Feijóo fija en plena campaña del 29-N su doctrina sobre Catalunya: sin «entenderla», no se preside España.
El compromiso que Feijóo pone negro sobre blanco a 27 días del 29-N
El líder del PP y candidato a las elecciones generales del 29 de noviembre asegura, en una entrevista en La Vanguardia recogida por Europa Press, que no se puede ser presidente del Gobierno «sin entender, sin saber interpretar y sin tener compromisos explícitos» con Catalunya. La frase no es un adorno de mitin. Es una enmienda a la estrategia con la que su partido afrontó los últimos comicios, cuando el discurso territorial se concentraba en la crítica al independentismo y el diagnóstico sobre el día a día catalán quedaba para después.
En la conversación, Feijóo enumeró lo que considera agravios acumulados: los catalanes pagan más impuestos que nadie, la ocupación ilegal de viviendas presenta el porcentaje más alto de España, la criminalidad comparada está por encima de la media y la ejecución del presupuesto de obra pública arrastra un déficit crónico. De ahí sale su compromiso más verificable: un balance trimestral del grado de ejecución de las inversiones. «Si en Rodalies decimos que vamos a invertir x, cuatro veces al año yo me presentaré aquí y explicaré el grado de ejecución», afirmó.
El argumento de autoridad que emplea es gallego. Fue presidente de la Xunta de Galicia —el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela— durante catorce años, y de ahí dice sacar el manual: conoce «el tema lingüístico, el sentimiento identitario y el cultural». La comparación que más repite es la del idioma. En Galicia, sostiene, el reparto es del 50% en gallego y el 50% en castellano, frente al 25% de castellano en las aulas catalanas que fijan las sentencias.
Ese equilibrio no es una foto espontánea. Es el resultado del Decreto 79/2010 del plurilingüismo, la norma que la Xunta mantiene como referencia en su sede electrónica y que el nacionalismo gallego nunca ha aceptado. Ahí está la clave del trasvase: Feijóo no improvisa un discurso catalán, recicla un modelo probado en casa.
Feijóo no propone un experimento catalán: propone trasladar a Catalunya el manual de gestión y de convivencia lingüística que el PP gallego lleva años aplicando en Galicia.
La otra pata es la competencia por el espacio de la derecha. Al candidato le sorprendió que Santiago Abascal considere que invade el terreno de Vox por incorporar a su lista a nombres como Cayetana Álvarez de Toledo o Xavier García Albiol, y zanjó que el PP «no ha fichado a nadie de Vox». El único cordón sanitario que dice mantener es con Bildu. Con Vox, en cambio, justificó el acuerdo para el Senado.
Dirigiéndose a los socialistas catalanes decepcionados con Pedro Sánchez, les pidió «una oportunidad» como político «constitucionalista y autonomista». Aquí se ensaya lo que luego escala: el PP intenta pescar en el electorado del PSC con el mismo argumento de gestión que le funciona en Galicia.
Del Senado con Vox a Rodalies: el mapa territorial para después del 29-N
Feijóo conoció durante la entrevista el accidente ferroviario de Toledo y consideró «imprescindible, pero insuficiente» la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, porque a su juicio, la responsabilidad última corresponde a Sánchez. Su diagnóstico, dijo, es de «fallo sistémico». La frase resume la campaña: todo lo que falla se lee como síntoma de un Gobierno sin gestión.
Sobre el traspaso de Rodalies, respondió que no sabe si interesa a la Generalitat, porque implica «una enorme necesidad de inversión y una enorme complejidad en la gestión», y comparó el caso con la transferencia sanitaria. En financiación autonómica se comprometió a sentarse con los presidentes autonómicos a hablar «de ingresos y de gastos» antes de reformar el sistema, y anunció que derogará la Ley de Amnistía y la Ley de Memoria Democrática.

El Laboratorio Gallego
La política gallega lleva más de quince años gobernada por el PPdeG (el Partido Popular de Galicia, en el Gobierno autonómico desde 2009) con mayorías absolutas, y esa continuidad es la que permite a Feijóo hablar de «modelo» sin sonrojarse. En el Parlamento de Galicia (la cámara unicameral de 75 escaños) el PPdeG ocupa 40, el BNG (el Bloque Nacionalista Galego, primera fuerza de la oposición) 25 y el PSdeG (la federación gallega del PSOE) 9. Alfonso Rueda gobierna con esa mayoría, mientras Ana Pontón ejerce de jefa de la oposición. Es un tablero estable, con un nacionalismo fuerte pero institucional, y una sociedad bilingüe donde el conflicto lingüístico no tiene la intensidad catalana.
La lectura nacional tiene un riesgo evidente. Lo que funciona en una comunidad de 2,7 millones de habitantes, según los datos del IGE, no se traslada automáticamente a un país donde el PP carece de presencia institucional relevante y donde el debate sobre la lengua está judicializado. El 50/50 gallego se apoya en un decreto y en una mayoría parlamentaria cómoda; en Catalunya, el mismo argumento exige convencer a un electorado que castiga la tutela. A eso se suma la contradicción del Senado: el pacto con Vox para la Cámara Alta puede rentabilizar escaños, pero desgasta el mensaje dirigido a los socialistas desencantados.
La proyección es inmediata. Quedan 27 días para el 29-N y el discurso territorial de Feijóo se medirá en dos plazas: los escaños que arranque al PSC y la capacidad de sostener el relato del «autonomismo útil» sin quedar atado a Vox. En Galicia, mientras tanto, la legislatura de Rueda seguirá siendo el espejo del PP nacional: si el modelo lingüístico y de gestión funciona allí, el partido tendrá argumento; si la comparación se rompe, la campaña habrá vendido un manual que no sirve fuera de casa.
Ficha del Caso
- El caso: Feijóo fija en campaña su doctrina sobre Catalunya y toma el modelo lingüístico y de gestión de la Xunta como referencia para el conjunto de España.
- Datos importantes: 27 días para las generales del 29 de noviembre; catorce años de Feijóo al frente de la Xunta; reparto del 50% gallego-castellano frente al 25% de castellano en Catalunya; balance trimestral de inversiones en Rodalies.
- Resumen: El PP traslada al debate catalán el manual gallego, avalado por la mayoría absoluta del PPdeG en el Parlamento de Galicia, con el riesgo de que la comparación no resista el choque con una realidad lingüística y política distinta.

