La red anónima difundió convocatorias en TikTok y trasladó la coordinación a Telegram y WhatsApp. Los mensajes investigados incluían llamamientos a saquear comercios y nuevas movilizaciones tras los altercados de Barcelona.
La violencia que estalló en el centro de Barcelona el pasado 24 de octubre ha puesto el foco sobre una forma de movilización que comienza en las redes sociales, se desplaza a canales privados de mensajería y puede terminar en ataques contra comercios y enfrentamientos con la Policía. Detrás de las convocatorias aparece Blocus, una marca digital anónima que ha servido para difundir llamamientos a la protesta y mensajes que incitaban a cometer actos violentos.
La investigación de Golden Owl, una empresa especializada en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), ha reconstruido parte de la actividad de esta red a partir de más de 10.000 elementos recopilados en siete plataformas digitales. Su análisis apunta a un sistema de difusión que combina perfiles públicos, carteles compartidos en redes y grupos privados en los que se intercambian mensajes sobre la organización de las movilizaciones.
La principal incógnita sigue siendo quién está detrás de estas cuentas, cómo se coordinan entre sí y hasta qué punto existe una dirección común. Los investigadores han identificado patrones de actividad y conexiones digitales, pero eso no demuestra por sí solo que haya una estructura jerárquica ni permite atribuir la campaña a una organización concreta.

TikTok, la puerta de entrada para captar a los participantes
El primer eslabón de la estrategia está en TikTok, donde diferentes perfiles anónimos difundieron vídeos y carteles que llamaban a movilizarse bajo el nombre de Blocus. Las publicaciones apelaban a reivindicaciones estudiantiles y sociales, como la mejora de la educación pública, los salarios o las condiciones de vida de los jóvenes, y utilizaban una estética similar para dar continuidad a las convocatorias.
Según la investigación de VerificaRTVE, los perfiles difundieron llamamientos para el 24 de octubre en Barcelona, Madrid y otras ciudades españolas. Algunas publicaciones incluían enlaces, códigos QR o invitaciones a contactar mediante mensajes privados para acceder a grupos de mensajería.
El uso de reivindicaciones reconocibles permitía presentar las convocatorias como protestas juveniles convencionales. Sin embargo, los contenidos examinados por los periodistas también incluían mensajes que animaban a participar en saqueos y actos vandálicos. Esa combinación constituye uno de los elementos más relevantes del caso: la convocatoria pública podía utilizar una reivindicación social como reclamo mientras parte de las comunicaciones posteriores promovía conductas violentas.
La actividad digital también presenta indicios de coordinación. Un análisis de Maldita.es identificó cuentas creadas o renombradas entre el 18 y el 20 de octubre que compartían carteles para distintas ciudades y se seguían o comentaban entre ellas. Algunos perfiles desaparecieron o borraron sus publicaciones después de las convocatorias. Estos patrones pueden apuntar a una campaña coordinada, aunque no bastan por sí solos para determinar quién controla las cuentas.
Telegram y WhatsApp: de la convocatoria pública a los mensajes violentos
Una vez captada la atención en las redes abiertas, parte de la actividad se trasladaba a grupos privados de Telegram y WhatsApp. Allí, según las investigaciones periodísticas, las conversaciones dejaban de limitarse a anunciar manifestaciones y pasaban a incluir indicaciones sobre la participación, la vestimenta y los objetivos de algunos asistentes.
VerificaRTVE documentó conversaciones en las que usuarios mencionaban establecimientos comerciales concretos y animaban a entrar en ellos para robar. También encontró mensajes sobre el uso de prendas oscuras, capuchas y material pirotécnico. Los contenidos reflejaban, además, discrepancias entre quienes defendían una protesta pacífica y quienes promovían saqueos o enfrentamientos.
La existencia de estos mensajes resulta especialmente relevante porque permite distinguir entre una convocatoria genérica y comunicaciones que apuntan a la preparación de actos ilícitos. No obstante, la presencia de mensajes violentos en un grupo no demuestra que todos sus participantes compartan esas intenciones ni que cada miembro haya intervenido en los altercados.
