El preconcurso de acreedores de Volotea ya está sobre la mesa de un juzgado de Barcelona. La aerolínea con sede en la capital catalana busca renegociar su deuda y esquivar la desaparición después de encadenar varios ejercicios con balances en rojo.
La noticia, adelantada este mismo martes, no ha sorprendido en el sector. La situación financiera de la compañía era un secreto a voces desde hace tiempo, y el preconcurso se presenta ahora como la última carta antes de un concurso de acreedores en toda regla.
Volotea no cae por sorpresa: lleva años en números rojos
La carga financiera de Volotea viene de lejos. La compañía encadena varios años con resultados negativos y su deuda se ha ido engordando hasta convertirse en un lastre difícil de levantar. A eso se suma el encarecimiento del queroseno por el conflicto con Irán: fue la primera aerolínea en aplicar un recargo a sus clientes para compensar la subida del combustible.
La parte más delicada del pasivo tiene nombre y apellidos. Una porción importante de lo que debe Volotea es con el Estado, porque la compañía fue una de las aerolíneas rescatadas por el Gobierno central durante la crisis del Covid-19. Ese dinero, años después, sigue pendiente de devolución.
Barcelona, Bilbao y Menorca: las rutas que están en juego
La sede social de Volotea está en Barcelona y su operativa toca de lleno el Aeroport Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. La aerolínea conecta Foronda, en Vitoria, con la capital catalana mediante cinco frecuencias semanales, después de sumar una más coincidiendo con la suspensión del vuelo con Madrid por baja demanda.
Durante la temporada de verano ha operado también entre Foronda y Menorca con dos frecuencias semanales, los lunes y los jueves, hasta este 1 de octubre. Y donde Volotea tiene una implantación más fuerte es en Bilbao: en el aeropuerto de Loiu mantiene dos aviones basados y el año pasado fue la segunda aerolínea del aeródromo por pasajeros, con 608.427 clientes y alrededor del 8,6% del total. Su gran competidora es Wizz Air, que lleva tiempo recortándole terreno.
El preconcurso no cierra la puerta de Volotea, pero enciende la primera luz roja sobre una aerolínea con sede en Barcelona.
Qué significa el preconcurso para el pasajero catalán
Conviene aclarar una cosa: el preconcurso no es la quiebra. Es una figura legal que concede a la empresa un margen para negociar con los acreedores antes de que estos puedan reclamar formalmente el cobro. Es, en la práctica, pedir tiempo. Por eso los vuelos de Volotea, de momento, siguen despegando con normalidad.
La lectura que hacemos es otra. Que una aerolínea con sede en Barcelona recurra al preconcurso obliga a mirar el mapa de rutas catalán con cierta inquietud. Volotea no es un actor dominante en El Prat, pero su desaparición dejaría huecos en conexiones secundarias que otras compañías tardarían meses en cubrir.
El precedente más reciente en el sector no invita al optimismo. Las aerolíneas de bajo coste que operan en El Prat han ido concentrando rutas en pocos operadores, y una retirada de Volotea dejaría al aeropuerto con menos alternativas para destinos como Menorca o el norte peninsular.
Hay además una referencia obligada. Air Europa, rescatada también por el Estado durante la pandemia, es el espejo en el que se mira cualquier aerolínea española que se sienta al borde del abismo. La reestructuración que suele seguir a un preconcurso pasa por recortar flota, rutas, y plantilla antes de volver a volar. No todas las compañías sobreviven al proceso.
El detalle de la sede no es menor. El preconcurso se ha presentado ante un juzgado de Barcelona, y no de Madrid, en un contexto en el que el Govern reivindica que las empresas mantengan su arraigo en Cataluña. Si Volotea acaba en concurso, la Generalitat perderá una sede más en un sector, el aéreo, donde ya escasean.
Volotea ha comprado tiempo, no tranquilidad. Los próximos meses dirán si la aerolínea logra recomponer su deuda o si Barcelona pierde una compañía más en el mapa. De momento, la señal de alarma ya está encendida.
