Los caramelos de La Elisa que vuelven a endulzar España: tres empresarios salvan la fábrica de Hellín tras 175 años

La firma, en liquidación desde mayo, pasa a manos de tres inversores albaceteños que prometen mantener el empleo y el nombre. Los caramelos cilíndricos y los del Congreso seguirán saliendo de los obradores hellineros.

Hay nostalgias que caben en un caramelo: los caramelos La Elisa llevaban 175 años endulzando Albacete cuando su cierre pareció inevitable. Durante todo el verano, media provincia contuvo la respiración.

La fábrica de Hellín, esa que empezó a funcionar a mediados del siglo XIX, había entrado en mayo en fase de liquidación. Los números no salían. Y cuando una empresa centenaria empieza a vender activos para pagar deudas, lo normal es que acabe en una nave vacía y un cartel de ‘se vende’.

No ha sido así. Tres empresarios de la provincia han comprado la histórica factoría y han frenado en seco su desaparición. La producción sigue en Hellín y los empleados vinculados a la firma, también.

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El final feliz no estaba en el guion.

Hellín es, desde hace casi dos siglos, uno de los grandes templos del dulce de Castilla-La Mancha. A mediados del siglo XIX comenzaron a despuntar allí varios obradores artesanos que, con el tiempo, se convirtieron en una industria lucrativa para el municipio y para toda la provincia de Albacete. Peladillas, turrones, piruletas y caramelos salen hoy de fábricas con tecnología moderna, pero con las recetas originales de los maestros confiteros que trabajaban a mano.

El rey indiscutible sigue siendo el caramelo duro tipo pastilla: cilíndrico, con su envoltorio de papel y los extremos doblados en triángulo. Un invento hellinero que tiene en La Elisa a su referente más emblemático.

Una marca no cumple 175 años por casualidad: los cumple porque generaciones enteras han decidido que su sabor merece seguir existiendo.

A principios de agosto se hizo pública la noticia: la empresa había entrado en liquidación en mayo después de acumular problemas económicos, con la idea de vender los activos para saldar las deudas. La fábrica seguía en marcha, sí, pero parecía condenada. Hasta que aparecieron los compradores.

Uno de los integrantes de la nueva propiedad es Mariano Carreres, economista. Ha explicado que su intención es mantener la producción en Hellín y conservar a los empleados ligados a la empresa. Los objetivos inmediatos pasan por reactivar la factoría, corregir deficiencias e ir actualizando la producción poco a poco.

La nueva firma operará bajo la denominación Sweet Nougat. Eso sí, los propietarios quieren conservar el legado y el nombre de La Elisa, por el peso histórico y sentimental que tiene entre los hellineros.

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El secreto del éxito

  • Tres ingredientes y nada más: los caramelos cilíndricos se elaboran solo con azúcar, glucosa y los aromas que definen cada sabor. La sencillez es, aquí, el gran truco.
  • El formato inconfundible: la pastilla cilíndrica y su envoltorio de papel con los extremos doblados en triángulo son seña de identidad de Hellín y muy difíciles de imitar.
  • La receta que cruzó fronteras: los Caramelos del Congreso, con yema de huevo confitada y sabor a azúcar tostado, llevaron la marca mucho más allá de La Mancha.

Los caramelos que hicieron historia

  • Caramelos cilíndricos tipo pastilla, el clásico absoluto de Hellín
  • Caramelos del Congreso, con yema confitada y azúcar tostado
  • Peladillas y turrones, la otra gran tradición hellinera
  • Piruletas y nuevos formatos para tiempos modernos

Ciento setenta y cinco años de dulce

La historia se remonta a la antigua Confitería La Esperanza, de 1850, que adquirieron José María García Moya y Elisa Arsenal Collados, natural de Hellín. En 1913 el obrador pasó a llamarse La Elisa, en honor a la mujer de la pareja. El negocio familiar recayó después en su hijo, Eusebio García Arsenal, que dio el empujón definitivo a una marca destinada a cruzar las fronteras de la provincia.

Ya a finales del siglo XIX se popularizaron los confites de Hellín entre los diputados de las Cortes en Madrid, y de ahí les quedó el apodo de ‘los del Congreso’. En 1905, durante el reinado de Alfonso XIII, La Elisa logró incluso la distinción de proveedora oficial de la Casa Real.

Ahora se abre un capítulo nuevo. No exento de incertidumbre, porque reactivar una fábrica centenaria nunca es coser y cantar. Pero al menos hay futuro donde hace unos meses solo había liquidación.

Variaciones y maridaje

Los caramelos duros de La Elisa piden poco acompañamiento: un café solo, un té negro o un chupito de orujo. El contraste entre el dulzor tostado del caramelo y el amargor de la bebida es lo que marca la diferencia.

La marca también mira al futuro: la nueva propiedad quiere actualizar la producción y adaptar los formatos a los nuevos tiempos sin renunciar a los sabores de siempre. Ahí está la diferencia entre conservar y momificar.

Para conservarlos, nada de humedad. Una lata hermética en un armario fresco los mantiene perfectos durante meses. Y para quien nunca ha probado el dulce hellinero, los Caramelos del Congreso son la mejor puerta de entrada.