Los virus se han convertido en un tema recurrente cada vez que hablamos de salud, prevención y bienestar, y no solo porque formen parte de nuestro entorno, sino porque siguen siendo una de las principales amenazas silenciosas para el organismo. En una conversación reciente con el inmunólogo Alfredo Corell, quedó claro que, más allá de los tratamientos o las modas, el verdadero escudo frente a los virus está en un sistema inmunitario que funcione como debe. Y para lograrlo, el estilo de vida, la alimentación, el descanso y el movimiento diario pesan más de lo que solemos imaginar.
En esa misma línea, Corell desgranó cómo operan las defensas del cuerpo y por qué a veces sentimos que enfermamos “de la nada”. Según explicó, la inmunidad se sostiene sobre tres barreras fundamentales que trabajan en conjunto para frenar la entrada de los virus. Lo interesante de su visión es que no se limita a lo clínico, sino que vincula estas barreras con acciones concretas que cualquiera puede adoptar para reforzar su salud. Desde consumir yogur por sus probióticos hasta entender por qué un sueño reparador nos hace menos vulnerables, su enfoque mezcla ciencia y hábitos cotidianos con una claridad que invita a repensarlo todo.
3Cómo influyen el estilo de vida y la tecnología en nuestra inmunidad
Otro de los aspectos reveladores de la conversación fue la relación entre nuestros hábitos modernos y la capacidad del sistema inmunitario para frenar los virus. Corell señaló que el abuso de pantallas, la hiperconectividad y la falta de sueño son factores que debilitan las defensas con más intensidad de la que solemos asumir. La activación constante del cerebro, la exposición a la luz azul y los horarios irregulares terminan afectando el equilibrio hormonal y, con ello, la respuesta inmunitaria.
También subrayó que la edad y el género influyen en cómo reacciona el organismo frente a los virus, pero insistió en que los hábitos pueden compensar muchas de esas diferencias. Dormir bien, realizar actividad física moderada y gestionar adecuadamente el estrés son pilares que no requieren grandes inversiones ni productos milagro, sino constancia. En sus palabras, la prevención no es un truco mágico, sino una construcción diaria donde pequeñas acciones marcan una gran diferencia.