El sistema de invitaciones también dificultaba reconstruir el alcance completo de la red. Algunos enlaces y códigos QR dirigían a otros canales, desde los que podían compartirse nuevas invitaciones. De esta forma, la conversación podía fragmentarse en distintos grupos y extenderse más allá de los perfiles que habían difundido inicialmente la convocatoria.
Ese funcionamiento plantea un desafío para las autoridades: localizar las publicaciones originales no siempre permite identificar a quienes administran los canales posteriores ni determinar quién propuso los actos violentos. Para establecer responsabilidades individuales hacen falta pruebas que vayan más allá de la pertenencia a un grupo o de la difusión de un cartel.
Los disturbios de Barcelona ponen a prueba el modelo de Blocus
La convocatoria del 24 de octubre tuvo consecuencias en Barcelona. Los altercados en el centro de la ciudad incluyeron saqueos de establecimientos, daños al mobiliario urbano e incendios. RTVE informó de 130 detenidos, 74 de ellos menores, y 14 agentes heridos, además de daños en numerosos comercios.
La gravedad de los incidentes convirtió las convocatorias digitales en un asunto de seguridad pública. Los Mossos d’Esquadra comenzaron a investigar quién se encontraba detrás de los perfiles anónimos y a seguir la evolución de los canales utilizados para promover nuevas movilizaciones.
La dimensión del problema no se limita a Barcelona. Golden Owl sostiene que su investigación ha detectado actividad vinculada a Blocus en 12 ciudades españolas, mientras que otros análisis periodísticos han documentado convocatorias en localidades de diferentes comunidades autónomas. Esa expansión digital no significa, sin embargo, que se hayan producido disturbios en todas ellas ni que exista el mismo nivel de amenaza en cada lugar.
También es necesario separar las convocatorias que aparecen en internet de los hechos que finalmente llegan a producirse. Algunas movilizaciones anunciadas en Madrid no tuvieron una repercusión comparable a la de Barcelona. La circulación de carteles y mensajes permite medir la actividad de una campaña, pero no anticipar con certeza cuántas personas acudirán ni cómo se comportarán.

Nuevas convocatorias y una incógnita: quién dirige la red
Tras los altercados, los investigadores detectaron nuevos llamamientos atribuidos a Blocus para los días 31 de octubre y 2 de noviembre, además de una convocatoria anunciada para el 30 de noviembre. Golden Owl incluye esas fechas en su análisis de la evolución de la red y advierte de la posibilidad de que las llamadas a la movilización se reproduzcan en otras ciudades.
La respuesta policial ya se ha extendido al ámbito digital. Según informó El País, los Mossos d’Esquadra recurrieron al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) para solicitar el cierre de canales de Telegram que difundían mensajes de incitación a robos y saqueos. La retirada de algunos canales, sin embargo, no impide necesariamente que aparezcan otros con nombres o administradores diferentes.
El interrogante central sigue siendo la autoría. Las conexiones entre perfiles, la repetición de carteles y la coincidencia de mensajes pueden ayudar a reconstruir una campaña, pero no constituyen por sí solas una prueba de que Blocus esté dirigida desde el extranjero o responda a una organización única. La propia cobertura de El País sobre el informe de Golden Owl subraya que no existen pruebas concluyentes de una dirección extranjera.
El caso muestra, en definitiva, cómo una convocatoria difundida en abierto puede derivar hacia espacios de mensajería en los que algunos usuarios promueven conductas delictivas. La combinación de perfiles anónimos, grupos cerrados y mensajes replicados plantea dificultades para identificar a los responsables y anticipar la evolución de una movilización.
La investigación de Blocus continúa abierta y las fechas anunciadas deben tratarse como convocatorias pendientes de verificación, no como una confirmación de nuevos disturbios. La cuestión decisiva será determinar quién impulsa los mensajes violentos, qué relación existe entre las distintas cuentas y qué pruebas permiten atribuir responsabilidades concretas.
