20 euros de móvil: el origen de la discusión que acabó con la vida de Juana Canal

Un Jurado Popular determinó que Jesús Pradales era culpable del homicidio doloso de Juana Canal, la mujer con la que convivía en 2003 en el madrileño distrito de Ciudad Lineal.

La sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid ha fallado condenar a Pradales por homicidio doloso con agravante de parentesco a 14 años de prisión y pago de costas procesales, además de indemnizaciones a los familiares de la víctima. A su hijo Óscar con 118.000 euros y los hermanos de Juana 22.000 euros a cada uno.

La sentencia recoge lo acontecido la noche del 23 de febrero de 2003 en la casa Juana y Jesús compartían con los hijos de ella. Esa fatídica noche la pareja tuvieron una discusión que motivó la presencia en el domicilio de una patrulla de la Policía Nacional.

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La mujer había llamado a la Policía «manifestando estará siendo agredida por su pareja». Sin embargo, los agentes abandonaron la casa sin tomar ninguna decisión. Como contexto hay que recordar que, en ese momento, febrero de 2003, en España aún no existía una Ley de Violencia de Género. La VIOGEN se aprobaría unos meses más tarde de los hechos. Por ello el agravante de género que en un principio contempló la defensa particular, capitaneada por Juan Manuel Medina de SOSDesaparecidos, no se ha tenido en cuenta en la sentencia condenatoria.

Tras la marcha de la Policía la situación no se calmó en el hogar de Juana Canal. La violencia fue aumentando por parte de Jesús «con la intención de quitarle la vida» a su pareja, según recoge la sentencia.

Cuando comprobó que Juan había fallecido, el condenado «descuartizó su cuerpo, sin que se haya acreditado ni el lugar ni el momento en que se produjo». Posteriormente, «en un momento no determinado de esa madrugada, el acusado se trasladó a la localidad de Navarredondilla (Ávila), donde su familia poseía una finca y, en un apareja próximo a la misma, enterró los restos» de la que era su mujer.

Allí estuvieron durante 16 años cuando fueron hallados de forma casual el 17 de abril de 2019 unos restos. Esto provocó que se realizará una búsqueda más exhaustiva en la zona en octubre de 2022.

UNA RECARGA DE 20 EUROS

Las contradicciones de Jesús Pradales en las distintas declaraciones sobre el asunto han sido parte importante para determinar su culpabilidad. Sobre los hechos de 2003, que confesó en parte ante la Policía en 2022, incurrió en importantes incoherencias. Si bien en un principio afirmó que la famosa discusión de la noche del 23 de febrero de 2003 comenzó «sin ningún motivo» posteriormente llegaría a afirmar que «la discusión comenzó por una recarga de 20 euros del móvil» y que por este motivo ella empezó a discutir y «a bracear e insultarle».

Según su relato, él quiso recoger sus cosas para irse, y ella llamó a la Policía asegurando estar siendo agredida. Tras la visita de los agentes, según Jesús su pareja «se puso más agresiva» e incluso «le cogió las llaves del coche» y «le escondió el móvil y el reloj». Además, según su confesión, cuando bajó con algunas maletas, Juana aprovechó para quitarle 600 euros y encerrarse en el baño. En ese momento ella empezó a agredirle y él se defendió y la apartó con empujón y ella se golpeó con la mesa. Él salió de la habitación y sólo se dio cuenta de su fallecimiento un tiempo después.

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LA TÁCTICA DE DANIEL SANCHO

En otra de sus versiones este mismo hecho, la muerte fortuita, tuvo lugar en el baño y no en la habitación. Según Pradales, fue el miedo, lo que le llevó a descuartizar el cuerpo de Juana una vez comprobó que estaba muerte. En un principio pensó que el que no respondiera era fruto del alcohol que, siempre según sus versiones, Juana ingería habitualmente en grandes cantidades.

Un truco, el del ‘miedo insuperable’ que recuerda inevitablemente a la misma estrategia llevada a cabo por Daniel Sancho para justificar en Tailandia el asesinato y descuartizamiento de Edwin Arrieta. Al chef español no le sirvió como atenuante en el país asiático.

En el caso de Jesús Pradales esta versión de miedo y pánico tampoco convenció ni a la Fiscalía ni al Jurado Popular. Importante en ese sentido fue el testimonio de los agentes encargados de la investigación del caso. «En un plazo de 26 horas, mata a Juana, la descuartiza, la traslada a 170 kilómetros de Madrid, excava dos hoyos profundos, vuelve a Madrid, tira las maletas en varios contenedores, deja una nota manuscrita a sus hijos… Eso no encaja en una persona presa del pánico con miedo insuperable», detalló en el juicio el Inspector Jefe del Grupo de Homicidios de la Comisaría de Policía Judicial.