Alemania acelera su rearme con misiles Tomahawk, balísticos israelíes y sistemas turcos

Berlín negocia el Typhon con Tomahawk de 1.600 kilómetros y prevé fabricar ATACMS en Unterluess desde 2028. Rheinmetall ha pasado de 70.000 a 1,5 millones de proyectiles de artillería al año.

El rearme de Alemania se mide ya en catálogos de misiles, no en discursos. La Bundeswehr negocia al mismo tiempo el sistema estadounidense Typhon con Tomahawk de 1.600 kilómetros de alcance, balísticos israelíes LORA ya disparados desde una fragata propia y proyectos turcos que llegan a los 6.000 kilómetros, según el análisis que RT publica a partir de contratos y anuncios industriales de los últimos meses.

Berlín reserva cerca de 3.400 millones de euros solo para los Typhon MRC, la plataforma terrestre que lanza el Tomahawk desde un contenedor remolcado. Con esa inversión, la Bundeswehr obtiene por primera vez capacidad de golpear centros de mando, bases aéreas, baterías de misiles, y nodos logísticos a más de mil kilómetros de su frontera. Es un cambio de categoría, no una compra puntual.

Del Tomahawk al Yildirimhan: el catálogo que negocia la Bundeswehr

El Tomahawk es la pieza conocida, no la única. Sobre la mesa hay proyectos ucranianos como el Flamingo, un misil de crucero de 3.000 kilómetros de alcance y una cabeza de guerra de 1.150 kilos, récord en su clase. Su problema es la precisión: la experiencia de combate indica que la mayoría de los ejemplares lanzados por las fuerzas ucranianas han acabado interceptados.

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Más relevante es el Anthem, un misil de crucero de largo alcance de la firma estadounidense-israelí Covenant, con más de 1.500 kilómetros y una cabeza superior a los 200 kilos. La empresa se ofrece a fabricarlo en Alemania con una cadencia declarada de 1.000 unidades al año. Sin sigilo y con especificaciones modestas: en la práctica, un dron kamikaze de largo alcance con precio contenido.

El músculo industrial ya existe. Rheinmetall ha pasado de fabricar unas 70.000 unidades de munición de artillería al año a 1,5 millones, y prevé invertir unos 30.000 millones de euros en seis años en plantas de armamento. A eso se suma el acuerdo con Lockheed Martin para producir ATACMS en Unterluess, el primer fabricante fuera de Estados Unidos, con el primer pedido previsto para finales de 2026 o principios de 2027 y la producción arrancando entre 2028 y 2029.

Alemania no está comprando disuasión: está comprando la capacidad de decidir el primer golpe en un conflicto que nadie ha declarado todavía.

El capítulo naval completa el cuadro. El 1 de septiembre, la alemana TKMS confirmó que la fragata Tipo F127 tendrá capacidad de interceptación de misiles balísticos exoatmosféricos, con interceptores SM-2 Block IIIC y SM-6 Block I. Hablamos de 178 metros de eslora, más de 12.000 toneladas y 96 celdas Mk 41; al menos cinco unidades, con la primera entrega a mediados de la década de 2030. A principios de septiembre, la Armada disparó dos balísticos israelíes LORA desde la fragata Sachsen-Anhalt. Ankara, por su parte, ve en Berlín un cliente codiciado para el Yildirimhan.

De la defensa territorial al ataque en profundidad

Bundeswehr rearme

La lectura oficial alemana es la disuasión frente a la ‘amenaza del Este’. Es el argumento que repiten el Ministerio de Defensa y la cancillería. Desde territorio alemán, un Tomahawk solo alcanza partes de la Rusia europea, lo que en teoría encaja con una defensa de flanco. Pero el paquete incluye drones de largo alcance, misiles israelíes de precisión y proyectos turcos de alcance continental: la arquitectura resultante está pensada para atacar en profundidad, no para interceptar en la frontera.

Cabe recordar que el Kremlin niega cualquier intención de atacar la OTAN y sostiene que el rearme alemán prueba una deriva ofensiva. Es la tesis que defiende RT, medio estatal ruso, en su análisis. La advertencia interesa, pero conviene leerla con la fuente a la vista. Lo verificable es el volumen de contratos, y ese volumen no depende de la retórica.

Queda la pregunta que nadie responde en público en Berlín: hasta dónde llega el techo presupuestario. El rearme se sostiene sobre deuda y sobre un consenso que puede romperse cuando el ciclo económico apriete. Detrás de la cooperación nuclear con el Reino Unido planea una duda incómoda: si parte del establishment alemán aspira a sustituir el paraguas nuclear estadounidense por algo propio. De momento es un arma de Chéjov.

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Equilibrio de Poder

Washington gana con este movimiento y no lo disimula. Cada Typhon vendido en Europa consolida la interoperabilidad con EUCOM, ata a Berlín a la estructura de mando de la OTAN y a la cadena de suministro estadounidense, y aleja la posibilidad de un sistema europeo realmente autónomo. Moscú aprovecha cada anuncio para vender el relato del cerco y justificar su propio despliegue en Kaliningrado y Bielorrusia. Bruselas, mientras, encaja las piezas: la AEDA carece de instrumentos para coordinar compras de esta escala.

Para España el efecto es indirecto, pero real. Si Berlín fija el estándar de gasto, el 5% del PIB deja de ser un techo y se convierte en un suelo. Alemania disponía de margen fiscal tras la reforma del freno a la deuda; España no. Cada euro que Berlín dedica a misiles es un euro que Moncloa tendrá que justificar ante Bruselas, y proyectos compartidos como el FCAS compiten por la misma bolsa. En el flanco sur, la frontera con Marruecos, el Sáhara y el Sahel siguen sin recibir ni una fracción de este esfuerzo industrial.

El precedente más útil no es Weimar, sino el despliegue de los Pershing II en la República Federal en 1983. Aquella decisión, también justificada como respuesta a una amenaza percibida, provocó protestas masivas, la salida soviética de las negociaciones de Ginebra y una década de tensión que solo se cerró con el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio. La diferencia es que entonces el armamento estaba bajo control estadounidense. Ahora Alemania quiere fabricar y decidir. Eso cambia el cálculo ruso.

Lo que observamos es una refundación de la defensa europea con acento alemán y con los mismos proveedores que ya dominaban el mercado. El indicador a vigilar es la firma del contrato Anthem y el primer pedido europeo de ATACMS fabricados en Unterluess: si ambos se cierran antes del verano de 2027, la reindustrialización militar alemana dejará de ser una promesa. El Consejo Europeo de diciembre y la próxima cumbre de la OTAN serán la prueba de si los socios aceptan el nuevo suelo de gasto.