1Los miradores y cimas del recorrido: dónde se abre la sierra y qué se ve desde cada uno
La sierra del Ortigo, también conocida como sierra de las Cruces, no es una cordillera: es un relieve de montañas bajas cubiertas de encinas y acebuches que se alza al sur de Don Benito y que, precisamente por su escala modesta, funciona como un balcón sobre la llanura. El recorrido gana altura poco a poco desde la ermita de Nuestra Señora de las Cruces, en la falda, hasta el vértice geodésico que los clubes de senderismo que la han subido sitúan en torno a 706 metros. Esa ascensión se describe como dura, y se compensa con el Alto de la Ortiga, la cima más asequible desde el núcleo de Las Cruces, que los mapas acotan en 659 metros y que regala vistas amplias sin exigir demasiado. Los berrocales graníticos y los restos de bunkers y trincheras de la Guerra Civil que salpican las laderas recuerdan que estas alturas llevan casi un siglo utilizándose para mirar lejos.
Lo que se ve desde arriba es, ante todo, la llanura: hacia el norte se abre la vega del Guadiana, con Don Benito y Villanueva de la Serena en el horizonte, y alrededor un mosaico de dehesas de encinar, olivares, pastos y monte mediterráneo que se rompe en los canchales de granito. En el descenso, la loma de Doña Blanca, a unos cinco kilómetros del casco urbano, aporta otro punto de observación distinto: la laguna y su observatorio de aves, donde el paisaje se lee a ras de agua. La ruta sigue después hacia el Guadámez y el entorno de Santa Natalia, a unos 15 o 16 kilómetros de la ciudad, y allí el interés pasa de la panorámica al salto de agua. El regreso a la ermita de las Cruces cierra el círculo con la luz baja, el momento en que la sierra se entiende mejor desde abajo.
