Los ataques de lobo en Verín dejan cinco animales muertos y uno herido grave, y el sector reclama respuestas a la Xunta.
Cinco animales muertos en una sola noche y tres parroquias afectadas
El reparto de las pérdidas dibuja una noche larga. En Pazos, dos ovejas muertas y una tercera con heridas graves en una pata. En Queirugás, dos cabezas de ganado sin vida. En Cabreiroá, otra más. El balance provisional es de al menos cinco animales muertos y uno gravemente herido, según la información difundida desde la zona, en el entorno de Verín, y con los ganaderos de Vilardevós en alerta. Las fotos las cedió su propietaria.
Lo que inquieta no es solo el número. Es cómo entraron. En los tres lugares, los atacantes superaron las alambradas instaladas para proteger a los rebaños; en Pazos, la cerca medía tres metros. Agentes medioambientales habrían señalado que los lobos pueden trepar por las alambradas, lo que complica la protección incluso en fincas con cerramientos altos. La barrera física ya no es garantía.
Falta la certeza sobre los autores. No está confirmado que los ataques correspondan a los mismos ejemplares avistados antes en la comarca. La duda añade una capa de incertidumbre sobre un territorio que ya convive con la sospecha permanente y con la sensación de que el problema se repite cada temporada.
Del daño en la explotación a la política de gestión del lobo
La petición del sector es doble: compensación y anticipación. Los ganaderos denuncian la presión del depredador sobre la cabaña y reclaman a la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico, con sede en Santiago de Compostela) algo más que vallados. No se trata solo de reponer animales. Se trata de saber si el protocolo funciona cuando el lobo aprende a saltar la valla.
El margen de la administración no es ilimitado. El lobo al norte del Duero está en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo que restringe las extracciones y obliga a justificar técnicamente cualquier control. La Consellería de Medio Ambiente no figura, de momento, entre las fuentes citadas en la información difundida, y no consta una valoración oficial del daño. Sin ese paso, la pérdida la asume la explotación.
En el rural gallego la política del lobo no se discute en abstracto: se mide en animales muertos al amanecer y en alambradas que no bastan.
Cada animal muerto es una pérdida directa y cada herida grave, una factura veterinaria. El calendario administrativo rara vez corre a la velocidad del lobo. La explotación adelanta el coste y espera.
La cuestión tampoco es nueva. El lobo lleva décadas en el centro de las protestas del rural, y cada oleada de ataques reabre la misma pregunta: hasta dónde llega una administración que no controla el monte pero sí las normas que lo ordenan. Galicia lleva tiempo mirando a Madrid. Y Madrid, últimamente, también mira a Galicia.
El Laboratorio Gallego
En clave autonómica, el asunto incomoda a los tres grupos con representación en el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral, con 75 diputados). Al PPdeG porque gobierna y administra el descontento; al BNG porque ha hecho del rural una seña de identidad; al PSdeG porque compite por el mismo electorado disperso. Nadie puede mirar a otro lado con cinco animales muertos en una noche.
La lectura nacional también existe. El PP ha reclamado en distintas instancias una revisión del estatus de protección del lobo, y el discurso de la Xunta ha caminado en la misma dirección; en Bruselas el pulso sigue abierto. Galicia funciona aquí como banco de pruebas: si una comunidad con mayoría absoluta no logra contener el conflicto, el mensaje que traslada al país es que el problema no es de gestión autonómica sino de marco legal.
La próxima cita no tiene fecha en el calendario oficial, y ahí está parte del problema. Lo inmediato es la temporada de partos, la época de mayor presión sobre el ganado en extensivo. Después, la vía parlamentaria: si el BNG o el PSdeG registran iniciativas, la Consellería tendrá que explicar cuántos ataques se contabilizan y con qué criterio. El riesgo es que el debate derive en un pulso de titulares. Ahí se juega la credibilidad del modelo.
Ficha del Caso
- El caso: Varios ataques atribuidos al lobo en Pazos, Queirugás y Cabreiroá, en el entorno de Verín, dejan al menos cinco animales muertos y uno herido grave.
- Datos importantes: En los tres puntos los atacantes superaron alambradas; en Pazos, de tres metros. Agentes medioambientales apuntan a que el lobo puede trepar por los cerramientos.
- Resumen: El sector exige respuestas a la Xunta mientras el debate sobre la gestión del lobo regresa al rural gallego y a su lectura nacional.

