La ‘agua sólida’ recorta hasta un 75% el riego en cultivos valencianos y se postula como salida a la sequía

AVA-ASAJA ensaya en cítricos jóvenes con riego reducido al 75%, 50% y 25% para comprobar si la reserva de humedad sostiene el árbol. El coste por hectárea y la financiación pública decidirán si el sistema llega al regadío real.

El agua sólida aplicada a los cultivos valencianos reduce hasta un 75% el riego: un cub de agua enterrado bajo las raíces retiene la humedad durante cuatro meses.

El cub que guarda agua bajo tierra y la suelta cuando la planta la necesita

La pieza tiene una composición sencilla: un 95% de agua y un 5% de materia orgánica. Se coloca bajo las raíces y actúa como una despensa que libera humedad poco a poco, según lo que demande la planta. Donde el riego convencional moja el suelo y pierde parte del caudal por evaporación, este sistema mantiene el agua disponible justo en el punto en el que la raíz la absorbe.

Todo depende del tiempo. La reserva puede mantener el agua disponible durante unos cuatro meses, de modo que el árbol o la planta no dependen de una nueva tanda de riego para hidratarse. Bebe de esa reserva, cuando el suelo aprieta.

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El interés crece con el calor. Con temperaturas altas, el riego tradicional dispara la evaporación y la transpiración del cultivo, y buena parte del agua se pierde antes de ser útil. El cub funciona como un colchón hídrico en los peores días del verano. Eso sí, la promesa habla siempre de determinados cultivos: no es una receta universal ni un milagro que se pueda aplicar en cualquier parcela.

Para medir hasta dónde llega esa capacidad, la organización agraria AVA-ASAJA desarrolla pruebas en plantaciones de cítricos jóvenes. Los árboles llevan agua sólida bajo las raíces y, al mismo tiempo, reciben distintas dosis de riego convencional: desde el 100% hasta el 75%, el 50% o solo el 25%. La comparación debe aclarar si la reserva compensa el recorte y sostiene el desarrollo del árbol pese al déficit hídrico, según la información difundida por À Punt sobre el proyecto.

Los ensayos siguen abiertos y no han cerrado conclusiones. Esa cautela importa, y mucho. La frontera entre ahorrar agua y comprometer la cosecha decide si una tecnología se adopta o se abandona. Bajar el riego un 75% en un cítrico joven no equivale a hacerlo en un leñoso adulto, en una hortaliza o en planta ornamental.

El agua sólida no discute la sequía: la esquiva durante cuatro meses bajo tierra.

En el campo valenciano hay memoria de sobra sobre saltos así. El riego por goteo también prometía lo imposible y acabó reescribiendo el mapa del regadío. La pregunta ahora es si este cub sigue ese camino o se queda en una solución de nicho para parcelas muy concretas.

De la parcela experimental al conjunto del regadío: quién paga la escala

ahorro de agua riego

El primer obstáculo no es técnico, es económico. El coste por hectárea decide más que cualquier promesa técnica. La logística de colocación y la vida útil del producto determinarán si un agricultor con explotaciones medianas puede permitírselo. Sin precio conocido, cualquier anuncio de extensión masiva queda en el aire. Y en un sector que arrastra márgenes ajustados, la decisión se toma con números, no con entusiasmo.

Tampoco conviene venderlo como sustituto del riego. En las pruebas, los árboles siguen recibiendo agua convencional, aunque sea en dosis muy reducidas. La tecnología recorta la factura hídrica; no la elimina. Hablamos de eficiencia, no de independencia del agua. Esa distinción separa un titular brillante de una política agraria seria.

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Hay otra dimensión que no aparece en las fichas técnicas: el agricultor que mira el cielo cada temporada. La escasez no se vive solo en los balances; se vive en decisiones que se toman en enero pensando en agosto. Cualquier herramienta que devuelva algo de certidumbre tiene valor, siempre que no se convierta en otra promesa que caduque al tercer verano.

El Escenario Valenciano

La tecnología agraria no flota en el aire: necesita presupuesto, extensión agraria y decisiones políticas. En la Comunitat Valenciana, el Consell (el gobierno autonómico que preside Juanfran Pérez Llorca con el pacto de PP y Vox) tiene en la Conselleria d’Agricultura la competencia sobre regadíos, y las organizaciones agrarias llevan años reclamando inversión en modernización de infraestructuras y más eficiencia en el uso del agua. La oposición de PSPV y Compromís ha convertido la política hídrica en un terreno de disputa recurrente en las Corts Valencianes (el parlamento autonómico valenciano, con 99 escaños), donde cada debate sobre trasvases, depuración o reutilización acaba en votación.

Fuera de la Comunitat, la dimensión nacional pesa tanto como la autonómica. Buena parte de las competencias dependen de la Confederación Hidrográfica del Júcar y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y los programas de eficiencia hídrica se financian con fondos europeos y líneas estatales. Sin financiación pública no hay escala: un cub que ahorra agua en una parcela experimental difícilmente llega a miles de hectáreas. La proyección es sencilla de enunciar. Si los ensayos confirman el ahorro en cítricos, el debate se trasladará a las ayudas, a los pliegos públicos y al presupuesto de la Conselleria. Si no lo confirman, quedará una prueba más y un titular menos.

Ficha del Caso

  • El caso: Una tecnología de agua sólida (95% agua y 5% materia orgánica) se prueba en cítricos valencianos para comprobar si reduce el riego sin frenar el desarrollo del árbol.
  • Datos importantes: Hasta un 75% de ahorro de agua en determinados cultivos; reserva de humedad de unos cuatro meses bajo las raíces; ensayos de AVA-ASAJA con riego al 100%, 75%, 50% y 25%.
  • Resumen: El ahorro hídrico está sobre la mesa, pero la adopción depende del coste por hectárea, de la validación agronómica y de la financiación pública del regadío.