La Guardia Civil ha detenido a una decena de personas de Blocus en Málaga, Valencia, Bilbao y Tenerife antes de los sabotajes.
Las fuerzas y cuerpos de seguridad han ejecutado en las últimas horas una batería de operaciones coordinadas para frenar los saqueos que el movimiento ha llamado a replicar hoy, sábado 31 de octubre, aprovechando la celebración de Halloween. En Madrid, Valencia y Barcelona, muchos comercios han amanecido con los escaparates tapiados con tableros de madera.
Del vídeo del encapuchado a los canales cifrados
Los detenidos están acusados de instigar saqueos múltiples, de llamar a los jóvenes a secundar la protesta con armas y de difundir instrucciones para fabricar cócteles molotov. El objetivo que repetían en sus canales era desbordar a las fuerzas de seguridad. Por eso, el conjunto de las policías locales y autonómicas han multiplicado la monitorización de redes sociales y preparan dispositivos especiales durante toda la jornada.
El considerado líder del movimiento en España fue arrestado el viernes 30 de octubre en Picanya, en la provincia de Valencia. Es un joven de 20 años al que la Jefatura de Información de la Guardia Civil atribuye ser fundador y principal impulsor de un grupo de carácter violento. La investigación arrancó a raíz de un vídeo difundido en redes en el que un encapuchado llamaba a imitar lo ocurrido en Francia porque, decía, con las protestas pacíficas no les hacían caso.
Aquel mensaje hablaba de vivienda, sanidad y colegios, y subrayaba que el movimiento no simpatiza con ninguna formación política. Los investigadores sostienen que el arrestado dirigía los saqueos «en tiempo real» sobre comercios accesibles de varias ciudades. La captación, añaden, se hace con vídeos de TikTok, carteles generados con inteligencia artificial y códigos QR que derivan a grupos de WhatsApp y Telegram y, después, a canales privados.
Un vídeo anónimo, un cartel con código QR y un canal de Telegram bastaron para convocar saqueos en cuatro provincias el mismo día.
En otra operación, la Guardia Civil detuvo en Santa Cruz de Tenerife a dos jóvenes, uno de ellos menor de 16 años, por emplear herramientas de comunicación cifrada y difundir consignas para actos vandálicos. La Policía Nacional ha alertado además de una campaña de bulos con audios virales que anuncian disturbios masivos en el centro de Madrid, y ha detenido a cuatro personas entre el jueves y el viernes, dos de ellas en Valencia.
Málaga, Fuengirola y Marbella, en el punto de mira

El caso de Málaga es el que mejor dibuja el salto de escala del fenómeno. El detenido en la provincia, otro joven de 20 años, daba indicaciones a sus seguidores incitando al uso de armas y marcaba objetivos concretos.
No era una protesta genérica: era un listado de escaparates con direcciones. Señaló comercios de Málaga capital y de Fuengirola y Marbella, en plena Costa del Sol y a las puertas de un fin de semana largo. Ahí el sabotaje deja de ser un gesto y se convierte en una hoja de ruta.
La alarma entre los comerciantes no es menor. Los cuerpos de seguridad mantienen abiertos sus canales de colaboración ciudadana y la vigilancia sobre las cuentas que siguen activas. En Barcelona, donde los disturbios del 24 de octubre se saldaron con 128 detenidos —72 de ellos menores de edad—, los Mossos d’Esquadra han previsto un dispositivo de nivel 4, el máximo ante movilizaciones en la vía pública, a partir de las 17.00 horas.
La Fiscalía ha pedido ocho internamientos y 70 libertades vigiladas para los menores arrestados en la capital catalana, y los Mossos han solicitado al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado que inste a las plataformas a cerrar los canales que difunden las convocatorias.
La Lectura Andaluza
Lo que ha ocurrido en Málaga no es un episodio aislado de vandalismo juvenil, sino la constatación de que un fenómeno nacido en Francia y amplificado por algoritmos ha encontrado en el litoral andaluz un escaparate especialmente sensible. El detenido en la provincia apuntó a comercios de tres municipios distintos, tres plazas donde el pequeño comercio comparte acera con cadenas internacionales y donde cada escaparate roto se traduce en empleos que dependen de la temporada.
La lectura de proximidad es clara. La Costa del Sol vive del comercio y de la hostelería, y una noche de saqueos en pleno puente de Halloween deja daños materiales, primas de seguro más altas y, sobre todo, una sensación de inseguridad que tarda meses en disiparse. Quienes regentan una tienda en el centro de Málaga o en una urbanización de Marbella saben que el calendario manda, y que estos fines de semana de otoño son de los pocos en los que el visitante extranjero sigue llegando.
La Junta de Andalucía, a través del sistema de emergencias 112, mantiene la coordinación con las policías locales y con los cuerpos estatales en este tipo de dispositivos, y el seguimiento de las cuentas que llaman a la violencia continuará en las próximas horas. La próxima cita está marcada a fuego: la jornada de hoy, con la vista puesta en las siete de la tarde y en cualquier convocatoria que intente replicar el modelo. En una tierra que recibe cada año a millones de visitantes, la mejor defensa sigue siendo la prevención y el comercio abierto.

