Meloni congela el 13º paquete de armas a Ucrania hasta después del 3-N

El paquete, previsto en julio, acumula tres aplazamientos y deja sin fecha los interceptores Aster 30 prometidos a Macron y Zelenski. La Liga de Salvini y Giorgetti bloquean el decreto mientras Meloni espera al 3-N.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Meloni ha congelado el 13º paquete militar a Ucrania, que debía incluir interceptores Aster 30 para los sistemas SAMP/T y que acumula ya tres aplazamientos desde julio.
  • ¿Quién está detrás? La Liga de Matteo Salvini y el ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, frenan el decreto; Exteriores y Defensa empujan a favor. Roma no confirma la información, adelantada por La Repubblica.
  • ¿Qué impacto tiene? Kiev se queda sin munición antiaérea comprometida para octubre y Europa pierde un argumento frente a la presión de Washington para financiar el esfuerzo de guerra.

Meloni ha convertido el 13º paquete de armas a Ucrania en rehén de su coalición y del calendario electoral de Washington. El decreto que autoriza el envío no ha pasado por la comisión parlamentaria de inteligencia y el Gobierno italiano ni confirma ni desmiente la fecha. Lo que nació como un retraso técnico se ha convertido en un pulso interno.

El paquete se esperaba en julio. Luego, en septiembre. Tres aplazamientos y ninguna fecha de salida. La consecuencia más visible es que Kiev se queda sin los interceptores Aster 30 prometidos para los sistemas SAMP/T antes de que acabe octubre, un compromiso que la primera ministra adquirió en persona con Emmanuel Macron y con Volodímir Zelenski. El Aster 30 es el misil del sistema europeo de defensa antiaérea SAMP/T, capaz de derribar aeronaves y misiles de crucero a un centenar de kilómetros, y uno de los tres pilares del paraguas que cubre el cielo ucraniano. Sin esos misiles, las baterías desplegadas disparan con lo que queda en el cargador.

Los Aster 30 que Kiev esperaba para octubre

Roma ha entregado doce paquetes desde febrero de 2022 y ha repetido en cada cumbre que seguirá apoyando a Kiev. Sin fechas. El Ministerio de Defensa italiano nunca detalla el contenido exacto de cada envío y esa opacidad es hoy el espacio donde cabe cualquier retraso. El decimotercero debía incluir, precisamente, la munición que más escasea en la defensa antiaérea europea.

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La tramitación añade otra capa. El decreto necesita el visto bueno de la comisión parlamentaria de inteligencia antes de convertirse en envío efectivo, y esa revisión no se ha producido. No es un formalismo: es el punto donde la mayoría puede frenar sin votar nada en el hemiciclo, sin foto y sin titular. El retraso administrativo, en Roma, casi siempre tiene una explicación política detrás.

La grieta real: Salvini, Giorgetti y un decreto sin firma

La coalición está partida. El vicepresidente del Gobierno y líder de la Liga, Matteo Salvini, se opone a nuevos envíos; el ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, también de la Liga, no firma la cobertura financiera. Enfrente, el ministro de Exteriores Antonio Tajani y el de Defensa Guido Crosetto empujan en la dirección contraria. Meloni queda en medio, con dos socios mirando a su electorado y una primera ministra que no puede permitirse perder ninguno de los dos flancos.

El antecedente de Tajani con el mecanismo PURL —el programa por el que los aliados financian armamento estadounidense para Kiev— ya avanzó el patrón en diciembre de 2025: ‘si llegamos a un acuerdo y cesan los combates, las armas dejarán de ser necesarias’. La frase admite dos lecturas, prudencia diplomática o coartada presupuestaria, y las dos son correctas según el día.

El cálculo electoral estadounidense hace el resto. El 3 de noviembre se renuevan las dos cámaras y las encuestas sitúan a los demócratas por delante. Si Trump pierde el Congreso, la ayuda a Ucrania cambia de manos y de lógica. Meloni prefiere saber quién firma los cheques en Washington antes de comprometer los suyos. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.

Meloni no ha cambiado de opinión sobre Ucrania; ha cambiado de calendario, que en política de coalición viene a ser lo mismo.

Los sondeos italianos tampoco invitan a la valentía. Un 55,4% se oponía a nuevos envíos en el Termómetro Político de septiembre, frente a un 38,8% favorable. La adhesión de Ucrania a la UE divide igual: 32% a favor de la ampliación al este y 26% en contra, según la encuesta de mayo. Con esos números, cada paquete cuesta más votos que el anterior.

Moscú, mientras, observa. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, sostiene que los envíos occidentales prolongan el conflicto, y Serguéi Lavrov ha advertido de que los cargamentos con armas extranjeras son objetivos militares legítimos. Es la posición rusa de siempre y conviene tratarla como lo que es: propaganda de parte, no análisis. Lo relevante del caso italiano no viene de Moscú, sino de un dato interno: una coalición de Gobierno europea empieza a calcular el coste electoral de cada misil.

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Equilibrio de Poder

Washington ha convertido la ayuda a Kiev en moneda de cambio doméstica y eso lo contamina todo. La administración Trump empuja a los europeos a pagar armamento estadounidense vía PURL, mientras el Congreso decide cada trimestre cuánto hay disponible. Si el 3 de noviembre cambia la mayoría, la pregunta deja de ser cuánto aporta Europa y pasa a ser quién autoriza las entregas. Bruselas no tiene respuesta: la Comisión diseña el marco industrial, el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz se agotó hace dos ejercicios y el pilar europeo de defensa sigue colgando del stock estadounidense.

Para España, el precedente italiano es incómodo. Moncloa ha construido su discurso sobre dos patas, compromiso con Kiev y moderación en el gasto, con el 2% del PIB como techo elástico y el 5% que exige Trump como amenaza lejana. Si Roma congela, Madrid gana margen táctico para hacer lo mismo. Y al revés: cada aplazamiento europeo refuerza la tesis de la Casa Blanca de que Europa no cumple. Los presupuestos de Defensa que se negocian estas semanas —con los datos de gasto militar del SIPRI encima de la mesa— se leen ya con la vista puesta en lo que hagan Italia y Alemania.

Hay además un cruce mediterráneo que conviene no perder de vista. La prioridad real de Meloni no es el Donbás, es el control de los flujos migratorios y la estabilidad de Túnez y Libia, terreno donde compite con España por fondos y por protagonismo en Bruselas. Cada euro comprometido con Kiev es un euro que no se discute en el capítulo sur.

El precedente histórico ilumina poco y advierte mucho. En 2011, Silvio Berlusconi sostuvo la operación de la OTAN en Libia mientras su coalición se descomponía por dentro; Roma acabó retirando su portaaviones del despliegue. Quince años después, la coalición vuelve a ser el eslabón débil. La diferencia es que entonces se trataba de una campaña aérea de semanas y hoy de una guerra de desgaste que encara su quinto invierno.

Queda un detalle que ninguna cancillería debería ignorar: si el retraso se confirma, el 13º paquete podría no despegar hasta después de Año Nuevo, con el presupuesto italiano en plena tramitación y la campaña hacia las legislativas de 2027 arrancando. El hito inmediato es el 3 de noviembre. El siguiente, el Consejo Europeo de diciembre, donde Kiev volverá a pedir munición con la libreta de compromisos en la mano y más de un firmante mirando hacia otro lado.

Cosas que pasan en 2026.