La comunidad evangélica de Ourense entierra desde hace tres décadas a sus fieles en los cementerios civiles municipales, sin espacios separados ni liturgias propias.
Treinta años de normalización en los cementerios civiles de Ourense
Durante generaciones, los protestantes de la provincia tuvieron que enterrar a los suyos en recintos apartados, a menudo marginales respecto a la confesión mayoritaria. Esa frontera se difuminó hace aproximadamente tres décadas. Hoy la normalización es absoluta, hasta el punto de que las comunidades no reclaman espacios propios. «No demandamos más cementerios porque realmente estamos integrados completamente en el tema de los cementerios civiles», explica Antonio Pazos, pastor evangélico de Bonhome, en declaraciones recogidas por La Región.
En la práctica, los fieles evangélicos recurren a los mismos nichos convencionales de los recintos municipales o a la incineración, en idénticas condiciones que los ciudadanos católicos. El acceso es idéntico; la tradición, no. Lo que ha cambiado no es el derecho al enterramiento, sino la relación con el calendario: el 1 de noviembre ya no articula la vida de estas comunidades como articula la de las parroquias católicas.
Queda, eso sí, la herencia material. La provincia conserva tres cementerios evangélicos históricos: Infesta, en San Cibrao das Viñas; Barxés, en Muíños; y Calvos, en Bande. Los tres recintos siguen en uso para las familias que mantienen propiedades en ellos, y su gestión recae de forma directa e independiente sobre los propios fieles. «Nuestras comunidades son las que se hacen cargo del cuidado, del mantenimiento y de la limpieza de los mismos», detalla Pazos.
Con la llegada del Día de Todos los Santos, las costumbres vuelven a separarse. Los protestantes no celebran actos litúrgicos ni rezan para interceder por las almas de los fallecidos: consideran que esas prácticas carecen de base bíblica y que el destino eterno se decide en vida. «Nosotros no celebramos en sí el Día de los Santos Difuntos, no hacemos misa, simplemente les recordamos en el corazón porque fueron seres queridos», señala Enoc de Lorenzo, de la iglesia Cristo de la Respuesta.
Tres cementerios evangélicos en una sola provincia son la prueba física de una separación que hoy nadie reclama y que casi nadie recuerda.
Lo que queda del 1 de noviembre en las iglesias evangélicas

La diferencia no es de formas, sino de teología. Para Pazos, la salvación «se decide en vida», de manera que ninguna oración posterior altera nada. La memoria sustituye a la intercesión. El recuerdo a los difuntos se queda en el terreno afectivo, sin misa, sin responso y sin flores como gesto obligado. Es una manera distinta de habitar el mismo día del calendario.
El resultado es una integración sin conflicto visible y, al mismo tiempo, un patrimonio que descansa sobre el cuidado de unas pocas familias. La pregunta abierta es qué ocurrirá con esos tres recintos cuando las propiedades históricas cambien de manos, o se abandonen. Las comunidades, según sus pastores, no han planteado demanda alguna a las administraciones. El cuidado corre por cuenta de las familias.
El Laboratorio Gallego
Ourense funciona aquí como observatorio discreto de una cuestión que España arrastró durante décadas: la separación de espacios funerarios por confesión. Los cementerios son competencia municipal y los gestionan los concellos; la protección del patrimonio cultural depende de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela), a través de la Consellería de Cultura. La competencia está dividida. Esa división explica que tres recintos con valor histórico lleven décadas sostenidos por sus propias comunidades sin que el asunto haya saltado al hemiciclo. Si llegara al Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega, con 75 deputados), donde el PPdeG gobierna con mayoría absoluta, el BNG ejerce como primera fuerza de la oposición y el PSdeG ocupa la tercera plaza, la pelota estaría en el tejado de la Consellería.
La lectura nacional es otra. Lo que en Ourense se resolvió por la vía del uso —treinta años de enterramientos compartidos— sigue siendo en el resto de España un asunto de fondo sobre laicismo y espacio público. Galicia conserva la huella física de la etapa confesional y, a la vez, muestra cómo se cerró aquella etapa: no por una ley nueva, sino por la práctica cotidiana de unos vecinos que dejaron de pedir permiso. El cambio no lo firmó ningún decreto.
La proyección es sencilla y algo incómoda. El próximo 1 de noviembre de 2027 volverá a repetirse la escena: el calendario católico marcará el día grande y las iglesias evangélicas de la provincia seguirán sin misa. Mientras tanto, los concellos mantendrán sus nichos y las tres comunidades cuidarán sus muros. La próxima cita con la actualidad no será una votación. Será un mantenimiento.
Ficha del Caso
- El caso: La comunidad evangélica de Ourense abandonó hace unos treinta años los enterramientos separados y utiliza los cementerios civiles municipales en igualdad de condiciones que los católicos.
- Datos importantes: Tres cementerios evangélicos históricos siguen en uso en la provincia: Infesta (San Cibrao das Viñas), Barxés (Muíños) y Calvos (Bande). Los gestionan las propias comunidades. Los protestantes no celebran liturgias el Día de Todos los Santos.
- Resumen: La integración es plena y sin conflicto, pero deja abierto el futuro de tres recintos históricos que dependen del cuidado de unas pocas familias y de un eventual reconocimiento patrimonial aún por definir.

