendencia es idéntica. Con las legislativas de noviembre en el horizonte, ese dato pesa en cada despacho del Capitolio.

El impacto sobre España tiene dos vectores importados: energía cara y dinero caro. El precio del petróleo lo fija un conflicto en Oriente Medio; el precio del dinero lo fija Washington, no Bruselas. Ni Madrid ni la Comisión Europea tienen margen para cambiar ninguno de los dos, y sin embargo ambos aterrizan en el IPC y en las cuentas de las energéticas. La próxima ventana clave es la reunión del FOMC de finales de octubre; antes llegará la lectura preliminar del índice de Michigan de octubre y, después, la cita electoral.

Ficha del Caso

  • El caso: La confianza del consumidor estadounidense se hunde en septiembre por el precio de los carburantes y la guerra con Irán, mientras la inversión empresarial aguanta.
  • Datos clave: Índice de Michigan en 48,1 (peor lectura en cuatro meses); inflación esperada al 4,6 % a doce meses y al 3,4 % a cinco años; pedidos de bienes de capital +1,6 %; tipos al alza tras la reunión de septiembre.
  • Para España: La factura energética y la paridad euro-dólar llegan antes que cualquier arancel; el euríbor, la industria y el turismo estadounidense son las tres correas de transmisión.