Lagarde alerta: la energía eleva el riesgo de inflación en la eurozona y el IPC español repunta al 4,9%

El BCE subió tipos 25 puntos básicos este mes y Lagarde avisa de que el shock energético puede enquistarse en los precios. España registra el IPC más alto desde febrero de 2023, con la gasolina como principal culpable.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Christine Lagarde ha advertido ante la Eurocámara de que el encarecimiento de la energía eleva los riesgos de inflación en la eurozona. El BCE subió sus tres tipos 25 puntos básicos a principios de septiembre y el IPC español repunta ya al 4,9%.
  • ¿Quién está detrás? El Banco Central Europeo y su presidenta, Christine Lagarde, ante el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo. En España, el dato lo certifica el INE.
  • ¿Qué impacto tiene? La inflación energética escala al 14,3% en la eurozona, frente al 10,3% de julio. En España golpea el transporte, la cesta de la compra y las hipotecas variables ligadas al euríbor.

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha advertido de que la energía eleva los riesgos de inflación en la eurozona. Lo ha hecho el mismo día en que el IPC español repunta al 4,9%, el nivel más alto desde febrero de 2023.

El BCE ya subió tipos: ahora vigila que la energía no se incruste en los salarios

Lagarde compareció ante el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, reunido en Bruselas. Allí dejó una idea central: el banco central no reacciona a los precios de la energía en sí mismos, sino al riesgo de que esos costes acaben incrustándose en la inflación general. Y ese riesgo ha vuelto a crecer.

Los datos le dan la razón. La inflación general de la eurozona subió al 3,2% en agosto, frente al 2,9% de julio. El componente energético escaló del 10,3% al 14,3%. El precio de la luz, el gas y los carburantes volvió a convertirse en el principal motor del alza de precios, justo cuando la moderación parecía encarrilada.

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El BCE elevó sus tres tipos de interés clave en 25 puntos básicos a principios de septiembre. Un movimiento que no responde a los precios energéticos en sí, sino a la hipótesis de que se contagien al resto de la cesta. Las proyecciones de los técnicos del banco, actualizadas ese mismo mes, sitúan la inflación general en el 3,0% de media en 2026, el 2,5% en 2027 y el 2,1% en 2028. El crecimiento, por su parte, se quedaría en el 0,9%, el 1,4% y el 1,5% en esos mismos ejercicios.

La propia Lagarde reconoció que las perspectivas para 2027 y 2028 son ahora más altas que hace unos meses, empujadas por la energía. ‘La perspectiva sigue rodeada de una gran incertidumbre, con riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico’, resumió ante los eurodiputados.

El BCE no reacciona al petróleo, pero sí al miedo de que el petróleo se quede: la energía vuelve a marcar la política monetaria de la eurozona.

Los salarios, de momento, no acompañan. Según la presidenta del BCE, todavía no hay evidencia de que los mayores costes energéticos se estén traduciendo en un crecimiento salarial más fuerte. Es la línea roja que separa un shock temporal de una espiral inflacionaria. Mientras esa evidencia no aparezca, Fráncfort insiste en que una política mesurada es lo apropiado.

El IPC español al 4,9%: la gasolina tensiona la cesta de la compra

España es el mejor termómetro de lo que Lagarde describe. El IPC español ha repuntado al 4,9% en septiembre, su nivel más alto desde febrero de 2023, empujado por el precio de los carburantes. El dato rompe la tendencia de moderación que el Gobierno venía exhibiendo desde principios de año.

El encarecimiento de la gasolina y del gasóleo tiene un efecto dominó inmediato. Sube el coste del transporte, encarece la distribución de alimentos, y presiona la cesta de la compra. Para las familias con hipoteca variable, el cuadro es incómodo: tipos altos y precios altos a la vez. El euríbor sigue por encima de lo que anticipaban los analistas, y el margen para que el BCE baje el precio del dinero se estrecha si la inflación no cede.

Los sectores intensivos en energía —transporte, industria y agroalimentario— son los primeros en notarlo. El INE confirmará el detalle por componentes en las próximas semanas, pero el patrón es claro: la energía tira otra vez del índice, sobre todo a través de los carburantes y de la electricidad.

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El Eje del Poder Europeo

El pulso vuelve a ser el de siempre, pero con los papeles cambiados. El eje franco-alemán empuja una política monetaria prudente. Berlín respira aliviado con unos tipos altos que contienen la inflación, aunque le pesa el estancamiento industrial. París, con más deuda y menos margen fiscal, mira con preocupación cada subida del BCE. Los frugales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca— reclaman mano dura y critican cualquier relajación antes de tiempo. Los del sur, España entre ellos, cargan con la factura social.

Para España, la lectura es incómoda. Con la inflación al 4,9%, Moncloa pierde margen para presumir de moderación de precios justo cuando Fráncfort mantiene el pie en el freno monetario. El euríbor elevado alivia la banca pero asfixia a las familias endeudadas. La subida de la gasolina actúa como un impuesto silencioso sobre el transporte y la logística, dos sectores clave para una economía dependiente del comercio y del turismo.

El precedente importa. En 2022, la invasión rusa de Ucrania desató la mayor crisis energética en décadas y el BCE respondió con la subida de tipos más rápida de su historia. Aquel episodio demostró que un shock energético puede enquistarse en los precios y forzar a Fráncfort a apretar el freno aunque la economía se enfríe. Ahora, la historia amenaza con repetirse, pero con un matiz: la eurozona crece por debajo del 1% y cualquier endurecimiento adicional tiene un coste político mayor.

Lo que observamos es una geometría conocida. Alemania quiere estabilidad de precios; Francia, margen fiscal; el norte, disciplina; el sur, alivio. El BCE intenta contentar a todos sin parecer que decide por nadie. El problema es que la energía no entiende de equilibrios: si el barril vuelve a dispararse, la eurozona tendrá que elegir entre contener la inflación y sostener el crecimiento. Y esa elección, como en 2022, la acabarán pagando los hogares españoles.

La próxima cita será la reunión del Consejo de Gobierno del BCE, en la que se actualizarán las proyecciones de inflación y crecimiento. Ahí se verá si Fráncfort mantiene el pulso o empieza a preparar la primera bajada de tipos.