Bessent acusa a Warren de manipular la inflación en Estados Unidos con su ‘Trumpflation tracker’

El Departamento del Tesoro contrapone su propio cuadro: ganancia semanal real un 1,5% arriba desde enero de 2025 y una inflación subyacente anualizada del 2,5%. El panel de la senadora cifra el sobrecoste por hogar en 3.388 dólares.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, acusa a la senadora Elizabeth Warren de manipular la inflación en Estados Unidos con fines políticos.

Dos cuadros y dos maneras de medir la misma economía

La respuesta llegó este viernes en un comunicado y con un cuadro propio, el ‘Trump Affordability Tracker: The Full Picture’, que el Departamento del Tesoro publicó como contrapunto al panel de la senadora, según el relato recogido por Breitbart News. ‘Otro día, otra lección de Economía 101 para la profesora Warren’, escribió el secretario. En su texto, Bessent sostiene que el panel demócrata ignora ‘la ola de la Bidenflation que aplastó a las familias americanas’ y selecciona el tramo de crecimiento salarial que más le conviene. Su conclusión: lo de Warren es ‘un juego de manos estadístico’.

El panel de Warren, presentado el miércoles, mide la inflación acumulada desde diciembre de 2024 —un 5,2%— y estima que el encarecimiento cuesta 3.388 dólares adicionales a cada hogar. Sus indicadores siguen la cesta de la compra, la gasolina, la electricidad, el alquiler o la cobertura sanitaria.

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Frente a esas cifras, el cuadro del Tesoro responde con ritmos anualizados. La inflación subyacente —la que excluye alimentos y energía— se sitúa en el 2,5% con Donald Trump, frente al 4,7% del mandato de Joe Biden. En agosto, la tasa interanual fue del 2,4%, la más baja desde marzo de 2021. Los alimentos suben un 2,1% anualizado y el alquiler, un 3,0%.

La diferencia no está en los datos, sino en la aritmética. El cuadro del Tesoro mide a qué velocidad suben los precios en cada mandato. El de la senadora mide cuánto se han encarecido los mismos productos desde diciembre de 2024 y suma ese sobrecoste mes a mes. Son dos preguntas distintas: cuánto se encarece la vida cada año y cuánto se ha encarecido desde que Trump volvió al Despacho Oval. La aritmética decide.

En salarios, el Tesoro reivindica una subida del 1,5% en la ganancia semanal ajustada por inflación desde enero de 2025, frente a una caída del 3,9% en los cuatro años de Biden. La serie de la senadora arranca en febrero de 2026, al inicio de la guerra con Irán, y deja fuera los primeros meses del mandato republicano. En sanidad, calcula un alza del 14,6%, 929 dólares, a partir de una proyección que su propia metodología describe como estimación ilustrativa.

La pelea no es sobre si los precios suben, sino sobre desde cuándo se cuentan: la inflación acumulada y la anualizada cuentan historias distintas con los mismos datos.

Por qué este pulso estadístico acaba pesando en Madrid

Scott Bessent

Este debate no es un entretenimiento estadístico de Washington. Los datos de inflación en Estados Unidos marcan los tipos de la Reserva Federal, y esos tipos mueven el dólar, el coste de la deuda y las condiciones de financiación de toda la eurozona. Un dato subyacente del 2,4% acerca la bajada del precio del dinero. Y en medio, España.

El canal más directo es el tipo de cambio. Un dólar fuerte encarece las importaciones energéticas que se pagan en esa divisa y mejora la posición del turismo español frente al visitante americano. Las empresas españolas con negocio en Estados Unidos —Iberdrola, Ferrovial, Santander y BBVA— financian parte de de su actividad en ese mercado y notan en sus costes cada movimiento de la Reserva Federal.

La discusión también tiene eco en Madrid y en Bruselas, donde se debate cómo se comunica el dato de precios y qué parte del encarecimiento percibe el ciudadano en la cesta de la compra. La diferencia es de arquitectura institucional: en España el índice lo publica el INE; en Estados Unidos, la Oficina de Estadísticas Laborales, la misma cuyo índice sanitario el panel de la senadora no utiliza.

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La Lógica de Washington

La Casa Blanca no discute el dato. Discute el marco. Desde que los precios se convirtieron en el primer problema político de los votantes americanos, el Tesoro ha transformado la asequibilidad en un género propio, con cuadros que compiten con los que publica la oposición. La lógica es sencilla: en una campaña legislativa, quien fija el indicador fija el debate.

Detrás de esa estrategia está la coalición que devolvió a Trump a la Casa Blanca: hogares de renta media y trabajadores sin título universitario que votan con la factura de la compra en la mano. Para ese electorado, la estadística no es un asunto técnico.

El precedente americano avala la pelea. En 1995, el Senado encargó a un panel liderado por Michael Boskin revisar si el índice de precios exageraba la inflación; concluyó que la sobreestimaba en torno a un punto al año, y el dato se revisó. Quince años antes, en 1980, Ronald Reagan ganó con una pregunta —si el votante vivía mejor que cuatro años antes— construida sobre el ‘índice de la miseria’, la suma de inflación y paro.

Para España, el resultado importa menos que la tendencia. Si la inflación subyacente americana se consolida por debajo del 3%, el margen del FOMC para recortar se amplía (el comité de la Reserva Federal que decide los tipos de interés), y con él el alivio en la financiación de la deuda española. La incógnita es el calendario: los cuadros se actualizarán cada mes y coincidirán con las próximas reuniones del FOMC y con la campaña de las legislativas.

Ningún cuadro baja el precio de la leche. Eso lo decide el mercado.

Ficha del Caso

  • El caso: El secretario del Tesoro responde al ‘Trumpflation tracker’ de la senadora Warren con un cuadro propio sobre precios, salarios y renta de los hogares.
  • Datos clave: Inflación acumulada del 5,2% desde diciembre de 2024 y 3.388 dólares de sobrecoste por hogar según el panel demócrata; 2,5% de subyacente anualizada bajo Trump frente al 4,7% con Biden, según el Tesoro.
  • Para España: Los tipos que dependen de estos datos marcan el dólar, el coste de la deuda y la financiación de las empresas españolas con presencia en Estados Unidos.