EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un borrador del programa de trabajo de la Comisión para 2027, al que ha tenido acceso Euronews y que el Ejecutivo comunitario adopta este miércoles, admite que el objetivo de estar preparados militarmente en 2030 ‘está en riesgo’ pese a los 418.000 millones de euros gastados en 2025.
- ¿Quién está detrás? La Comisión Europea, con Von der Leyen y el comisario Kubilius al frente, y la Agencia Europea de Defensa, cuyo primer informe anual constata lagunas persistentes en las capacidades de los Veintisiete.
- ¿Qué impacto tiene? Bruselas prepara un Instrumento Europeo para Habilitadores Estratégicos y un Protocolo de Emergencia sin apoyo unánime. Cubrir las carencias costaría 500.000 millones y España llega a la carrera industrial con deberes pendientes.
La defensa europea se juega 2030 y, según Bruselas, va por detrás del calendario. Pese a los 418.000 millones de euros invertidos en 2025, el club no ha convertido ese dinero en fuerzas desplegables, sostenibles e interoperables, y el Ejecutivo comunitario admite ya por escrito que la preparación militar del continente ‘está en riesgo’.
El diagnóstico figura en un borrador de ocho páginas del programa de trabajo de la Comisión para 2027 al que ha tenido acceso Euronews y que el colegio de comisarios adopta este miércoles. No es un informe técnico más: fija las prioridades del Ejecutivo comunitario para el primer año del ciclo y sitúa la Defensa como reto central, por delante de la competitividad o la ampliación.
Al borrador se le ha pegado un documento incómodo: el primer Informe Anual sobre Preparación en Defensa de la Agencia Europea de Defensa, accesible en la web del organismo, que detecta ‘lagunas persistentes’ en las capacidades militares de los Veintisiete. Dos fuentes distintas, misma conclusión.
418.000 millones de euros que no se convierten en fuerzas desplegables
El texto no se anda con rodeos. ‘Nuestras fronteras exteriores, las infraestructuras críticas y los valores que sustentan nuestra forma europea de vida están cada vez más amenazados’, afirma el borrador, que cita las amenazas híbridas y remacha: ‘necesitamos hacer más… o a algo peor’.
Ahí está el nudo. 418.000 millones de euros en un solo ejercicio es la mayor inversión militar europea desde la Guerra Fría, pero el informe de la agencia constata que ese esfuerzo no ha producido fuerzas capaces de desplegarse rápido, sostenerse en el tiempo y operar junto a las de otros socios.
Un presupuesto de guerra no es un ejército: Europa ha comprado capacidades que todavía no sabe desplegar juntas.
El dinero ha llegado. La capacidad, no.
Hay un segundo factor que Bruselas no controla. La decisión de Donald Trump de reducir la presencia militar estadounidense en Europa incluye la retirada de habilitadores estratégicos —transporte aéreo pesado, repostaje en vuelo, inteligencia, mando y control—, justo el tipo de activos que sostienen cualquier despliegue real y que Europa no tiene en cantidad suficiente.
El instrumento nuevo, el protocolo que imita a la OTAN y una factura de 500.000 millones

La respuesta que prepara la Comisión se llama Instrumento Europeo para Habilitadores Estratégicos: un fondo para activos de apoyo y multiplicadores de fuerza que van del transporte estratégico al repostaje en vuelo, la defensa espacial y la ciberdefensa, siempre ‘en cooperación con los Estados miembros’. El comisario Andrius Kubilius lo ha defendido como la pieza que permite que las fuerzas de combate operen de verdad.
La letra pequeña asusta. Desarrollar esos habilitadores podría costar 500.000 millones de euros, cerca de de tres ejercicios completos del presupuesto comunitario. Y ahí empieza la pelea política que Bruselas intenta aplazar: quién paga, con qué deuda y con qué retorno industrial por país.
El borrador añade dos piezas más. Un Protocolo Europeo de Emergencia en materia de seguridad, que Von der Leyen ha vendido como el equivalente comunitario al artículo 4 de la OTAN (el que permite a un aliado pedir consultas cuando se siente amenazado), y un futuro Consejo Europeo de Seguridad con ‘los socios más cercanos’. El protocolo no cuenta con apoyo unánime. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
El flanco híbrido es el más visible. La inversión antidrón se multiplicó por seis entre 2024 y 2025, pero solo un tercio de los programas europeos estará completo en 2030, según el propio documento. Mientras tanto, un dron con explosivos apareció junto a carga ucraniana sensible en un aeropuerto alemán y varios buques comerciales se hundieron en el mar Negro tras ataques con drones.
Ucrania sigue en la agenda con cifras concretas: de su préstamo de 90.000 millones de euros, Kiev prevé canalizar hasta 1.000 millones hacia un programa europeo que acerque su industria a la de los socios, con foco en defensa aérea, drones, antidrones y munición.
El Eje del Poder Europeo
El eje franco-alemán comparte el objetivo de 2030 y discrepa en todo lo demás. París empuja preferencia europea y compras conjuntas que alimenten su base industrial; Berlín, cómodo con el gasto nacional y alérgico a la nueva deuda común, prefiere préstamos. Los frugales —Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca— aceptan instrumentos como SAFE, pero rechazan un fondo permanente sin contrapartidas. Y Polonia y los bálticos, que ya gastan por encima del 4% del PIB, exigen que el dinero se quede en el flanco oriental.
España llega con calendario propio —el 2% del PIB en 2029— y una industria que quiere entrar en las cadenas de valor europeas: Indra en sistemas antidrón, Escribano en estaciones remotas, ITP Aero en motores, Navantia en buques. El riesgo es conocido: cuanto más se centralice la compra en Bruselas, más se concentrará en los campeones de Francia, Alemania e Italia.
La Moncloa mira con cautela el Protocolo de Emergencia. A nadie le disgusta recibir solidaridad por escrito; a muchos les incomoda un mecanismo que pueda activarse sin control nacional. Fuentes diplomáticas consultadas por este medio describen la propuesta como ‘una caja con una etiqueta muy bonita y ningún botón claro’.
Hay precedente, y no es halagüeño. En 1954 la Asamblea Nacional francesa enterró la Comunidad Europea de Defensa, el primer intento de ejército común, no por falta de dinero sino por cesión de soberanía. Setenta años después, la UE discute habilitadores estratégicos con la misma contradicción de fondo: quiere capacidad militar sin transferir la decisión política que la hace posible.
Nuestra lectura es que el problema no es el 418.000 millones, ni siquiera los 500.000 que faltan. Es la agregación. Veintisiete ejércitos, veintisiete catálogos de compras y un continente que sigue adquiriendo por separado lo que dice querer usar junto producen exactamente el resultado que el borrador admite: mucho gasto y poca fuerza.
El calendario no da tregua. El Consejo Europeo de diciembre volverá sobre defensa, la negociación del Marco Financiero Plurianual posterior a 2027 decidirá si existe dinero nuevo y la Agencia Europea de Defensa publicará su próximo informe anual con la misma pregunta sobre la mesa. Si 2030 llega con las cuentas cuadradas y las fuerzas sin integrar, la factura no será presupuestaria.

