Consejo Agricultura cierra un acuerdo parcial sobre la reforma PAC: el reparto de fondos sigue abierto

Doce horas de negociación han bastado para pactar la arquitectura de la próxima PAC, pero no su factura. España se juega el importe por hectárea y el catálogo de exigencias ambientales en el trílogo con la Eurocámara.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los veintisiete ministros de Agricultura cerraron la noche del lunes un acuerdo parcial sobre la futura PAC tras doce horas de negociación, con unos 300.000 millones de euros para apoyo a la renta y medidas de crisis.
  • ¿Quién está detrás? El Consejo de Agricultura, presidido por el ministro irlandés Martin Heydon. La Comisión Europea firma el texto; el Parlamento Europeo aún no ha fijado su posición.
  • ¿Qué impacto tiene? El reparto de fondos entre países y la condicionalidad verde quedan abiertos: son los dos puntos que deciden cuánto dinero recibe España y con qué obligaciones lo cobra.

La reforma PAC ha superado su primer examen en el Consejo, pero el reparto de fondos entre países sigue sin cerrarse. Los veintisiete ministros de Agricultura alcanzaron la noche del lunes un acuerdo parcial sobre la futura política agrícola común después de doce horas de negociación.

El anuncio lo hizo el ministro irlandés de Agricultura, Alimentación y Marina, Martin Heydon, cuyo país ocupa la presidencia semestral del Consejo. ‘El acuerdo proporcionará a nuestros agricultores la estabilidad y la previsibilidad que necesitan, al tiempo que otorga a los Estados miembros la flexibilidad necesaria para atender las necesidades específicas de los agricultores en su contexto nacional y regional’, declaró.

El texto pactado contempla una provisión de unos 300.000 millones de euros para el apoyo a la renta y las medidas de crisis, además de una red de seguridad común para sostener al sector ante perturbaciones de mercado. La Comisión Europea lo presenta como una simplificación del sistema actual de pagos: la ayuda pivotaría sobre la superficie de cada explotación, con atención preferente a los agricultores activos, a los jóvenes empresarios y a los pequeños productores.

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El relevo generacional figura entre los ejes del acuerdo. Los Estados miembros ‘deberían ofrecer un salario base más alto a los jóvenes agricultores’, según el comunicado del Consejo, junto con apoyo para la creación de empresas, más formación y asesoramiento, y actuaciones para hacer de las zonas rurales lugares más atractivos para vivir y trabajar.

Habrá también dinero para lo urgente. El pacto permite pagos de emergencia a los agricultores afectados por desastres naturales, fenómenos climáticos adversos o sucesos catastróficos, incluidas las enfermedades animales y vegetales, y premia prácticas como las que favorecen la biodiversidad o protegen los cursos de agua. Es la parte que más han reclamado las delegaciones del sur, expuestas a sequías, heladas fuera de temporada y brotes sanitarios en la cabaña ganadera.

El Consejo cierra la arquitectura de la nueva PAC, pero no su factura: sin reparto de fondos ni condicionalidad, el acuerdo es un plano sin presupuesto.

Lo que queda fuera del pacto es, precisamente, lo que decide el dinero. El reparto entre Estados miembros —el capítulo que en la jerga comunitaria se conoce como convergencia exterior— sigue abierto, igual que la condicionalidad verde, es decir, el catálogo de obligaciones ambientales que el agricultor debe cumplir para cobrar. Ambas cuestiones deberán pactarse con la Eurocámara en el trílogo, la negociación a tres entre Comisión, Consejo y Parlamento que fija la versión final de cada ley europea. El texto que salga de ahí se publicará en el Diario Oficial de la UE y sustituirá al marco vigente.

Doce horas de negociación y un pago por superficie que redibuja el mapa de las ayudas

El cambio de modelo no es cosmético. Pasar de un sistema de referencias históricas a un pago plano por hectárea significa que la ayuda deja de seguir la facturación pasada de cada explotación y pasa a seguir el suelo. Bruselas lo vende como focalización; los agricultores lo leen como redistribución.

Para España, el diablo está en el coeficiente. Un pago homogéneo por hectárea favorece al secano extensivo de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura, y castiga al regadío intensivo, al olivar de alta densidad, al viñedo, a los frutales, y a la ganadería que no tiene superficie que declarar. Son justamente los sectores que hoy sostienen el grueso del empleo agrario y de la exportación hortofrutícola.

El impacto en España: mismo sobre, menos hectáreas y dos decisiones pendientes

PAC España agricultores

España figura entre los principales perceptores de la PAC y su sector primario depende de forma directa de estas transferencias, que en muchas comarcas funcionan como el único ingreso estable de la explotación. Cualquier cambio en el reparto llega al campo por dos vías: el importe por hectárea y las condiciones para cobrarlo.

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El reglamento no exige transposición —es de aplicación directa—, pero obliga a rehacer el Plan Estratégico de la PAC (PEPAC), el documento con el que cada Estado traduce los fondos europeos a medidas concretas. Ahí se decide el reparto interno entre comunidades autónomas, la letra pequeña de los ecoesquemas y el margen para los jóvenes. Según fuentes del sector agrario consultadas por este medio, la prioridad española pasa por conservar el volumen global de ayudas y por que la condicionalidad no penalice al secano mediterráneo, mucho más expuesto que las explotaciones del norte húmedo.

El Eje del Poder Europeo

La geometría de esta negociación es la de siempre, con un matiz nuevo. París quiere una PAC fuerte porque es su principal receptora y porque necesita contener una contestación rural que ya le ha costado caro en las urnas. Berlín, La Haya, Copenhague y Estocolmo aceptan el discurso verde pero no quieren ampliar la dotación: los países frugales llegan al próximo Marco Financiero Plurianual con la consigna de siempre, gastar menos y condicionar más. En medio, el sur —España, Italia, Portugal, Grecia— defiende el presupuesto agrícola como línea roja. Polonia y el grupo de Visegrado comparten con el sur el interés por el dinero, pero chocan con él en la condicionalidad y en el trato al Este dentro de la convergencia.

La lectura estratégica es otra. El Consejo ha cerrado la arquitectura, no la factura: la cifra de 300.000 millones solo se entenderá cuando se conozca el próximo MFP, el marco plurianual que fija los techos de gasto de la UE y que sustituirá al actual, con horizonte en 2027. Ya ocurrió con el marco anterior: la PAC 2014-2020 se prorrogó dos años por el retraso del presupuesto y de las negociaciones, y los agricultores trabajaron con reglas viejas mientras Bruselas discutía las nuevas. La presidencia irlandesa, que necesita un éxito antes de ceder el testigo, es hoy el mejor activo de quienes quieren cerrar rápido.

El calendario que viene es apretado. El Consejo de Agricultura volverá a reunirse en diciembre, el Parlamento Europeo debe fijar su posición en la comisión de Agricultura (COMAGRI) y el trílogo se antoja más de 2027 que de 2026. El horizonte natural es el 1 de enero de 2028, cuando expira el marco actual. Si el calendario se rompe, el escenario conocido es otro: prórroga técnica, incertidumbre para quien planifica siembras a tres años y una ventana extra para las enmiendas. El campo ya ha visto esa película.