Altman califica de ‘terrible’ acaparar módulos mientras la escasez de memoria DRAM dispara los precios de PC y móviles. Lo dijo en una entrevista con el youtuber Cheeky Pint y con directivos de Stripe, y la frase ha circulado más que la propia conversación.
Claves de la operación
- La memoria escasea y el precio se traslada. Los fabricantes de PC y móviles repercuten el coste de los módulos en la etiqueta final del producto.
- OpenAI ha comprometido cerca del 40% de la producción mundial. La compañía que reclama eficiencia global es la que más capacidad ha reservado por contrato.
- España no fabrica DRAM. Consumidores y centros de datos españoles compiten por el mismo suministro importado, sin margen de negociación.
El argumento del jefe de OpenAI es de asignación global. Tener un montón de la limitada oferta mundial de DRAM en un ordenador que la usa el 5% del tiempo le parece un desperdicio, y defiende que el recurso rinda al máximo en la nube. Su intuición, sostiene, choca con la de la mayoría de la gente.
Conviene precisar de qué hablaba: de local inference, es decir, de ejecutar modelos de IA en el propio equipo. Ahí su lógica tiene recorrido, porque el modelo consume recursos durante minutos y luego los libera. El problema es que la memoria de un PC no sirve solo para eso.
El 40% de la producción mundial, comprometida por OpenAI
Aquel 5% de utilización es una caricatura del usuario real. Un jugador, un creador que edita vídeo en alta definición, o alguien que emite en directo necesita más memoria que el oficinista medio. Es el cuello de botella de su trabajo, no un capricho de entusiasta.
Mientras tanto, la propia OpenAI ha amarrado cerca del 40% de la producción mundial de RAM mediante distintos acuerdos, según ha publicado Engadget. Ese dato cambia el tono del debate: quien pide eficiencia global es quien ha firmado los mayores contratos.
Los grandes centros de datos de IA han absorbido tal cantidad de suministro que el mercado de la memoria ha dejado de comportarse como un mercado de materia prima barata. La escasez ha pasado de ser un problema de ingeniería a un problema de caja.
El suministro de memoria ya no lo decide el consumidor que amplía su equipo, sino el contrato que se firma a miles de kilómetros de su escritorio.
Del módulo del salón al precio del móvil: quién paga la factura
La cadena es corta y conocida. Sube el precio del módulo, sube el del equipo. Como casi cualquier dispositivo electrónico incorpora algo de memoria, el encarecimiento acaba en la etiqueta de la tienda, y ahí ya no distingue entre el usuario de IA y quien solo quería un portátil para clases.
Los analistas de consumo ya anticipan ese traslado al precio final. La discusión interesante no es si sube, sino cuánto tarda en bajar cuando la capacidad vuelva a sobrar. En ciclos anteriores ese descenso fue rápido; ahora el comprador industrial firma a varios años, lo que rigidiza el mercado y retrasa el alivio.
España compra toda su memoria fuera y ahora paga la prima
España no fabrica ni un solo módulo de memoria DRAM. Consumidores, operadores de telecomunicaciones y centros de datos compiten por el mismo suministro importado de tres o cuatro proveedores —Samsung, SK hynix y Micron—, y esa dependencia se nota en cuanto el precio se mueve. La memoria DRAM es un componente sin sustituto real a corto plazo.
El despliegue de infraestructura cloud en el país añade presión. Los grandes proyectos anunciados en Aragón y Madrid, con AWS y Google Cloud entre los promotores, necesitan servidores con memoria abundante, y esa demanda compite directamente con la del comprador doméstico. La inversión en centros de datos sube el listón del precio local, aunque la capacidad y el empleo se queden aquí.
El antecedente ayuda a calibrar. En el ciclo de 2017 y 2018 los precios se dispararon y luego se desplomaron con la misma facilidad con la que habían subido; los fabricantes aprendieron a dosificar la capacidad para no repetir el desplome. La diferencia ahora es la escala: la IA no es una moda de consumo, es inversión comprometida a varios años.
De ahí el riesgo que nadie quiere poner por escrito. Si el despliegue de modelos se frena o se vuelve más eficiente de lo previsto, el exceso de capacidad puede castigar a los fabricantes con la misma dureza con la que hoy premia sus cuentas. Y si no se frena, el usuario seguirá pagando la prima en cada renovación de equipo.
Hay dos hitos que sirven de termómetro. El primero, las cuentas trimestrales de los tres grandes fabricantes de memoria, previstas para finales de enero de 2027. El segundo, las negociaciones de contratos anuales del primer trimestre, donde se verá si la escasez es un pico coyuntural o un régimen instalado.
Altman tiene razón en una cosa: el recurso es escaso y la asignación importa. Solo que quien lleva meses firmando cheques para reservarlo no es el mejor colocado para explicar al usuario dónde debe estar su memoria. Cosas que pasan en 2026.

