El pabellón Virgilio Castilla de Granada atiende ya a más de un centenar de pacientes de salud mental. El antiguo inmueble de la Avenida de Andalucía, a espaldas de la Facultad de Bellas Artes de la UGR, funciona desde mediados de octubre como Centro de Integración y Recuperación de Salud Mental.
No es un edificio más. Son 2.400 metros cuadrados luminosos, rodeados de jardines, patios y bancos, diseñados para que quien entra no sienta que entra en un hospital. La reforma ha buscado exactamente eso: ganar luz natural y espacio asistencial hasta convertir el antiguo pabellón en un entorno más residencial y confortable, un nuevo concepto que aspira a revolucionar la atención sociosanitaria en la provincia.
Un edificio recuperado de 2.400 metros cuadrados junto a Bellas Artes
El pabellón se levanta en la Avenida de Andalucía de Granada, en pleno corazón de la ciudad, a espaldas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada. El inmueble fue cedido en el año 2000 por la Diputación de Granada al Servicio Andaluz de Salud (el SAS, la red sanitaria pública andaluza). Veintiséis años después, la Junta de Andalucía (el gobierno autonómico con sede en Sevilla, competente en sanidad) lo ha recuperado para transformarlo de forma integral.
La actividad asistencial arrancó a mediados de octubre. Desde entonces, más de cien pacientes han pasado ya por sus consultas y sus espacios de terapia, según expuso el vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, durante una visita a las instalaciones.
La puesta en marcha ha sido posible gracias a las obras de rehabilitación, planteadas en cinco fases. Las dos primeras ya están culminadas: incluyen las áreas de los Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario (ETIC) de los hospitales Clínico San Cecilio y Virgen de las Nieves, ambos del SAS, y el traslado de la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental del Clínico San Cecilio, que hasta ahora se ubicaba en Huétor Vega.
Granada reabre un pabellón cedido hace 26 años y lo convierte en un lugar pensado para la recuperación, no solo para contener el síntoma.
El traslado desde Huétor Vega no es un detalle menor. Muchos usuarios del área metropolitana tenían que desplazarse fuera de la capital para recibir rehabilitación; ahora lo hacen dentro de la ciudad, con acceso en transporte público y cerca de sus domicilios. A eso se suma una demanda social creciente que se ha intensificado tras la pandemia de la covid y que empuja a buscar respuestas distintas a las tradicionales.
Terapias en un entorno amable para los colectivos más vulnerables
Los equipos de profesionales de ambos hospitales ofrecen sus terapias en espacios reformados y humanizados, con iluminación natural, zonas verdes, patios y áreas comunes. La idea es sencilla y poderosa a la vez: el espacio también cura. Un banco al sol, un jardín a la vista o una sala con ventanales cambian la disposición de quien acude a una sesión.
Los ETIC aportan un enfoque de acompañamiento cercano, con una atención más humana, accesible y comunitaria. Centran su trabajo en colectivos especialmente vulnerables: jóvenes que sufren una primera experiencia psicótica, personas con problemas de salud mental grave de más evolución pero sin vinculación a la red o con falta de eficacia de los tratamientos y circuitos tradicionales, y personas en riesgo de exclusión social.

La siguiente fase será la Unidad de Rehabilitación de Alta Dependencia, destinada a personas con trastorno mental grave complejo, alta discapacidad, síntomas resistentes al tratamiento, comorbilidad, deterioro cognitivo, trastornos de conducta, carencia de soporte social y dificultad de encaje en los recursos existentes. Es, en la práctica, el escalón más delicado de toda la cadena asistencial.
La Lectura Andaluza
La lectura es clara. El nuevo centro no es solo una reforma: es un cambio de modelo. Andalucía ha ido desplazando el foco desde la hospitalización prolongada hacia el acompañamiento comunitario, y este pabellón es su expresión más visible en la provincia de Granada. El precedente ayuda a entender la escala del giro: el edificio que la Diputación de Granada cedió al SAS en el año 2000 llevaba años esperando un destino y ahora suma 2.400 metros cuadrados de asistencia pública en el centro de la capital.
Para el ciudadano de a pie, el valor está en lo cotidiano. Una familia del Zaidín, de la Chana o de cualquier pueblo del cinturón que acompañaba a un familiar hasta Huétor Vega puede ahora hacerlo dentro de Granada, con menos kilómetros, menos tiempo perdido y menos gasto en desplazamientos. También hay empleo cualificado detrás: psicólogos, enfermeras, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales que refuerzan la plantilla pública de dos áreas hospitalarias completas. Y hay una ganancia menos visible pero igual de real: quien acude a terapia deja de sentirse en un pasillo de hospital.
Queda recorrido. De las cinco fases previstas, tres están aún por delante, y la Unidad de Rehabilitación de Alta Dependencia será la próxima en activarse. La pregunta que sobrevuela es la de siempre en esta tierra: si el modelo funciona, ¿cuánto tarda en replicarse fuera de la capital? Granada ha demostrado con un centenar de pacientes en menos de un mes que la demanda existía y estaba esperando una puerta abierta. Andalucía tiene ahora un argumento más para mirar la salud mental de frente, sin pasillos estrechos ni salas sin luz.

